Los Editores, profesores Dres. Ignacio Miguel Musé, Alberto Viola Alles y Graciela Sabini finalizaron una obra que llevó más de dos años de elaboración, con el lema: Un puente entre los conocimientos, creencias, actitudes y prácticas del especialista oncólogo y el médico general.
A través de 548 páginas, 37 autores, 21 colaboradores y 10 asesores, del mayor nivel nacional e internacional, han volcado sus conocimientos y experiencias para reunir, de forma práctica y sencilla, los conocimientos más actuales en materia de diagnóstico, tratamiento, pronóstico y seguimiento de los pacientes oncológicos de las principales localizaciones.
Esta obra orientada al médico general, a quien se dedica en cualquier parte del país al primer nivel de atención, pero también al colega que realiza un enfoque desde cualquier disciplina no oncológica, es una ayuda imprescindible, que seguramente se seguirá de otras actualizaciones periódicas y nuevos aportes. Se trata de una guía para encarar con criterios clínicos modernos y de acuerdo a los resultados que hoy pueden obtenerse, gracias al progreso científico y tecnológico, pero sobre todo a la experticia clínica, el tratamiento exitoso de nuestra segunda causa de muerte.
Empleando el criterio de un acertado diagnóstico, la sospecha precoz, la realización de exámenes adecuados, todo ello presidido por una concepción esencialmente clínica y de aproximación al paciente y su familia, en un tiempo en que los conocimientos han producido avances sorprendentes, que modifican sustancialmente resultados, calidades de vida, curaciones, y cuando ello no es posible, las mejores medidas paliativas.
Tres objetivos se fijaron los autores, para encarar este proyecto, en la era de la información y el acceso más amplio al conocimiento científico. El primero, se procuró limitar el desarrollo de los aspectos básicos, moleculares, genéticos, patogénicos, farmacológicos, por estar los mismos específicamente contemplados en otra publicación. El segundo, acotar las consideraciones sobre tratamientos altamente especializados, por ser ellos de competencia del especialista, circunscribiendo en el texto la información a elementos conceptuales de conducta terapéutica, con énfasis en la integración ordenada de los recursos disponibles. El tercero, la pretensión de volcar experiencia en el manejo clínico práctico de las situaciones analizadas, tratando de trasmitir, equilibradamente, información y vivencias, como forma de enriquecer los contenidos y su vigencia.
La presentación es ágil y docente, con una exposición breve y jerarquizada, seguida de preguntas y respuestas para aclarar puntos polémicos o profundizar algunos temas de particular interés. En algunos capítulos se agrega la colaboración de destacados especialistas nacionales y extranjeros, a modo de comentario editorial.
Un enfoque hacia la educación y prevención
En el primer capítulo, “El Clínico frente al Cáncer”, podemos leer: “Frente a la problemática general del cáncer es fundamental desarrollar, dentro del equipo de salud, una actitud educacional y preventiva, tendiente a la promoción de salud con proyección a nivel poblacional. El rol modélico que la sociedad le asigna a cada uno de sus integrantes puede facilitar notoriamente estas acciones, o interferirlas muy negativamente si las mismas no se asumen responsablemente. Merecen privilegiarse la estimulación de hábitos saludables, la lucha contra las adicciones, en particular el tabaquismo, y la consulta médica periódica con criterio de diagnóstico oportuno. Al médico general le corresponde un lugar protagónico en todas estas acciones, por estar ubicado siempre en la primera línea de la consulta médica. La difusión, a nivel poblacional, de una serie de síntomas y signos, llamados de alerta que se presentan en el primer cuadro, constituye un auxiliar suplementario, aún cuando habitualmente ellos no traducen afecciones en etapas tempranas” (Dr. Ignacio Miguel Musé, pág. 19). A continuación se enumeran sencillamente las siete señales de alerta:
- Cambios en el funcionamiento habitual de intestino o vejiga
- Indigestión o dificultades al tragar
- Durezas o abultamientos en las mamas o en otra parte del cuerpo
- Tos o ronquera persistente
- Una herida o llaga que no cicatriza
- Cambios en manchas de la piel, verrugas, lunares
- Pérdida anormal de sangre o flujo
El médico y la muerte
En una publicación que abarca la mayoría de las localizaciones neoplásicas, con un criterio moderno, docente y práctico, es estimulante encontrar un capítulo sobre el encuentro del Médico y la Muerte. De allí rescatamos algunos párrafos: “…El médico –por oficio – no sólo tiene que lidiar con las peripecias del propio morir, sino que – por imperativo ético de la profesión – tiene que reconocer la variedad de reacciones que la diversidad humana produce ante el mismo hecho. Reconocer y acoger la heterogeneidad y no imponer una sola impronta de sensibilidad e ideología, debería ser uno de los signos distintivos de nuestra idoneidad profesional. La secularización de la cultura, (la declinación de la religión desde el iluminismo), el impresionante progreso de la medicina y de la expectativa de vida al nacer, han llevado a la creencia fetichista de que la enfermedad siempre se puede combatir y el desenlace se puede postergar. Este escenario actual contrasta con las descripciones de Philippe Aries hasta el siglo XIX, donde la vecindad de las Parcas impregnaba la vida cotidiana y propiciaba la organización de rituales de acompañamiento del tránsito hacia la muerte, como hecho frecuente y ordinario de la vida social y doméstica. Hoy, la compartimentación burocrática del espacio comunitario ha asignado esta función a los equipos especializados en tratamientos paliativos y en instituciones para enfermos terminales.
La muerte ha perdido su lugar protagónico y central en la vida social, y es un hecho accesorio y fugaz, un evento más en el acontecer vertiginoso de la vida moderna. Al tránsito solemne hacia la muerte, lo sustituye la visita rápida al velatorio, como un punto más de una nutrida agenda. Pocos mueren en sus casas, acompañados por quienes lo lloran; hay lugares asignados para el moribundo y para el cadáver. La aseptización de la muerte, opina Manuel Castells, un momento fugaz de nuestra vida acelerada. En este telegráfico esquema de mentalidad colectiva, se inscribe la peripecia individual del cómo vamos a morir.
A juzgar por el ejercicio de juristas que se ocupan – con razón o no – de los juicios de malapraxis médica, la duda de si el médico es el tratante o el causante de la muerte, es otra de las creencias que atraviesan la mentalidad del mundo actual.
En este marco público, del que procuro dar un pantallazo somero, se recortan los casos singulares, diferentes unos de otros, en una serie que se debe contar uno por uno, que se tramitan en la intimidad y son por ende singulares. Allí, en la esfera privada, se juegan los encuentros y desencuentros entre el muriente y su familia y el médico o equipo tratante" (Dr. Marcelo Viñar, pág. 460).
Se trata de una obra de riqueza singular, de imprescindible lectura, para situarnos adecuadamente en el contexto de la Medicina de nuestra época, con sus constantes avances, y la permanente vigencia de la Clínica, la que se rescata como esencial, en todas sus manifestaciones.
La obra ha sido posible gracias a la actividad permanente de la Comisión Honoraria de la Lucha contra el Cáncer.