Cuando un paciente con una cirugía cardíaca sufre un nuevo ataque coronario, la mayoría de las veces podría ser tratado con medicación convencional. Sin embargo, los médicos recurren a la angioplastia con más frecuencia en los casos "menos" severos, que en los enfermos más graves.
Así lo muestra un estudio conducido por el doctor Enrique Gurfinkel, jefe de las unidades Coronaria y Dolor Torácico de la Fundación Favaloro. Su equipo revisó 44.991 casos incluidos en el Registro Global de Síndromes Coronarios Agudos (GRACE, su sigla en inglés), una gigantesca base de datos proporcionados por 44 países (ver Un registro...). Los investigadores se centraron en el tratamiento y la evolución de los 3.853 pacientes con bypass coronario que debieron ser internados por un nuevo ataque.
Se calcula que aproximadamente el 30% de los pacientes hospitalizados por un segundo ataque cardíaco ha sido sometido anteriormente a una cirugía. "En cardiología hay un dogma: que todo enfermo con un bypass coronario que vuelve a internarse por otro ataque cardíaco, debe ser nuevamente intervenido. Lo que hicimos fue desafiar el dogma para ver si era cierto", explica el médico.
Su equipo analizó qué pacientes habían sido tratados en forma invasiva —es decir, con una angioplastia—, y cuáles habían recibido un tratamiento médico convencional. Al mismo tiempo, se evaluó cómo habían evolucionado durante los seis meses subsiguientes.
"Es la primera documentación que nos enseña que, salvo los enfermos muy graves, la gran mayoría de los pacientes —en todo el mundo— puede ser tratada de la forma menos agresiva en el momento en que se reinterna", destaca Gurfinkel.
Los investigadores descubrieron una cierta contradicción: los pacientes relativamente menos graves suelen ser sometidos a una angioplastia de urgencia —lo que implica un aumento superfluo de gastos médicos y hospitalarios—; mientras que los más ancianos, pese a estar en mayor riesgo, son tratados de manera no invasiva.
"Justamente la gente que más lo necesitaba, en muchos casos debería haber sido enviada a un centro de mayor complejidad. Otras veces, teniendo facilidades en su hospital, los médicos no se animan a hacer la intervención", señala el cardiólogo. Lo atribuye a la inseguridad y a la falta de información académica y científica acerca de cómo tratar a las personas añosas y con enfermedades concomitantes, debido a que habi tualmente los laboratorios las excluyen de los estudios clínicos.
Los especialistas descubrieron otra cuestión a corregir. Entre los pacientes tratados de manera más conservadora, o sea sólo con drogas, se registraron menos muertes durante los seis meses posteriores a la hospitalización. Pasado ese lapso, "si se continúa con esta modalidad, si no se analiza al paciente en el curso del tiempo, la tendencia se revierte —observa el cardiólogo—. Al principio, las cosas van bien, pero después se derrumban".
El equipo notó además que entre los enfermos que habían sido revascularizados con angioplastia hubo una tasa mayor de reinternación.
"Esto nos enseña que no en todos los casos es imperioso hacer todo lo posible en el mismo momento —sintetiza Gurfinkel—. Cuando se reinterna un paciente con esos antecedentes, uno puede estabilizarlo y controlarlo con medicamentos, y demorar las prácticas más agresivas para más adelante".
"No todos los pacientes con cirugía previa tienen que ser tratados muy agresivamente —continúa—. Hay que analizarlos con cuidado: quizá requieran una nueva intervención, pero no todos, ni de golpe; muchas veces, la muerte sobreviene como consecuencia de darle todo el 'combo' médico".
"Se rompió un dogma, que nunca estuvo bajo una evidencia sólida —concluye Gurfinkel—. Ahora hay que empezar a ver cómo se resuelve, ya que tenemos un nuevo paradigma, porque la pirámide poblacional va cambiando".
Un registro mundial y vital
El GRACE es el registro más grande del mundo sobre enfermedades coronarias. Se inició en 1999 con 14 países —incluida la Argentina—, a los que ahora se sumaron otros 30. Reúne información sobre hospitales públicos y privados de todo tipo —tanto los de excelencia como los de baja complejidad, incluidos centros de salud barriales—, en naciones altamente industrializadas como en desarrollo.
"Permite ver lo que está ocurriendo en la vida real, no lo que dicen los estudios clínicos, cuyos participantes son seleccionados —comenta el doctor Enrique Gurfinkel—. Los pacientes de más edad son excluidos, porque los laboratorios buscan que los estudios les den bien".
El médico señala que en cardiología "está apareciendo una especialidad, que es atender a la gente más añosa, que con más de 80 años debe ser reinternada y ya ha sido sometida antes a cirugía".
