Por Martin De Ambrosio
Experiencia. Brasesco lleva realizadas más de 2.000 cirugías bariátricas. Muchas en EE.UU.
Seis mujeres y cuatro hombres serán los primeros diabéticos del mundo que entrarán a un quirófano con la esperanza de salir de allí curados. Formarán parte de un novedoso protocolo, “único en el mundo”, según describió a PERFIL Oscar Brasesco, líder del grupo de 30 especialistas que encara el proyecto.
La operación a la que serán sometidos no es nueva, pero sí lo es el uso que se le dará. El by pass gástrico (como el que se hizo Diego Maradona para adelgazar) es una técnica que hasta ahora sólo estaba indicada para obesos cuyo exceso de peso implicara un grave riesgo para su vida (“mórbidos”), y consiste en una reducción del 95% del estómago y el establecimiento de un puente para saltear una parte importante del intestino.
Pero a Brasesco se le ocurrió la idea de operar a pacientes con diabetes tipo II con un sobrepeso moderado (obesos no mórbidos), luego de advertir que los pacientes a los que había operado evidenciaban importantísimos descensos de los niveles de azúcar en la sangre.
“Llevo unas 2.000 operaciones de este tipo; el 60% de ellas en personas diabéticas. Y todas se curaron o mejoraron radicalmente de su diabetes. Por eso suponemos que en pacientes no tan obesos estos resultados serán equiparables”, indicó. El entusiasmo del médico cordobés de la Universidad Austral y la Fundación Favaloro no termina ahí: “Somos los primeros del mundo en proponer este tipo de solución para la diabetes, y estamos seguros de que será una verdadera revolución”, dijo.
En una primera etapa, el experto va a operar a personas con un exceso de peso entre leve y moderado (con una masa corporal –el peso dividido la estatura al cuadrado– de entre 30 y 35; los valores normales van de 18 a 25). Pero su idea es bajar progresivamente ese número hasta lograr que sea una terapia establecida para cualquier persona con diabetes tipo II. Aunque sea flaca.
¿Cuál es la clave del éxito de esta operación? “Al dejar sin funciones a buena parte del estómago y el intestino, se reducen los niveles de glucemia en la sangre porque se excluye al duodeno (porción del intestino delgado) del proceso digestivo y se logra una mayor estimulación de ciertas hormonas, como la GLP1, que a su vez activa a las células beta del páncreas, en definitiva las encargadas de la producción de la insulina”, explicó Brasesco
Precaución. Entre fuertes cuestionamientos y expectativas moderadas se divide la opinión de los especialistas en diabetes –ninguno de ellos es cirujano– sobre la posibilidad de curar definitivamente la enfermedad, como asegura Brasesco. En el bando de los más duros se encuentra Maximino Ruiz, jefe de Diabetología del Hospital de Clínicas, para quien se trata de un experimento sin el debido rigor y con la búsqueda de rédito económico antes que de genuino interés científico. “No es serio plantear la posibilidad de una cura definitiva”, le dijo a este diario. “Ya lo hemos discutido en congresos y encuentros y siempre defiendo la postura de que lo que experimentan los pacientes a los que se les practica un by pass gástrico son reducciones momentáneas de la glucemia”, se enojó.
Apenas un poco más moderado, León Litwak, jefe de la Sección Diabetes y Metabolismo del servicio de Endocrinología y Medicina Nuclear del Hospital Italiano, señaló que “como científico” lo que se debe hacer es esperar los resultados de los estudios. Pero agregó que está seguro de que “hablar de curación definitiva es una exageración”.
Por su parte, Félix Puchulu, especialista del Hospital de Clínicas, indicó que “se trata de una cirugía que no es tan inocente: se achica el estómago, algo que no tiene retorno, a diferencia de la banda gástrica que sí se puede retirar”. Puchulu estaba en Villa La Angostura en un workshop sobre insulina y, a pedido de PERFIL, consultó a sus colegas y luego ofreció un resumen de las posiciones. Para ellos es preocupante el uso de la palabra “curación”, algo difícil de lograr tratándose de una enfermedad como la diabetes. Y enfatizaron que hay que ver por cuánto tiempo se “cura”. “En síntesis –resumió Puchulu–, a todos nos gustaría ver los resultados del protocolo, pero ninguno le recomendaría a un paciente propio la realización de esta cirugía.”
Sin embargo, para muchas personas se trata de una esperanza y confían en Brasesco (ver recuadro), quien asegura que “los parámetros de selección de pacientes serán muy estrictos y cuando la cirugía implique riesgo serán excluidos del protocolo”.
“Si comprobamos lo que pensamos, que la diabetes remite o mejora con la operación, el beneficio para los pacientes será enorme porque ser diabético condiciona a tener una mala expectativa de vida y complicaciones graves, como insuficiencia renal. Es una enfermedad muy seria. Creo que vale la pena intentarlo”, concluyó.
De protocolos y ética
En la semana en que los protocolos de investigación médica estuvieron en boca de todos por el caso del paciente que murió en el Hospital Fernández, Brasesco se vio obligado a explicar claramente los alcances de su proyecto. “El nuestro es un protocolo estrictamente científico, sin ningún interés económico: no nos subsidian ni laboratorios ni tenemos como sponsors a empresas que venden instrumental de ningún tipo”, se defendió. “En general, muchos de estos ensayos se hacen primero en la Argentina o en otros países no desarrollados porque es más barato, pero no es nuestro caso”, aclaró.
El médico explicó también que su método fue aprobado por los comités de ética de la Fundación Favaloro, del Hospital Universitario Austral y de la Cleveland Clinic de los Estados Unidos. A esa misma clínica norteamericana, donde trabajó durante largo tiempo René Favaloro, irán los argentinos a mostrar sus resultados en febrero próximo.
Experiencias en primera persona
Iris Cabrera es una escribana de 40 años que vive en Ituzaingó, Corrientes. Hasta hace dos años tenía un exceso de peso que ponía en riesgo su vida. “Llegué a pesar 127 kilos y con mi 1,57 metro de altura no era muy elegante que digamos”, dijo en conversación telefónica con PERFIL. Entonces Cabrera se sometió a una cirugía bariátrica a cargo de Oscar Brasesco. “Estaba convencida de que el by pass era lo que me iba a salvar”, agregó. La mujer no sólo logró bajar unos 60 kilos, sino que además fue una de las que sorprendieron a sus médicos por la mejoría en sus niveles de azúcar en sangre. Ella, que viene de una familia de padres y abuelos con diabetes, logró normalizar sus valores. Ya no tiene que tomar ni suplementos vitamínicos, aseguró. “Ahora soy feliz, y hasta le recomendé la cirugía a mi hermana, quien también se la hizo y bajó 53 kilos.” Y añadió: “Mi cambio es tan grande que es como si mi marido hubiera cambiado de mujer”, se rió Cabrera del otro lado de la línea. “Mis hijas de 15 y 13 años me dicen que deje de bajar de peso, pero yo les digo a ellas que se cuiden porque pertenecen a una familia donde todos son diabéticos”, insistió.
Próximo. Sergio Aldama tiene 40 años, vive en Cañuelas y será uno de los diez pacientes que participarán del protocolo de Brasesco. Le descubrieron diabetes hace dos años. “Tengo esperanza de que esto ponga fin a mi enfermedad y poder empezar a llevar una vida normal como antes de la diabetes. Veo los casos en el hospital donde trabajo como enfermero, veo amputaciones, ceguera, pacientes que tienen que ser dializados, y me preocupa bastante llegar a ese futuro.”
A Aldama, que tiene unos 20 kilos de sobrepeso, no le asusta pasar por el quirófano ni las limitaciones alimenticias que tendrá luego del by pass. Es que ya está empezando a sentir consecuencias de la diabetes, como cansancio, cierta reducción de la visión y manchas en las piernas por una deficiente circulación. “Tengo muchas esperanzas”, aseguró.