Noticias médicas

/ Publicado el 3 de noviembre de 2007

Un fenómeno que aumenta cada año

Argentinos: gastan casi US$ 2 millones contra la andropausia

Crecen las consultas y el uso de geles e inyecciones por la caída de testosterona.

A Eduardo Kremenchutzky siempre le gustó correr. A ese hobby dedicaba tres horas diarias, cinco veces a la semana, hasta que cumplió 48 años. Entonces, comenzó a notar que cada vez le costaba más entrenarse.

“Primero no llegaba a correr 20 kilómetros, después no llegaba a los 15, y después a los 12 –recuerda hoy este médico de 52 años–. Me notaba cada vez más desganado; me decían que me estaba poniendo viejo, pero no era eso, yo sabía que algo andaba mal. Si uno toda la vida hizo deporte no tiene por qué, a los 50, irse al tacho, ¿no?”

Eduardo consultó a varios médicos, se hizo análisis de todo tipo, y nada, los estudios no decían nada, recuerda. “Un día escuché en la radio a un médico hablando sobre andropausia –cuenta–. Fui a verlo, me pidió un análisis y me encontró niveles de testosterona muy bajos.”

En la Argentina, la consulta masculina relacionada con los trastornos asociados a la caída de la testosterona –depresión, insomnio, disfunción sexual, trastornos del humor, merma de la actividad muscular, entre otros– está en aumento, coinciden los especialistas.

Según fuentes de la industria farmacéutica, los argentinos gastan casi dos millones de dólares al año en geles e inyecciones de testosterona, y se espera que ese gasto crezca 10% entre 2007 y 2008.

Pero ¿en qué consiste esta suerte de menopausia masculina? "El climaterio masculino, también conocido como andropausia, comienza más o menos a los 50 años y se caracteriza por un descenso de los niveles de testosterona", explica el doctor Santiago Brugo Olmedo, andrólogo y director médico del instituto Seremas, que acaba de publicar el libro La desesperación de Adán (Ed. Atlántida, 2007).

A diferencia de la menopausia, que de golpe deja a la mujer sin estrógenos, en los varones la caída de la testosterona es gradual, e incluso muchas veces es imperceptible. A los 50 años, sólo el 10% experimenta algún síntoma de esa caída; a los 70, éstos se hacen presentes ya en el 30 por ciento.

"El leve declive de los niveles de testosterona es fisiológico, pero cuando cae por debajo de niveles normales puede convertirse en un problema médico", dice el doctor Eberhard Nieschlag, director del Instituto de Medicina Reproductiva de la Universidad de Münster, Alemania, que disertó en el V Congreso Argentino de Andrología, que se realizó días atrás en Buenos Aires.

"No tratamos únicamente los síntomas; tampoco tratamos sólo la falta de testosterona -precisa Nieschlag-. Para indicar un tratamiento es necesaria la presencia de síntomas y de falta de testosterona, y además hay que excluir primero otras enfermedades que puedan estar causando el déficit de testosterona."

El tratamiento al que se refiere este experto andrólogo alemán no es otra cosa que una terapia de reemplazo hormonal, en este caso, de testosterona. "Las opciones disponibles en la Argentina son geles que se colocan en la piel o inyecciones intramusculares de testosterona; la más reciente novedad es una inyección que se aplica una vez cada 3 meses", comenta el doctor Alberto Nagelberg, secretario de la Sociedad Argentina de Andrología.

Viagra y después

"En general, el varón es muy reacio a la consulta", afirma el doctor Nagelberg. Su colega Brugo Olmedo coincide: "A diferencia de la mujer, que consulta al médico en forma preventiva, eso en el varón no existe; es como los bomberos, siempre llega a último momento...".

Del amplio abanico de síntomas a que puede dar lugar la caída de los niveles de testosterona que ocurre con los años, el que suele ser el punto de partida para el diagnóstico del hipogonadismo (así llaman los médicos al trastorno causado por la falta de testosterona) es la disfunción sexual.

"Muchas veces, el varón que tiende a automedicarse toma Viagra, y si no funciona bien, entonces cae en la consulta", dice Nagelberg. Otras veces es la mujer la que le pregunta a su propio médico si "eso" que le pasa a su marido -mal humor, insomnio, cansancio, disfunción sexual, por ejemplo- no puede ser algo llamado andropausia, de lo que oyó hablar en la televisión o en la radio, o sobre lo que leyó en alguna revista.

"Si el médico le dice que sí, entonces le dice a su marido que vaya al médico", cuenta Nagelberg. Pero cualquiera que sea el motivo que acerca a los varones argentinos al consultorio del andrólogo, lo cierto es que esa consulta va en aumento.

"Ha crecido una barbaridad en los últimos 3 años -asegura Brugo Olmedo-. La aparición del Viagra años atrás creó una expectativa en los varones, que empezaron a tomar conciencia de que muchos de los problemas asociados a la vejez pueden tener solución."

Ese es el caso de Eduardo, que a poco más de un año de haber comenzado un tratamiento de reemplazo de testosterona volvió a disfrutar de su deporte favorito.

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

Enfermedad o edad  

Fuera de la andrología, que es la especialidad que estudia la vida sexual y reproductiva masculina, el considerar el declive de la testosterona que ocurre con los años como una enfermedad ha sido algo muchas veces criticado. ¿Es una enfermedad o es sólo el paso de los años? "La deficiencia de testosterona es un conjunto de síntomas y signos clínicos determinado por el envejecimiento normal -responde el doctor Alberto Nagelberg-. Desarrollar presbicia con la edad también es normal, pero uno usa anteojos porque, si no, no podría ver bien. Hay muchas cosas que ocurren con la edad y que pueden ser corregidas."