En concreto, la nueva ley holandesa permite a los médicos practicar la eutanasia a condición de que "tengan la convicción" de que se trata de una petición manifestada por el paciente "después de una profunda reflexión", de que el mismo se encuentre en una situación médica terminal -"sin perspectivas de mejora", dice el texto- y "padezca sufrimientos insoportables".
Asimismo, la normativa estipula la obligación de que el médico consulte, al menos, a otro facultativo a fin de obtener un diagnóstico independiente.
Cada eutanasia practicada deberá ser notificada a una comisión compuesta por un jurista, un médico y un especialista en ética, quienes deberán velar por el cumplimiento de los criterios señalados por la ley para practicar la eutanasia. En caso contrario, la comisión entregará sus conclusiones a la justicia, que puede iniciar un procedimiento judicial contra el médico, advierte la norma.
Respecto a los riesgos de "banalización" evocados por el Comité de Derechos Humanos de la UNU, Dick Willems, experto holandés en cuestiones éticas, recordó que los médicos "siguen considerando la eutanasia como un acto difícil" que practican únicamente cuando están íntimamente convencidos de que no puede hacerse ninguna otra cosa".
Pese a las numerosas críticas vertidas desde el extranjero, la ley es ampliamente respaldada por la sociedad holandesa, particularmente en el sector médico, que insiste en señalar que la eutanasia es practicada a menudo en otros países, pero de forma clandestina, lo que impide la reglamentación de su actividad.
Asimismo, y frente a la percepción errónea de muchos pacientes que ven en la ley un texto que les da total derecho a la eutanasia, los médicos recuerdan que antes deben proponer todas las soluciones terapéuticas posibles y señalan que, paradójicamente, una de las consecuencias de la ley podría ser permitir una "reflexión más profunda sobre las posibilidades de tratamientos paliativos existentes.
No obstante, la entrada en vigor de la nueva ley no puso fin al debate respecto a las nociones de "sufrimiento insoportable" y "sin perspectivas de mejora", debatidas en el marco de un reciente caso judicial que planteó si el "cansancio de vivir" podía considerarse como tal. En fallo pronunciado el pasado 6 de diciembre, el tribunal de apelaciones de Ámsterdam sentó jurisprudencia denegando la citada consideración.
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