En el primer mundo, solamente entre el 7 y el 10% de las personas que se encuentran en plan de espera para cirugía de trasplante, llegan a completar el procedimiento al obtener un donante. Las evidencias indican, que la curva de donantes en el mundo no solo no ha aumentado, sino que tiende a declinar. Una vez trasplantado, el paciente tiene menos de 60% de posibilidades de alcanzar los 10 años de vida y esto con una calidad de vida que, si bien es inconmensurablemente mejor que antes de la cirugía, dista bastante de ser satisfactoria. El trasplante cardíaco luego del gran avance que experimentó con la ciclosporina, ha progresado poco en los últimos 15 años. Por su parte, el heteroinjerto continúa en etapa experimental.
Los dispositivos de asistencia mecánica para el ventrículo izquierdo (AMVI) han evolucionado mucho a través del tiempo, concretamente a partir de 1984 cuando se diseñó el Novacor y se lo aplicó por primera vez a un humano. Los mayores progresos se han llevado a cabo con la simplificación de la fuente de energía y el material del tubo que conecta el aparato con el ventrículo izquierdo. La AMVI constituye un puente hacia el trasplante y ha salvado vidas de muchas personas que tuvieron que esperar meses e incluso años hasta la llegada del donante. Un aspecto singular, es que muchos pacientes mejoran su función ventricular luego de un período de tiempo con AMVI, pudiendo llegar a prescindir del mismo y postergar la decisión del trasplante.
Por todas estas razones, persiste una gran expectativa en el futuro de la AMVI. En este artículo se dan una serie de pautas sobre su indicación y cual es el paciente que más puede beneficiarse con su empleo. Participan en esta evaluación 12 centros de primer nivel no solo en trasplantes sino en atención médica en general, lo que otorga particular jerarquía a los resultados que se exponen.
Dr. Ricardo Ferreira, médico cardiólogo