“No podríamos vivir sin ansiedad, porque es nuestro GPS que nos muestra qué es peligroso y qué no. El gran problema es cuando se desborda”, señaló el psiquiatra Miguel Ekizian durante una entrevista en el programa A Ciencia Cierta, en la que profundizó sobre este tema y también sobre la depresión, dos cuadros que crecieron exponencialmente tras la pandemia de Covid-19.
En concreto, el médico explicó que “cuando la ansiedad se vuelve patológica, es ingobernable, aparece de manera involuntaria y altera circuitos neurobiológicos. Es en ese momento cuando comienzan las manifestaciones clínicas”. A modo de ejemplo, Ekizian enumeró distintos tipos de ansiedad:
• Ansiedad anticipatoria (trastorno de ansiedad generalizado). Ocurre cuando una persona se sobresalta antes de recibir una noticia. “Por ejemplo, si llega un mail de una agencia tributaria, antes de abrirlo puede pensar que está en problemas, cuando en realidad puede tratarse solo de una comunicación”.
• Ansiedad panicosa. “Este tipo de cuadro, que creció mucho entre los jóvenes, ocurre porque vivimos ‘extorsionando’ al cerebro al pedirle que haga muchas cosas a la vez, como comer mientras miramos el celular. En un momento, ante tanta exigencia, el cerebro nos dice: ‘no aguanto más’”.
• Ansiedad social. “Antes se la llamaba fobia social. Requiere terapia específica y se obtienen muy buenos resultados con medicación”.
Desde el punto de vista biológico, el especialista explicó que la ansiedad está regulada por la serotonina y que, cuando este neurotransmisor se agota, se pierde el equilibrio neuroquímico cerebral. Sin embargo, destacó que existen acciones cotidianas que ayudan a mejorar sus niveles, como llevar una alimentación saludable —por ejemplo, la dieta mediterránea—, realizar ejercicio aeróbico (con caminatas de 45 minutos es suficiente) y sumar la espiritualidad, entendida como el aprendizaje de la compasión, el pedido de perdón y la comunión con el otro.
“La asertividad —un concepto que proviene de la psicología pragmática de Estados Unidos y que propone aprender a decir las cosas sin herir, pero sin guardárselas— demostró eficacia para mejorar las dinámicas familiares y laborales y, por consiguiente, reducir los niveles de ansiedad”, remarcó.
Ekizian también se refirió a la depresión y, como primera diferencia, aclaró que estar triste no es lo mismo que estar deprimido. “La tristeza es un sentimiento; la depresión es una patología, en la que existe rumiación y una interacción cada vez menor con un entorno que no siempre comprende”, explicó. Y agregó que muchas veces se le dice a una persona con depresión “mirá las cosas buenas”, sin advertir que quien atraviesa ese cuadro ya las ve y aun así se siente mal, porque hay un componente orgánico, con déficit de dopamina y serotonina, entre otros factores.
Además, señaló que la depresión suele estar asociada a la irascibilidad. “La depresión es el subsuelo y la irritabilidad crónica es el entrepiso que me lleva a ese subsuelo. Si una persona está muy irritada, es muy probable que, por su naturaleza, esté evitando enfrentarse a una depresión”.
La buena noticia, subrayó, es que la ciencia desarrolló alternativas farmacológicas eficaces para tratar estos cuadros. No obstante, el médico lamentó que “todavía existe prejuicio a la hora de ir al psiquiatra”. Por eso, recomendó no tener temor a pedir ayuda y erradicar estigmas, ya que el 90 % de las consultas actuales están relacionadas con ansiedad y depresión, problemas de pareja y otras cuestiones humanas que atraviesan a todas las personas.