Se sabe: el ideal epidemiológico para lograr inmunidad de rebaño requiere de al menos el 95 % de la población inmunizada. Así y todo, cuando en 2020 la OMS lanzó la “Estrategia Mundial para la Eliminación del Cáncer Cervical” se planteó como meta programática que en el caso de la vacunación contra el virus de papiloma humano (VPH) alcanzaría “el 90 % de las niñas menores de 15 años”. Un dato extra, al que volveremos: a esa estrategia se fueron sumando los varones menores de 15 en forma gradual entre 2016 y 2023, según el país… La OMS estima que, si se alcanzan las metas globales de vacunación y tamizaje, el cáncer cérvicouterino (CCU) podría eliminarse como problema de salud pública; más concretamente, algunos países podrían conseguirlo hacia 2040-2050, y la eliminación global se alcanzaría alrededor de 2100. Sin embargo, solo un país en el mundo, Australia, está cerca de lograrlo, es decir, alcanzar una tasa de menos de 4 casos por 100.000 mujeres: modelos publicados en The Lancet Public Health estiman que en 2035 (¡solo 9 años!) se podrá hablar de eliminación formal…
Volvamos a la mirada global, e insistamos: la herramienta más eficaz para lograrlo, la vacuna, existe desde hace 20 años; según OPS previene el 70 % de los casos y está disponible en 48 de los 51 países y territorios de las Américas. Pero lo cierto es que el CCU sigue cobrándose vidas: también según OPS, en la región se diagnostican por año más de 72.000 nuevos casos, y se estima que, también anualmente, 36.797 mujeres fallecen a causa de esta enfermedad. Si hacemos foco ahora en América Latina, uno de los problemas es que la cobertura es desigual y está lejos de lo deseado: según el reporte actualizado a 2026 de OPS, para la primera dosis ronda el 70 %, bastante por debajo del objetivo. Y hay otro “problema”: aunque existe una nueva versión que protege del 90 % de los tipos más riesgosos, solo algunos pocos países, como Chile, México, Colombia y Brasil, han comenzado a incorporarla en sus programas. Cuestión de costos, que le dicen…
Con una dosis basta |
El esquema original, cuando se introdujo la vacuna, fue de tres dosis, que se aplicaron exclusivamente en niñas adolescentes (menores de 15, y preferentemente, a los 11 años). La edad no es un dato menor: se busca que sea antes de que tengan el primer contacto con el virus, lo que suele ocurrir al iniciar la vida sexual, de modo que el organismo tenga defensas cuando se produzca la exposición. Además, entre los 9 y 14 años la respuesta inmunitaria es más fuerte, lo que aumenta la eficacia. Con el tiempo, la evidencia mostró que dos dosis generaban una respuesta inmunitaria similar en menores de 15 años, por lo que se limitó las tres dosis solo a personas inmunocomprometidas. Y más recientemente, otros estudios de eficacia y duración de la protección avalaron la aplicación de una sola dosis, especialmente en mujeres de 9 a 14 años; ello permite simplificar la logística, reducir costos y aumentar cobertura. En paralelo, como “anunciamos” más arriba, varios países decidieron incluir a los varones de ese mismo grupo etario, no solo para reducir la transmisión del virus en la población general —lo que fortalece la inmunidad colectiva— sino también para prevenir otros cánceres asociados al VPH, como los orofaríngeos, de ano y de pene.
El panorama en LATAM, de peor a mejor… |
Como casi siempre ocurre, la situación no es homogénea (la disponibilidad de datos, tampoco), pero globalmente, “muy pocos países alcanzan tasas de vacunación superiores al 80%, mientras que otros se mantienen por debajo del 10%”, señalaba la OMS en su Informe de resultados 2024-2025. En concreto, países como Perú y Chile muestran coberturas altas; Ecuador y Argentina permanecen rezagados, y Colombia y México están reconstruyendo la protección.
Ecuador: “La cobertura de vacunación contra el VPH en Ecuador (35,6 % primera dosis; 17,3 % completa) es la más baja de América Latina”, advertía en 2025 una investigación disponible en la National Library of Medicine con el microbiólogo José Daniel Sánchez Redrobán como primer autor. Señala el paper: “Las inequidades estructurales, una profunda incompatibilidad genotípica con la vacuna tetravalente circulante (prevalencia de VPH 58/31/52) y la implementación fragmentada perpetúan esta crisis de salud pública”, y agrega que, además, “el modelo nacional basado en centros de salud no logra llegar a las poblaciones vulnerables, un problema exacerbado por deficiencias críticas en la cadena de frío en el 30% de las instalaciones”.
· Argentina: los datos oficiales de 2024 del Ministerio de Salud publicados en septiembre de 2025, dan cuenta de que entre las adolescentes, la cobertura llaga solo a 55,5%, y entre los varones es aún más baja: no llega al 51%. Un retroceso importante si se piensa que en 2023 los porcentajes no eran buenos, pero sí un poco mejores: 67% y 61%, respectivamente… De hecho, “la comparación entre los valores registrados en 2015 (referencia prepandémica) y los de 2024 evidencia una caída generalizada en todos los grupos de edad y vacunas analizadas, con especial preocupación en los refuerzos y esquemas de la segunda infancia y adolescencia”, advierte la Sociedad Argentina de Pediatría.
Colombia: hasta 2014, tenía una de las coberturas más altas de la región: superaba el 80-90 % en primeras dosis. Pero ese año decenas de adolescentes reportaron síntomas neurológicos tras la vacunación, en lo que se conoció como “caso Carmen de Bolívar”. Aunque las investigaciones del Instituto Nacional de Salud, el Ministerio de Salud y la OMS concluyeron que no existía relación causal con la vacuna y que se había tratado de un evento psicógeno masivo, el episodio generó fuerte desconfianza pública, y la aceptación se desplomó. Según datos del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) del Ministerio de Salud y Protección Social, el punto más bajo llegó en 2016: solo se vacunó el 18 % de la cohorte; luego de un breve repunte, volvió a caer en 2020, de la mano de la pandemia de Covid-19, y lentamente va subiendo: en 2024 se ubicó cerca del 50 %. En marzo de 2026 lazó una vacunación masiva con una sola dosis para 9-17 años, con más de 3.000 puntos de aplicación.
· México: la principal estrategia del país había sido vacunar niñas de 11 años en campañas escolares, razón por la cual la pandemia de Covid-19 también pegó una gran sacudón a la cobertura; a ello se suman las dificultades, durante esos años, para la disponibilidad de la vacuna. Por eso, a partir de 2022-2023, se implementaron lo que reportes oficiales llamaron campañas de “recuperación de cobertura” y “mitigación del rezago”, que parecen estar mejorando el cuadro: los informes de la campaña 2024-2025 indican que, con el Programa de Vacunación Universal se había logrado avanzar a cubrir el 42 % de la población objetivo, que se estableció en niñas y (por primera vez) niños de 11 años, escolarizados o no. Además, se incrementaron las campañas en escuelas y se llevaron también adelante en centros de salud. El objetivo fue inmunizar un total de 2.5 millones de niños y niñas, y luego se amplió a adolescentes, así como a grupos de riesgo (personas de 9 a 19 años en protocolos de violación sexual y personas de 11 a 49 años que viven con VIH).
· Perú: según datos oficiales publicados en El Peruano, diario oficial de la República del Perú, hasta la primera semana de julio de 2025, se había aplicado las vacuna contra VPH a 876.391 personas, lo que implicaba el 95.4% de la población objetivo: “niñas y niños de 9 a 13 años y adolescentes de 14 a 18 años”. El medio oficial resaltó también que en 13 regiones (Amazonas, Áncash, Apurímac, Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Huánuco, Ica, Junín, La Libertad, San Martín, Tacna y Tumbes) se ha logrado alcanzar el 100%.
· Chile: su rasgo particular no es solo la alta cobertura, sino también la relativa estabilidad del programa. En 2014, y a través del Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI), se implementó la vacunación a niñas de 4to básico (primera dosis) y 5to básico (segunda dosis) de todos los establecimientos educacionales del país (públicos y privados). En 2019, la estrategia se amplió a los niños, y la vacuna forma parte del calendario de vacunación anual; fue pionero aplicando el esquema de 1 dosis de la vacuna más moderna, la nonavalente, desde 2024; y es el único país que tiene cobertura universal con esa vacuna. Según reportes preliminares del Ministerio de Salud, todas las regiones habían logrado superar el 80 % de la cobertura, y el promedio nacional era de 88,9 %.