Noticias médicas

Publicado el 28 de octubre de 2006

Amas de casa esperanzadas

Sociedad / Las mujeres y el hogar

Lejos de la imagen bucólica de jefa del refugio familliar, en los últimos años las mujeres se dividen entre la casa, la carrera y los hijos, como superheroínas de la vida cotidiana. En esta nota, cuatro historias que dan cuenta de los cambios y las forzosas adaptaciones a otro estilo de vida

Ya poco queda de aquella "mujer moderna" a la que apuntaban las coloridas publicidades de electrodomésticos de hace algunas décadas. Hoy las amas de casa cumplen con la misma misión que aquellas señoras felices que, sonrientes, señalaban sus nuevas heladeras. Sin embargo, lo que se entiende por "quehaceres diarios" es muy distinto. La maternidad y la manutención del hogar se mezclan con una vida social y laboral fuera de la casa y así el ama de casa del nuevo siglo transita días acelerados, cada vez más lejos de la cocina, del lavarropas y de la telenovela a la hora de la siesta.

Ahí va Patricia Gallardo, por ejemplo, corriendo de un lado para otro: 35 años, madre de tres hijos, y empleada en un estudio de diseño desde hace un año y medio. "Necesitábamos un poco más de efectivo. Los chicos crecen y tienen más necesidades", explica. Su casa en el barrio de Núñez es una buena muestra de cómo cambian las cosas cuando deja de haber una mujer full time para atenderla. "Ya no hay un horario para comer, y la comida pasa a ser un desastre. Pasé de hacer canelones a cocinar salchichas. Yo antes amasaba cappellettis, hacía croissants... A veces lo pienso y me río: ¡seguro que usaba calzas también!", reflexiona.

Además, cuenta, tiene menos control sobre las amistades de sus hijos: "Lucas tiene 14 años. Le puedo decir que cuide con quién se junta, pero no puedo ver con quién viene a casa", se lamenta, y confiesa que el comportamiento del chico en la escuela ya no ocupa un lugar tan primordial como cuando no trabajaba: "La verdad que rompe un poco que me llame la directora y me haga pedirme una hora en el trabajo para contarme que Damián (de 10 años) empujó a un compañerito en el recreo".

Pero esta situación no impacta sólo en la mujer de la casa. "Ahora, cuando mi marido llega de trabajar me da una mano. Además, los chicos lavan sus tazas y se turnan para lavar los platos. Porque sino es mucho: somos cinco", concluye Patricia.

A lo largo de las últimas tres décadas, estas pequeñas revoluciones se vienen dando en muchos de los hogares de este lado del mundo. "Si hace 30 años el ideal (de la mujer) tenía que ver con la familia, con ser una buena ama de casa y una buena esposa, hoy ese ideal está conmovido", explica Vanesa Starasilis, psicoanalista y coordinadora docente de Centro 2, asociación civil que se dedica a la asistencia y docencia en psicoanálisis. "Hoy la mujer, además de estas cuestiones, fundamentalmente ha salido a conquistar el sector público, entonces el ideal que está en juego es distinto", explica.

Delia Alonso, de 60 años, vivió esta transformación en carne propia. En la década del 50 veía a su mamá en la cocina desde temprano por la mañana. En los 70, ya casada, llevaba a sus dos hijos a la guardería de la empresa en la que trabajaba como secretaria, y cuando volvía a la noche cocinaba para ellos y para su marido. Hoy vive sola, y ve cómo sus hijos cambian pañales y ayudan a sus esposas en las tareas de la casa. "Antes los esposos no hacían nada. Mi ex marido jamás dio una mamadera o cambió a mis chicos. Pero era normal que fuera así. Ningún hombre hacía esas cosas. Con mis amigas despotricábamos contra nuestros maridos", recuerda Delia, que, a la hora de comparar, prefiere la vida de las amas de casa modelo 2000. "No es conveniente que las mujeres estén todo el día en casa, porque pasa a ser lo único que hacen. El trabajo las mantiene activas. Si una estuvo todo el día limpiando y viendo Utilísima, ¿de qué puede hablar con el marido por la noche?", se pregunta. Además, pondera la influencia de los avances tecnológicos en los trabajos del hogar. "Hoy llego a casa, saco algo del freezer, lo meto en el microondas y listo. Antes las cosas no duraban tanto. Había que ir al supermercado muy seguido. Ahora comprás cada 15 días, llenás la heladera y te ahorrás ese trabajo, que es horrible", cuenta.

Trabajo. Eso es ser un ama de casa para las mujeres. "Es cansador, pero es lo que elegí y me gusta", dice Vanesa Pinsky, de 27 años, que vive en un departamento en Palermo donde asegura tener dos trabajos: uno es Mora, de cinco años, y el otro es Alain, de dos. "Hay gente a la que le pagan para cuidar chicos. A mí no me paga nadie y lo hago", señala. "Como no tengo ayuda en casa, no puedo salir. Siempre estoy preparando la comida, organizando la tarea de Mora para el jardín… Tengo el tiempo completo haciendo cosas. Es algo que la gente no reconoce. Muchos piensan que estás en casa y está todo tranqui."

Según María Lucila Colombo, presidenta del Consejo Nacional de la Mujer, no caben dudas del peso laboral de ser ama de casa: "Es un trabajo que todavía nuestra sociedad no se decide a reconocer. Todavía hay mujeres que dicen: «No trabajo; soy ama de casa», y varones que dicen «mi señora no trabaja; es ama de casa»", indica. Colombo estima que hay cerca de 10 millones de amas de casa en el país (una por hogar), y que cerca de la mitad de ellas trabajan también fuera de su casa.

Muchas mujeres, no obstante, logran ser pequeñas empresarias hogareñas para administrar su tiempo. Es el caso de Paola Hofman, de 38 años, que vive en la zona de Parque Centenario. "Organicé mi vida para poder estar con mis hijos, trabajar, y ocuparme de mí, haciendo gimnasia, tenis, o ir a mi terapia", dice. Paola se considera feliz en cada una de sus tareas. "Creo que soy una ama de casa no desesperada", dice, jugando con el nombre de la serie de televisión recientemente estrenada. De todas formas, admite la importancia de tener una empleada para ayudarla con las tareas del hogar desde que nacieron sus hijos, que hoy tienen 8 y 14 años.

Esa empleada que ayuda a Paola podría ser Teresa González Cabello, que llegó de Canelones, Uruguay, hace 25 años. Teresa es, literalmente, un ama de casa las 24 horas de cada día. Lo es en su casa de Isidro Casanova, donde vive con sus tres hijos y su nuera, y también en las dos casas de Belgrano, donde trabaja como empleada doméstica. "Trabajar en la casa de otro es más difícil. El gusto de las personas no es siempre igual. En cambio en casa, hago las cosas a mi manera y con mis horarios", cuenta, y agrega que sus tiempos más estresantes fueron los siete años en los que trabajó con cama adentro. "Era saber todos los gustos desl otro. Desde los medicamentos hasta los horarios de los chicos, la comida, la merienda… todo", recuerda. Después de haber pasado por más de diez casas de familia, Teresa no se queja de su rutina. Todo lo contrario. "Me gusta", afirma convencida.

Pero por más que hoy una mujer lleve adelante actividades fuera de su casa, las tareas del hogar siguen recayendo en ella. Así lo ve Sylvia do Pico, autora del libro Mujer sin fin (Ediciones B, 2006), que opina que el término ama de casa debería invertirse, ya que suele ser la casa la que termina adueñándose de la mujer: "Sospecho que las casas echan sobre ella un hechizo que la obliga a ocuparse de todo lo necesario para mantenerla entera y funcionando. Lo que para varones y niños es un refugio, para la mujer es como un ser más que demanda, pide y exige atención: hay que barrer, lavar, planchar y cocinar todos los días, y muy pocas veces tiene un resultado visible. Y si no lo hace ella, lo tiene que organizar para que alguien lo haga. Para todos, es su responsabilidad. Y a nadie se le ocurre darle algo a cambio de su esfuerzo", opina Do Pico, que durante los diez años en que trabajó como editora en revistas femeninas tomó nota de comentarios de mujeres de todo el mundo en relación a cómo usaban su tiempo libre.

¿Cómo comprenderían nuestras bisabuelas la conducta de estas mujeres exprés? Según Starasilis, la conducta se explica por una suma de factores sociales: "Hubo cambios económicos, como el ingreso de la mujer al mercado laboral, cambios políticos, al haber igualdad entre hombres y mujeres, y también cambios en el nivel sexual con la liberación femenina", explica.

¿Pero fue la mujer el motor de los cambios o simplemente se adaptó a ellos?

"Es un poco de las dos cosas –dice Starasilis–. Estos cambios fueron posibles a partir de que la mujer fue avanzando con su deseo y de que la sociedad fue madurando y haciendo lugar a estas cuestiones. Estos cambios abrieron un poco el mundo femenino, y eso fue una ventaja obtenida, pero tuvieron el costo de andar maniobrando por la vida con una superposición de roles. Es una especie de wonder woman."

Lucila Colombo, por su parte, analiza que "todo lo que se transmite en el marco de la familia, en general, lo hacen las mujeres", y opina que "todavía estamos lejos de que los varones se hagan cargo de una parte de las responsabilidades familiares, no sólo acá, sino también en el resto de los países".

Susana Chirusi acaba de cumplir 41 años. Le siguen diciendo Susanita y aún vive, junto con su amiga Mafalda, en un libro de historietas. Allí sueña con tener muchos hijos y ser una apacible ama de casa dedicada a los cuidados hogareños. ¿Qué haría si pudiera salir de esas páginas? Tal vez sea mejor para ella quedarse donde está. Lo innegable es que los tiempos han cambiado. Para siempre.

Por Claudio Weissfeld

Fotos: G. Calabrese, M. Lucesole y D. Pessah


Tiempo promedio. Siete horas y 20 minutos es el tiempo promedio que le dedica al cuidado del hogar una ama de casa porteña, con hijos a su cargo, y sin otra ocupación paralela. Este tiempo se reduce a cinco horas con 54 minutos cuando no hay pequeños en casa, y a cuatro horas con 17 minutos para aquellas mujeres, que, además, tengan otro trabajo remunerado.


Igualdad. Según datos de un estudio que llevó a cabo en 1999 María Lucila Colombo, presidenta del Consejo Nacional de la Mujer, la labor no remunerada de un ama de casa (tomando como parámetro el trabajo de una empleada doméstica, o el sueldo femenino promedio en la ciudad de Buenos Aires), equivale al 92% de salario masculino, y este índice llegaría a ser cercano al 150% si se considerara también el trabajo remunerado que muchas llevan a cabo paralelamente.


Tareas. El 90% de las mujeres de Capital se ocupa de tareas domésticas, y el 75% de su tiempo se reparte entre cuidar niños y ancianos, limpiar, cocinar y hacer compras.


Ellos y ellas. Un estudio realizado este año por el Ministerio de Trabajo entre 112 mujeres con puestos de dirección en el sector público y privado señala que sólo el 7% de los hombres se encarga de comprar alimentos y cocinar, y que el 3% lo hace junto con su pareja. Apenas el 10% saca la basura o plancha, y son 20 de cada 100 quienes reparten esta tarea con su cónyuge.


Llamado de atención. "Lo que nos falta es tiempo personal, ocio creativo, un espacio para hacer algo que tenga que ver sólo con una", opina Silvia do Pico. "Si le preguntás a una ama de casa para qué usa su tiempo libre, te va a decir, por ejemplo, que para hacer gimnasia, que a muy pocas les encanta: lo hacen para sostener una imagen que les exige la sociedad. Una de las mujeres que entrevisté me llegó a decir que lo usaba para lavar y planchar. El tiempo personal del ama de casa es fagocitado por los cronófagos que la rodean (marido, hijos, padres, hermanos), que se sienten con derecho a que una mujer le regale su tiempo".