CRISTINA DE MARTOS
Las células madre han levantado tantas expectativas como voces de alarma. Su claro potencial como terapia encierra a su vez numerosos riesgos que deben salvarse antes de que sea posible su uso en la clínica. Las guías aprobadas en distintos países para regular la investigación con este preciado material son estrictas y rigurosas para evitar, entre otros, tratamientos no homologados como los que ofrecen algunas clínicas a través de Internet. Sin embargo, la lucha necesaria contra estas prácticas de riesgo no debe coartar la innovación médica responsable, imprescindible para que en un futuro estas técnicas estén disponibles con garantías de seguridad y eficacia.
En la reunión anual de 2008 de la Sociedad Internacional de Investigación con Células Madre, un informe realizado por científicos canadienses describía cómo al menos 32 clínicas de todo el mundo anunciaban en la red tratamientos con células madre. Sólo tres de ellas afirmaban que se trataba de algo experimental, el resto los presentaba como algo rutinario.
Los casos de algunas víctimas de esta cruel ambición, que debieron cheques de varios ceros para pagar estas terapias, han salido a la luz. Un niño israelí que recibió en un centro ruso varias inyecciones de células madre embrionarias mal diferenciadas desarrolló varios tumores en el sistema nervioso central.
"Uno podría concluir a partir de estos ejemplos que el turismo de células madre está plagado de trampas en las que se venden imitaciones de tratamientos médicos reales a consumidores confiados", explica un artículo publicado en la revista ''Science'', que dedica buena parte de su último número a las células madre.
Admisible en casos concretos
Los autores, Olle Lindvall, del Centro Lund de Células Madre (Suecia), e Insoo Hyun, especialista en bioética de la Universidad Case Western Reserve (Estados Unidos), reconocen la "sensatez" de endurecer las políticas de regulación para evitar estos fraudes pero subrayan "la dificultad de distinguir claramente entre el turismo censurable y los intentos legítimos de llevar a cabo intervenciones innovadoras con células madre".
Esta innovación ocupa un terreno peliagudo. Por definición, explican Lindvall y Hyun, su objetivo es el "beneficio de un paciente individual", mientras que la meta de los ensayos clínicos es "obtener resultados científicamente generalizables". Esta diferencia hace que los requisitos para realizar un ensayo no sean apropiados para regular los intentos de innovación, que corren el riesgo de ser proscritos por las leyes que rigen estas investigaciones.
No obstante, es imprescindible definir qué estrategias entran en el saco de la innovación y cómo deben utilizarse ya que "pueden ser una vía importante para el desarrollo de terapias con células madre", señalan los autores, especialmente "aquellas que casan con el paradigma quirúrgico de los trasplantes".
Las propuestas que tienen una base científica y cuya eficacia libre de efectos adversos graves se han comprobado en modelos animales pero para las que aún no se han aprobado ensayos clínicos entran, según el artículo, dentro del campo de la innovación médica. Éstas "deben aceptarse para unos pocos pacientes con patologías graves que no tengan otra alternativa terapéutica".
"Con los conocimientos de hoy en día [...] debemos seguir aconsejando a los pacientes en contra del turismo médico en busca de terapias no comprobadas. En el futuro próximo, existirá la necesidad de articular las condiciones aceptables bajo las que estas terapias podrán ponerse en práctica, como innovación médica, fuera de los ensayos clínicos", concluyen Lindvall y Hyun.
APARICIÓN DE TUMORES
Los riesgos de las terapias celulares en clínicas ''piratas''
Los científicos que trabajan con células madre son conscientes de que tienen entre manos un material de incalculable valor, capaz de regenerar cualquier tejido del organismo; pero no se les escapa tampoco que su uso terapéutico no está exento de riesgos. Un trabajo acaba de certificar en humanos algo que ya se había observado en animales: el uso de células madre puede ocasionar la aparición de tumores si no se lleva a cabo en las condiciones adecuadas.
En una época en la que proliferan por Internet los anuncios de clínicas y centros privados que prometen curar con células madre las enfermedades más dispares (desde la esclerosis a las lesiones medulares), la revista ''PLoS Medicine'' lanza un mensaje de advertencia que no debe pasar desapercibido a nadie; ni a la comunidad científica ni a la sociedad.
En esta publicación, especialistas del centro médico Sheba, de Tel Aviv (en Israel) han documentado el caso de un niño que desarrolló varios tumores benignos años después de someterse a una terapia con células madre neuronales inmaduras de origen fetal. El pequeño sufría una enfermedad neurológica denominada ataxia telangiectasia, un mal causado por una mutación en el gen ATM, que ocasiona la muerte de varios tipos de células, entre ellas las que se encargan de coordinar el movimiento desde el cerebro.
Un proceso de diferenciación deficiente
Entre mayo de 2001 y julio de 2004, el paciente fue trasladado por sus padres en varias ocasiones a una clínica de Moscú, sin vinculación con el centro israelí y cuyo nombre no se ha dado a conocer. Allí le inyectaron intracranealmente células neuronales obtenidas de varios fetos procedentes de abortos.
Estas células, destinadas a evolucionar hasta formar las células nerviosas adultas que componen el cerebro humano, fueron tratadas previamente en el laboratorio para someterlas a un proceso de diferenciación; es decir, para convertirlas en células neuronales propiamente dichas (más específicas y con menos capacidad de proliferación) que deberían reparar el sistema neurológico dañado del niño.
Sin embargo, ante los insistentes dolores de cabeza del pequeño, una resonancia magnética reveló la existencia de varios tumores, tanto en el cerebro como en la médula espinal. Este último, de fácil acceso, fue extirpado y cuidadosamente analizado por el equipo de Ninette Amariglio, en Tel Aviv, cuando el chico tenía 14 años.
El análisis genético de esta masa benigna dio a los investigadores la clave sobre su origen. No sólo contenía dos copias normales del gen ATM (un gen que el niño tiene mutado congénitamente en su ADN y que es el causante de su ataxia); sino que incluso hallaron restos de ADN femenino en sus células, lo que hace pensar que se emplearon varios donantes distintos para la obtención de las células madre.
La principal característica de las células madre (bien procedan de fetos, embriones o tejidos adultos) es que son pluripotenciales. Es decir, cultivadas en las condiciones adecuadas, los investigadores pueden transformarlas en diversos tejidos del organismo: en este caso, células neuronales que deberían ayudar a regenerar sus lesiones.
Clínicas sin rigor
"La diferenciación debe estar muy bien hecha para que no queden restos de progenitoras en la inyección celular", explica a elmundo.es José López Barneo, del Instituto de Biomedicina de Sevilla. "Si se trasplantan células progenitoras sin diferenciar adecuadamente existe un riesgo de que aparezcan tumores debido a su capacidad proliferativa".
"Desde el punto de vista social, este trabajo debería alertar a la población de los presuntos tratamientos con células madre que ofertan clínicas sin ningún rigor, en Moscú, en China o en otros lugares", advierte el investigador sevillano.
Algo en lo que coincide su colega del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia, Carlos Simón: "Esto es una consecuencia de la mala praxis más que de las células madre. El problema es que éste es un tratamiento no autorizado ni reglamentado, y años después vemos las consecuencias. Con el cuento de que las células madre adultas carecen de tumorogenicidad, algunos desaprensivos las inyectan para tratar Parkinson o problemas como éste y he aquí los resultados".
Desde el punto de vista científico, Barneo añade, que en condiciones normales, el sistema inmunológico del paciente debería ser capaz de destruir cualquier progenitora que haya podido quedar sin diferenciar. Pero se da la circunstancia de que los pacientes con ataxia telangiectasia tienen un sistema inmune deprimido que no habría podido cumplir esa labor.
Los propios autores de la investigación advierten de que este caso no significa ni mucho menos que se deba abandonar la investigación con células madre, aunque sí insisten en que debería profundizarse en esta cuestión y extremar al máximo las medidas de precaución sobre su seguridad en los ensayos clínicos con humanos. "Los pacientes deben dejarse guiar por su médico", aconseja Barneo, "y rechazar terapias aún no contrastadas, que por eso no se ofrecen aún en los hospitales públicos españoles, y que siguen de momento su proceso de investigación en ensayos clínicos".