Noticias médicas

/ Publicado el 18 de marzo de 2005

Alarma ante el aumento de las agresiones físicas y verbales contra los médicos

Agresiones contra médicos

Los médicos ya no están en "las alturas" a los ojos de muchos de sus pacientes, que han decidido bajarles al suelo de un plumazo y a golpe de insultos y amenazas.

Los actos violentos contra los facultativos están aumentando de forma preocupante en todo el territorio español, según denuncian las organizaciones de profesionales; y se constata en una nueva investigación del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona (COMB).
El estudio refleja que un tercio de los facultativos a lo largo de su carrera profesional ha sufrido algún tipo de agresividad por parte de los enfermos o de sus familiares, a la vez que una cuarta parte declara haber sido testigo de malos tratos hacia un compañero.

Los datos, obtenidos tras realizar una encuesta a 1.500 médicos, desvelan que las agresiones verbales son las más frecuentes (44%), seguidas de las físicas (28%) y las amenazas (26%). Y retratan al agresor: un 48% pacientes y 30% familiares o acompañantes, mientras que el resto lo formaron enfermos psiquiátricos (11%) y toxicómanos (10%).

Casos

Pero la violencia no sólo está en las consultas catalanas. Los Colegios médicos de Madrid, Valencia, Castilla-La Mancha, Andalucía y Baleares también han tenido que poner en marcha registros de agresiones, debido a que esta 'nueva forma' irracional y nada cívica que tienen los pacientes de exigir atención de sus facultativos está aumentando, sobre todo, en las consulta de atención primaria y en las salas de urgencias de los hospitales. Como referencia sólo hay que ojear las cifras de actos violentos registrados en la Comunidad de Madrid en distintos años: cuatro en 2002; 36 en 2003 y 45, en la primera quincena de 2004.

En palabras de Juliana Fariña, presidenta del Colegio Oficial de Médicos de Madrid, «cada vez estamos asistiendo a más casos de violencia en las consultas, y esto ha provocado que nuestro organismo tomara cartas en el asunto. De hecho, somos pioneros en España en la toma de medidas destinadas a intentar proteger nuestro colectivo». Una de ellas lleva colgada desde 2002 en las paredes de las consultas de atención primaria y las salas de espera. Se trata de un cartel en el que se advierte de que en caso de producirse una agresión se interpondrá la denuncia correspondiente.

«El objetivo es demostrar al agresor potencial que habrá represalias, que los médicos no están solos. De hecho nuestro departamento jurídico realiza la denuncia a través de un parte de agresiones, como los de los seguros de los coches. De las 45 denuncias interpuestas en 2004, ya se ha celebrado el juicio de 28 y hay 13 sentencias condenatorias; 14 no se han notificado aún y una absolutoria. Mientras que están pendiente de juicio 17», aclara Favira. Recientemente, y por primera vez en España, un juez condenó a un hombre a prisión (tres fines de semana de arresto) por este motivo. Las causas últimas por las que enfermos o acompañantes de los mismos pierden los estribos y la educación en las consultas hay que buscarlas en el «egoísmo» de los agresores, tal y como cree la presidenta del Colegio de Madrid.

Son pacientes con un perfil determinado que quieren obtener algo que creen que el profesional puede o debe darle y consideran la agresión como la forma más rápida y eficaz para lograrlo. En definitiva, «buscan en el médico que la asistencia sea inmediata y preferente, medicamentos a voluntad, un diagnóstico determinado para lograr una baja laboral o la jubilación, revancha porque un familiar ha fallecido o placer sádico al humillar o herir al médico», aclara Fariña. Ante esta situación, se están adoptando medidas de seguridad para proteger de los actos violentos a todo el personal sanitario. «No son sólo médicos, el Colegio de Enfermería instó a que estas profesionales llevaran colgado un silbato del cuello, como el de los policías, para poder solicitar ayuda en caso de peligro», rememora la presidenta. Otras fórmulas esbozadas por distintos colectivos son la de tener consultas con dos puertas para poder escapar en caso de amenaza o agresión o que en el momento del reconocimiento del enfermo estén presentes dos personas, médico y enfermera o auxiliar. «Así era antes, pero ya no hay personal suficiente porque también hay mucha demanda», añade.

Además hay que intentar formar a los pacientes en la tolerancia cuando exista alguna urgencia que atender y el médico debería tener tiempo para ofrecer explicaciones y dedicarse con tranquilidad a sus enfermos. La mejora en las técnicas de comunicación con el enfermo y el aprendizaje de métodos para hacer frente a situaciones violentas pueden salvaguardar la integridad de los sanitarios.

 PATRICIA MATEY


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