Noticias médicas

/ Publicado el 6 de mayo de 2006

La compulsión por comprar, un trastorno cada vez más común

Adictos al shopping:

Es una patología que aparece cuando hay una necesidad irreprimible de adquirir cosas que a veces no se usan ni se necesitan. La padecen más las mujeres.

Georgina Elustondo

No le duraba siquiera un día. Bastaba un puñado de horas para que Franco esfumara su sueldo de 2.000 pesos comprando discos, instrumentos musicales y cualquier otro chiche electrónico que, desde la vidriera, lo sedujera hasta vaciarle la billetera. "Me he gastado 1.500 pesos en una hora. Y lo peor es que no era plata que me sobrara, ni eran ahorros: era la guita de las expensas, de la prepaga, del súper. Por eso, a días de cobrar empezaba a tapar agujeros con tres tarjetas y después pedía prestado para llegar a fin de mes con los gastos diarios. Me angustiaba, juraba no hacerlo más, pero no podía parar".

Pasó así más de ocho meses, hace ya un año. "Tenía un límite. No salía nunca de casa con las tarjetas, para no hacerlas bolsa. Cuando cobraba trataba de irme en taxi hasta el banco para pagar las tarjetas antes de salir a la calle con plata encima. Teniendo pagos los gastos fijos, mangueaba hasta fin de mes. Pero un día papá se cansó y se me cayó el mundo. Me dijo 'lo único que pago de acá en más es un psicólogo'. Y acá estoy, curándome".

El problema de Franco —que tiene 28 años, es ingeniero y aún hoy siente tanta "vergüenza" de lo vivido que no puede compartir su historia más que por teléfono— no es raro ni excepcional. Franco es un comprador compulsivo, una víctima más de un trastorno cada vez más frecuente en los consultorios psicológicos: la adicción al consumo.

"Es un trastorno que se inscribe en el terreno de las adicciones y compulsiones. Revela una incapacidad de controlar los impulsos", explica el doctor Alfredo Cía, presidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad. "Están aumentando los casos, pero la mayoría no viene por este problema específico sino por trastornos de ansiedad, depresivos o alimentarios, y en la consulta aparece el otro tema. A la gente le cuesta reconocer que el consumo puede convertirse en una adicción, porque en la sociedad actual todos compramos de más y nos parece normal".

El límite, dice Cía, es "cuando aparece una necesidad irreprimible de comprar y se empiezan a repetir los 'atracones consumistas', algo que empieza a afectar la vida personal. Ahí hablamos de patología". La psicoanalista Gabriela Pedrotti, del Centro Dos, coincide en que el aumento de casos no se refleja en las estadísticas pero aparece después, cuando uno escarba. "Las mujeres compran sobre todo ropa, maquillajes, perfumes, y los varones, objetos tecnológicos", precisa.

Los especialistas emparentan esta adicción con otras patologías vinculadas a la compulsión, como la ludopatía, la piromanía o la cleptomanía. "Tienen orígenes y mecanismos similares. Arranca en la sensación de vacío, la ansiedad o la depresión. La persona intenta tapar lo que siente haciendo algo que lo alivia sólo transitoriamente. Cuando el problema vuelve, agravado por el arrepentimiento, el ciclo adictivo arranca de nuevo", explica Cía.

"Toda compulsión se origina en la angustia —dice Pedrotti—. Freud ya decía que las personas nos bancamos poco la angustia e ideamos mil maneras de distraernos de ella. En la sociedad actual, ir 'de shopping' se ha vuelto la alternativa ideal ante el vacío: todo está pensado para que uno tome cosas sin pensar si las quiere o las necesita. El problema es que la solución es meramente cosmética. El agujero sigue ahí, apenas tapado. Entonces se pasa de la euforia a la culpa y a la preocupación por las deudas, y así vuelve la angustia y la necesidad de volver a consumir".

Perfumes, ropa, zapatillas, libros, herramientas, esmaltes. No importa qué: el gasto se materializa en objetos de lo más diversos. La satisfacción radica en el acto mismo de comprar, en la capacidad de adquirir cosas y demostrar(se) que uno puede. Tan inútil (o repetido) puede llegar a ser lo que compran que a veces lo guardan sin siquiera abrirlo o con la etiqueta durante meses.

De cada diez consumidores desbocados, nueve son mujeres, según revelan los expertos. La mayoría, de clase media, y con problemas de ansiedad, baja autoestima, propensión a la fantasía y depresión.

A nivel de los tratamientos hay distintas opciones. "Las técnicas basadas en lo conductual funcionan bien. Lo primero es restringir el manejo de dinero hasta ver mejoras (suspender las tarjetas, bloquear la posibilidad de emitir cheques). Se ensayaron algunas drogas, pero sólo demostraron resultados a corto plazo", dice Cía. Para Pedrotti, "el problema se resuelve enfrentando el vacío que lo origina, haciendo espacio para elaborar pérdidas y dolores y para pensar qué elegimos y por qué".

Franco está mejor. Dejó de acumular compacts —llegó a comprar 78 discos en un mes— en un cuarto que parece una disquería y pudo vender dos de las cinco guitarras que guarda desde hace meses en un placard. "Mi viejo me administra el sueldo. Me da de a 50 pesos. Todavía, para mí, las vidrieras son un peligro".


Combo imperfecto
Diana Baccaro
dbaccaro@clarin.com

Para muchas familias, salir a pasear significa salir de compras. Pasar una tarde en el shopping o en el híper parece el mejor plan de cualquier fin de semana: hay seguridad, calefacción, Internet, comida, jueguitos y, sobre todo, vidrieras. Un combo perfecto para los que sostienen que el acto de comprar ya dejó de ser una respuesta a una necesidad para convertirse en un pasatiempo moderno. Sin embargo, no estaría nada mal que los grandes fomenten también actividades de ocio no consumistas de los chicos. Porque educarlos como consumidores responsables es una tarea que empieza en el hogar y termina en el shopping.

"La fiebre de los años 90"


"La adicción a comprar es un problema que en el país empezó con la fiebre de los 90 y su falsa convertibilidad —dice el titular de los Tribunales Arbitrales de Consumo, José Luis Laquidara—. Hubo grandes cambios en los hábitos de consumo y se inventaron nuevas 'necesidades'. La posibilidad de acceder a productos que antes disfrutaban los ricos contribuyó al desarrollo de esta patología".

Según Laquidara, el mercado crea necesidades y la gente responde sin cuestionar: "Entre 1998 y 2002, la mayoría de los reclamos en los Tribunales de Consumo fueron por tiempos compartidos. Sin sacar cuentas, compraban algo que no necesitaban —o no querían— con dinero que no tenían. Luego venían los problemas...".

En EE.UU, la shoppingmanía es un trastorno tan difundido que un libro sobre las peripecias de una compradora compulsiva ("Shopaholic & Sister") está entre los más vendidos. Y en Europa, un estudio de la Unión Europea reveló que los jóvenes son más adictos a las compras que los adultos y que "hasta un 8% tiene una adicción al consumo patológica".


Signos de alerta y las posibles soluciones

No tengo límites y gasto, gasto, gasto...". Cuando los compradores compulsivos llegan a esta confesión, sus cuentas ya están en rojo. Pero recién al estrellarse contra deudas muy comprometedoras se animan a reconocer que necesitan ayuda. Una buena opción, y al alcance de todos, es Deudores anónimos (DA), un grupo de autoayuda que funciona gratuitamente en una parroquia e intenta soluciones entre pares. "Entre todos, tratamos de ponernos límites y apoyarnos para salir", explica un participante.

"Acá no hay distinción de clase social ni edad. Lo que nos une es que todos gastamos más de lo que podemos pagar y eso nos aísla de nuestros seres queridos", dice. En las reuniones, hay dos pautas claras: "No se mencionan cifras y se habla de uno mismo". Por lo general, los primeros en tomar la palabra son los nuevos. Los miembros del grupo deben fijarse un presupuesto (150 pesos de ropa; 100, de tarjeta, etc.) y elegir un "padrino" para que controle sus gastos. El grupo se reúne los lunes y miércoles a las 11, y los sábados a las 18.15 en la Parroquia de Loreto, en Juncal 3115, Palermo. "La mejor ayuda —dicen allí— proviene de escuchar a otros que están en la misma o peor situación que la nuestra". Estas son algunas de las señales de alerta para detectar a un comprador compulsivo:

-Aunque no necesite el objeto, es incapaz de dejar pasar una buena oferta.

-Hace gastos compulsivos por lo menos una vez por semana y luego se arrepiente.

-Compra cosas repetidas. Deja etiquetas en la ropa para poder devolverla. No usa las cosas que ha comprado. Y muchas veces ni siquiera abre los paquetes.

-Se endeuda abusando de sus medios de pago (tarjeta, cheques). Vive en caos económico.

-Al volver a casa no recuerda lo que ha comprado. No lo disfruta.

-Cuando se siente mal resuelve el tema comprando cosas sin preguntarse si las necesita, por lo menos una vez por semana.

-Se siente molesto cuando alguien le pregunta qué ha comprado y por qué y le llama la atención sobre sus gastos.