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/ Published on August 8, 2006

Costumbres vs. Patologías

Adictos a los placeres de la vida

Muchos pacientes se apegan a estilos de vida y hábitos que son placenteros, pero que son contraproducentes para sus patologías de base.

Introducción

Es el caso del paciente con enfermedad pulmonar obstructiva crónica que persiste en fumar, o el paciente con insuficiencia cardíaca que no restringe el consumo de sal. Son muchos los ejemplos de este tipo donde la necesidad de un cambio de hábito es reconocida tanto por el paciente como por su médico, sin embargo, el paciente se resiste a modificar su estilo de vida.

Para el médico se produce una situación conflictiva o ambivalente entre aceptar la libertad de elección del paciente o presionarlo para que adopte hábitos saludables. Los autores de este artículo proponen el término de “reducción del daño” que engloba un marco ético para ayudar a resolver este dilema.

Reducción del daño

El concepto de reducción del daño se basa sobre la premisa de que cierto grado de comportamiento insalubre es inevitable en un individuo y que se pueden desarrollar estrategias para compensar los malos efectos de dicho comportamiento. La reducción del daño destaca las consecuencias del mal hábito y no tanto el mal hábito per se.

Enfermedades crónicas

Está demostrado que los cambios en los hábitos de vida constituyen la forma más efectiva de reducir los efectos sobre la salud de muchas enfermedades crónicas. Si el paciente no puede o no quiere colaborar, existen formas para reducir el daño asociado con sus hábitos y adicciones.

Por ejemplo, un paciente de 50 años que es fumador crónico, hipertenso o hipercolesterolémico, se va a beneficiar más con un antihipertensivo o con una estatina que suprimiendo el cigarrillo. En este caso quedaría aplicado el concepto de reducción del daño.

Existen varios ejemplos de estrategias similares para reducir el daño o riesgos en pacientes con enfermedades crónicas. Un paciente obeso que no quiere reducir el ingreso de calorías, se puede beneficiar sustituyendo algunos alimentos por otros ricos en ácidos grasos omega 3.

Estas estrategias permiten al médico una alternativa válida al paradigma del tratamiento ortodoxo en el paciente que no puede cambiar sus hábitos.

Consideraciones éticas

Existen sin duda objeciones tanto teóricas como prácticas a la estrategia de la reducción del daño en las enfermedades crónicas. La principal crítica es que la aceptación de que el paciente continúe con su mal hábito respalda la noción de que dicho mal hábito es inevitable.

Quienes defienden la estrategia de la reducción del daño sostienen que en ese determinado paciente el cambio de hábito es en la práctica inevitable y se corre el riesgo de perder el paciente sin que reciba beneficio alguno.

Otra objeción a la estrategia de reducción del daño establece que al tolerar el mal hábito del paciente, se sienta el precedente de un mal ejemplo para terceras personas. Los autores del artículo consideran que este argumento destaca la necesidad de distinguir entre el cuidado de la salud pública y el cuidado del individuo. Obviamente a nivel popular se deben promover y estimular los buenos hábitos, pero a nivel individual no hay necesidad de hacerlo en un paciente que está decidido a no cambiar su estilo de vida mientras se lo puede ayudar con otras estrategias.

Conclusiones

En la práctica, el médico debe tratar en lo posible de que el paciente cambie hábitos de vida que son deletéreos para su enfermedad crónica. En ese aspecto debe insistir sobre la conveniencia de evitar el consumo de medicamentos, por razones de costo y de posibles efectos colaterales. Más importante aún, el médico le debe señalar al paciente que hay comprobación científica basada en la evidencia de que determinados cambios de hábito son beneficiosos para mejorar o retrasar su enfermedad. El paciente debe saber que un cambio en sus hábitos es tan efectivo como una determinada medicación.

Sin embargo, una vez agotadas estas instancias y ante la resistencia del paciente en abandonar determinados hábitos que le son muy placenteros, debe cambiar el enfoque si pretende ofrecerle un beneficio. Es el momento en que el médico debe aplicar los mecanismos de reducción del daño y periódicamente tratar de renegociar la necesidad de cambios de hábitos.

¿Qué se conocía del tema?

Es relativamente frecuente la resistencia que tienen los pacientes para abandonar o modificar hábitos que les son placenteros.

¿Qué aporta este estudio?

Incorpora la estrategia de reducción del daño que consiste en no variar sustancialmente los hábitos del paciente y compensar esta falencia con una medicación que pueda equilibrar la situación.

¿Cómo se aplica a la práctica?

Una vez agotadas todas las explicaciones y argumentos sobre la necesidad de cambiar de hábitos de vida, el médico debe adaptarse a la situación particular del paciente y aplicar la estrategia de reducción del daño.

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