
Una de las recomendaciones que incluirá el texto final del Primer Consenso sobre Parto Prematuro, que promueve la Sociedad Argentina de Ginecología y Obstetricia, será que las mujeres embarazadas disminuyan las horas de trabajo.
El documento, elaborado por un grupo de especialistas argentinos reconocidos por su experiencia en la atención de embarazos de alto riesgo, unifica criterios clínicos sobre cómo prevenir y tratar un parto antes de término. El objetivo principal del consenso es demorar el nacimiento tanto como lo permita la seguridad del bebe.
“En cuanto a la relación entre el trabajo y el embarazo, el consenso se pronuncia en favor del reposo. Para ello, es fundamental reducir progresivamente la cantidad de horas de trabajo físico, según el tipo de trabajo que haga cada mujer. Pero si el trabajo es enérgico y no puede realizarse de otra manera, debería optarse por darle licencia", explicó a LA NACION la doctora Liliana Voto, jefa del Departamento Maternoinfantojuvenil del Hospital General de Agudos Juan A. Fernández y profesora titular de Obstetricia en la Universidad de Buenos Aires y en la Fundación Barceló.
La especialista en embarazos de alto riesgo y en medicina fetal explicó que la bibliografía científica demuestra que esa reducción del horario laboral previene el agotamiento que se produce por falta de oxigenación adecuada del organismo.
"Cuando sobre una mujer pesa una amenaza cierta de dar a luz antes de término, el reposo debe ser obligatorio para cuidar la salud del bebe", agregó Voto.
Los expertos concluyeron, además, que el mejor complemento diagnóstico de la reducción preventiva de la exigencia física es la longitud que alcanza el cuello del útero en el segundo trimestre del embarazo. Una medida inferior a 2,5 centímetros es un indicador seguro de riesgo de tener un parto pretérmino.
"En el consenso se realizó una revisión de los métodos diagnósticos actuales, y de cuáles eran los que tenían mayor sensibilidad y posibilidad de aplicación entre la población general sin costos agregados -comentó la doctora Voto-. El método más conveniente es la medición de la longitud cervical entre las 18° y 20° semanas de gestación, si la mujer no tuvo un parto prematuro previo, porque se puede realizar donde haya un ecógrafo disponible."
Unificar criterios
En el mundo, el nacimiento prematuro es la causa principal de mortalidad perinatal y de malformaciones congénitas. En la Argentina, cada año nacen unos 70.000 bebes entre la 22a y la 37a semanas de gestación, lo que representa entre el 10 y el 12% de los partos totales.
Pero uno de cada diez bebes pretérmino son muy prematuros, es decir, nacen con menos de 28 semanas de gestación.
Justamente para unificar los múltiples criterios médicos de prevención y tratamiento, la Sociedad Argentina de Ginecología y Obstetricia promovió este primer consenso de expertos.
"No existe mejor incubadora que el útero de la madre, siempre y cuando sea la mejor condición para el bebe y éste admita esa estadía", resumió el doctor Ricardo Savransky, médico especialista en prematuridad del hospital Ramos Mejía.
La excepción es la presencia de una enfermedad o un trastorno materno capaces de demostrar que abandonar el útero prematuramente le asegura al bebe una mayor sobrevida, como ocurre con los partos inducidos en caso de hipertensión materna, rotura prematura de membranas y síndrome de hipercoagulabilidad sanguínea (trombofilia), entre otras condiciones obstétricas riesgosas.
Parto inminente
Sin duda, un punto importante del consenso es qué hacer una vez que las contracciones antes de término indican que el parto es inminente.
Para ello, el grupo de expertos de distintas regiones del país revisó los efectos y las indicaciones de las distintas medicaciones disponibles para reducir las contracciones uterinas, que no están exentas de generar trastornos maternos y fetales.
Ese es el caso de dos de las tres drogas más utilizadas, que son la indometafina (que controla ciertas sustancias -prostaglandinas- que influyen en la aparición de las contracciones) y los betamiméticos, que son medicamentos que actúan sobre los receptores beta, presentes en el útero.
Mientras que el consenso no resta efectividad a ninguno de los dos fármacos, advierte que el primero no puede utilizarse de manera repetida ni prolongada por sus efectos adversos en la salud del bebe, y que los segundos también actúan en los receptores beta, en el corazón. "De ahí la taquicardia que sienten muchas mujeres embarazadas, una condición que, de persistir, podría causar complicaciones cardíacas", puntualizó la doctora Voto.
El tercer fármaco de uso generalizado en el mundo es el atosibán, que inhibe la acción de la hormona oxitocina y cesa las contracciones sin efectos secundarios para la mamá ni el bebe.
"Como las otras drogas están contraindicadas para las mujeres con diabetes y afección cardíaca, esa sería la única buena para todas, aunque se usa poco en el país por su alto costo", puntualizó Voto.
Para el doctor Savransky, al inhibir las contracciones, ese tipo de medicamentos "permite, si es necesario, poder transferir a la mujer a un centro de atención terciario con recursos neonatológicos adecuados para garantizar la sobrevida del bebe".
Por Fabiola Czubaj
Un alto costo afectivo
La prematuridad tiene un alto costo que no sólo es económico, sino también afectivo. "Las preocupaciones y las lesiones que puede dejar a largo plazo son enormes", afirmó el doctor Ricardo Savransky, que está realizando un estudio de cuánto cuestan para los distintos sistemas de salud los cuidados de un bebe prematuro. Según sus datos, oscilan entre 15.000 y 40.000 dólares. "Cuanto más se pueda demorar la salida del bebe, mucho mejor -agregó el especialista-. Para lograrlo, muchas veces se usan medicamentos más económicos, pero que no son los mejores. Por eso, cuando se hacen los análisis para saber en qué invertir, lo lógico sería hacerlo en las estrategias de prevención más seguras."