Interviews

/ Published on September 1, 2002

Dr. Miguel González

Acerca del IV Simposio sobre Insuficiencia Cardiaca

El Dr. Miguel González, Secretario del IV Simposio sobre Insuficiencia Cardiaca a realizarse el próximo 7 de septiembre, nos recibió en el Departamento Cardiovascular del Sanatorio Mitre.

Author: Por IntraMed

Index
1. La insuficiencia cardiaca como epidemia
2. La problemática de los trasplantes

¿Cuáles serán los ejes temáticos del simposio?
En primer lugar, la detección y tratamiento de la insuficiencia cardíaca. Y también, la situación actual de la procuración y trasplantes de órganos. El simposio tiene como subtítulo "la enfermedad epidémica del nuevo milenio". Si bien no se trata de una epidemia es una forma de expresar que cada vez hay mas pacientes. La IC ha crecido en prevalencia y en incidencia porque es la vía final común de varios factores. Esto hace que cada vez haya mas pacientes y, desde el punto de vista económico, esto crea un enorme costo a la salud pública. En EEUU, por ejemplo, en el 2001 se gastaron 56 mil millones de dólares nada más que en IC. El 70% se gastó en internación, el 25% está adjudicado a los gastos ambulatorios y un pequeño porcentaje está dedicado a los tratamientos quirúrgicos (cirugías y trasplantes). En IC se gasta el triple que el tratamiento del cáncer y el doble que en infartos agudos de miocardio. Nadie duda de la importancia de detectar un cáncer, pero todavía no hay conciencia de que la IC es una enfermedad y que el 50% de los que la padecen fallecen a los 5 años de detectada.

¿Cómo lograr la concientización de los profesionales y de la población?
El título del simposio es el lema de la Sociedad Americana de Insuficiencia Cardiaca para dirigirse a la población "Usted o alguien que usted conoce puede padecer de insuficiencia cardíaca". Es un lema no alarmista, pero sí crea conciencia de que cualquiera de nosotros puede tener esta enfermedad. Por supuesto hay una población de mayor riesgo: diabéticos, hipertensos, aquellos que presentan valvulopatías o que tienen un familiar enfermo. Además no tiene la misma incidencia en un chico de 15 años que en un mayor de 65. El punto de inflexión aparece alrededor de los 45 años. A partir de esa edad la presencia de este tipo de enfermedades comienza a crecer con una prevalencia baja al principio (2 a 3%) y de casi el 10 o 15% en pacientes mayores de 75 años. No es para alarmar a toda la población, pero los más comprometidos son los que pertenecen a estos grupos.

¿Qué datos estadísticos se conocen de nuestro país?
En nuestro país se estima que 210.000 pacientes se encuentran en Clase funcional I (síntomas de falta de aire, fatiga a grandes esfuerzos) y su probabilidad de fallecer al año es de 5%, 210.000 pacientes en Clase funcional II (síntomas a moderados esfuerzos -caminar dos o más cuadras, subir dos pisos en escalera-) y su probabilidad de fallecer al año es del 10%, 150.000 pacientes en Clase funcional III (síntomas a esfuerzos menores -realizar tareas en la casa, caminar menos de dos cuadras o subir un piso en escalera-) y su probabilidad de fallecer al año es del 20% y 30.000 pacientes en CF IV(los síntomas son en reposo o mínimos esfuerzos - bañarse, falta de aire cuando se acuesta-) y su probabilidad de fallecer al año es del 40 %.

¿Qué ocurre frente a la ausencia de síntomas?
La mitad de los pacientes con insuficiencia cardíaca tiene síntomas, pero la otra mitad es asintomática. Por otra parte, los pacientes sintomáticos no siempre saben que tienen IC. Porque algunas señales pueden malinterpretarse: los pacientes creen que se deben a sobrepeso, a falta de entrenamiento o a la edad. En realidad, algunos de ellos tienen insuficiencia cardiaca porque tienen una disfunción ventricular no reconocida y sus síntomas se adjudican a otra patología.

¿Qué tratamientos se están utilizando para tratar la IC?
Hoy hay medicaciones: inhibidores de la enzima convertidora (enalapril, captopril) y otras drogas como los b-bloqueantes (bisoprolol, cardevilol, metoprolol) que, si los ofrecemos, podemos disminuir la progresión. Esto es muy importante porque si bien no se disminuye la mortalidad, sí disminuimos la progresión: el paciente asintomático tiene menos chances de convertirse en sintomático; el sintomático a grandes esfuerzos hace más lenta su progresión a moderados esfuerzos y así se evitan internaciones.
Sin embargo, a pesar de que está claramente establecido en muchos pacientes que deberían recibir estas drogas, muchos no las reciben. Hoy existe una subutilización de estos medicamentos. En el caso de los inhibidores de la enzima convertidora, la evidencia con miles de pacientes estudiados y trabajos publicados no deja excusas, pero no todos los profesionales tienen acceso a la educación médica continua. En el caso de los b-bloqueantes, como los grandes resultados llevan poco tiempo de publicación, siempre hay un periodo de acostumbramiento en el pensamiento médico para adoptarlos como conducta. Estudios como el Cibis II (bisoprolol), Merit HF (metoprolol) o el Copernicus (cardevilol) están publicados en los últimos dos años y por eso no están instalados en el pensamiento médico. Tenemos que seguir haciendo educación médica continua para que los profesionales conozcan más y pierdan los miedos.

¿Qué medidas considera necesarias tomar para concientizar a la población sobre la necesidad de consultar?
En EEUU existe la "Semana de la Insuficiencia Cardiaca" que se realiza todos los años en el mes de febrero. La población tiene en esos días mayor información y acceso a consultas y estudios. Aquí tenemos que crear un movimiento similar.
Con una campaña los que tienen mayor riesgo se acercarían a controlarse. Nosotros hemos diseñado protocolos: falta poner en práctica las acciones tendientes a que esto suceda.

¿Existen novedades en los métodos de detección?
Para llegar a la confirmación de que el paciente sufre una IC tengo que hacerle un ecocardiograma. De esa manera se puede determinar si el corazón está deteriorado o no, si tiene una disfunción ventricular izquierda o no.
A la vez, están apareciendo otras metodologías que por el momento son nuevas pero podrían ser costo-efectivas y podrían circunscribir un poco más la necesidad de hacer ecocardiogramas (que implica 20 minutos, un costo más alto, etc).
El nuevo estudio mide el BNP (Brain Naturetic Peptid)  que es una sustancia que, bajo circunstancias de sobrecarga de presión o sobrecarga de volumen, se libera. Se extrae sangre al paciente, se coloca en una tarjetita que se introduce en un aparato y en minutos se obtiene una información cuantitativa. Existen valores de referencia de BNP para pacientes normales, para enfermos cardiacos clase I, clase II y clase III y IV.
O sea que la determinación de esta sustancia en sangre permitiría distinguir qué paciente tiene un corazón normal y que paciente tiene una disfunción ventricular. Los que tienen valores elevados irán a hacer un ecocardiograma.
Es un método nuevo, todavía no se está utilizando pero ya está autorizado para la venta. Pero como tiene poco tiempo de difusión todavía necesita un tiempo de acostumbramiento y aceptación de las normas.