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/ Publicado el 17 de febrero de 2026

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¿A las puertas de una “vacuna terapéutica” contra el cáncer de mama?

Científicos mexicanos de la UNAM han logrado importantes avances en modelos de laboratorio.

Fuente: IntraMed

“El empleo de vacunas contra el cáncer como terapias independientes o combinadas aún no ha alcanzado puntos finales clínicamente relevantes en grandes ensayos clínicos en la gran mayoría de los pacientes, y existe una clara necesidad de ideas novedosas y enfoques de diseño de vacunas cualitativamente nuevos”. Así, sin caminar de puntillas, arranca el resumen del paper publicado en la revista Molecular Immunology .

 Y según informó la Universidad Autónoma de México, en su revista UNAM Global, científicos de su Facultad de Química (FQ) y de su Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIB) han logrado desarrollar estas vacunas, llamadas Bibliotecas de Epítopos Variables (BEVs), que –han mostrado- “son capaces de curar el cáncer de mama e inhibir otros tipos de esa enfermedad en ejemplares de laboratorio, así como de eliminar la metástasis que producen y que, en humanos, representan la principal causa de fallecimiento. Claro que hay mucho camino por delante, pero señaló Allan Noé Domínguez Romero, académico de la FQ, a la revista, “hasta ahora se han desarrollado vacunas terapéuticas contra melanoma, cáncer de vejiga y de próstata, las únicas aprobadas por la Food and Drug Administration (FDA)”, y destacó que las otras disponibles se aplican contra virus que pueden causar cáncer, como el VPH. “La nuestra  -resaltó- es una vacuna terapéutica, es decir, para casos en los que la enfermedad está presente”.

“En este estudio, utilizamos una novedosa estrategia de vacuna de biblioteca de epítopos variables (VEL, por su sigla en inglés), que incorpora miles a millones de epítopos variantes mutados dentro de una biblioteca combinatoria, para abordar la variabilidad extrema y la heterogeneidad intratumoral de los antígenos tumorales”, explica al resumen del paper. Lo que –dicho un poco más sencillo-, significa que utilizaron una colección enorme y sistematizada de los fragmentos pequeños de un antígeno que que reconoce el sistema inmune a través de anticuerpos o linfocitos T (esos son los epítopos).  En esa colección, o biblioteca (o library, en inglés, por eso la sigla VEL), los epítopos son secuencias cortas con variaciones controladas (en este caso, mutadas), lo que permite analizar cómo esos cambios influyen en su reconocimiento y en la intensidad de la respuesta inmune.

Qué lograron en el laboratorio

El equipo utilizó el modelo de cáncer de mama triple negativo, por ser muy agresivo y atacar principalmente a mujeres de 30 a 50 años, e incluso más jóvenes. “En estos casos producen un tumor bastante grande y se puede generar metástasis en distintos sitios anatómicos, particularmente en los pulmones, tanto en ratones de laboratorio como en humanos, señaló Domínguez Romero en la entrevista con UNAM Global, y destacó: “las células cancerosas son blancos en movimiento: cambian su genoma de forma permanente y su fenotipo, y por ese motivo no se las puede combatir usando vacunas que no muestran ese dinamismo”.  “En contraste con los tratamientos inmunoterapéuticos convencionales, que tienen una efectividad promedio de 20 por ciento, 30 por ciento en melanoma y casi cero en glioblastoma, por ejemplo, y que son caros, esta innovación tuvo una efectividad notable”, añadió.  Concretamente –explica el paper– “la combinación de esta vacuna con un inhibidor de punto de control inmunitario (ICI) αCTLA-4 –para los que no somos médicos, un fármaco que bloquea los frenos naturales para que el sistema inmune no reaccione en exceso- resultó en la eliminación de tumores establecidos, supervivencia libre de tumores de hasta 412 días e inmunidad estéril de por vida contra la reexposición tumoral en el 77 % de los ratones”.

Por su parte, Karen Manucharyan, del IIB, destacó que el procedimiento sería menos invasivo, ya que las vacunas son fácilmente adaptables a cualquier plataforma existente en clínica. “Además, tenemos resultados igual de efectivos en otros tipos de cáncer, como melanoma, y se trabaja ahora con un modelo para leucemia. Podemos trabajar con los 220 tipos de cáncer que existen”, se alegró y explicó por qué: “generamos una vacuna que, con miles de versiones mutadas de un antígeno silvestre relacionado con cáncer, nos permite atacar las células cancerosas, activar el sistema inmune e inducir ‘memoria inmunológica’. No importa si pasa uno o dos (o diez años en humanos), las ‘defensas’ -al menos en los ejemplares de laboratorio- quedan preparadas para ‘atacar’. Eso es lo que caracteriza nuestra propuesta, y ahora, teniendo estos resultados sin precedentes, estamos listos para el siguiente paso: ensayos clínicos en humanos”.