Medical News

/ Published on September 20, 2007

Una forma de demencia

A 101 años de su descripción, hoy es el día mundial del Alzheimer

Con estimulación adecuada, es posible realizar actividades nuevas que mejoran la calidad de vida.

La Enfermedad de Alzheimer, la causa más frecuente de demencia en los ancianos, es un trastorno grave, degenerativo, producido por la pérdida gradual de neuronas cerebrales, cuya causa no es del todo conocida. Se trata de una enfermedad muy rara en los pacientes jóvenes, ocasional en los de mediana edad y cada vez más frecuente a medida que se cumplen años.

La enfermedad afecta a las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Aunque cada día se sabe más sobre la enfermedad, todavía se desconoce la causa exacta de la misma y hoy por hoy no se dispone de un tratamiento eficaz.

La demencia es un trastorno cerebral que afecta seriamente a la habilidad de una persona para llevar a cabo sus actividades diarias. Es una deficiencia en la memoria de corto plazo -se olvidan las cosas que acaban de suceder- y a largo -se eliminan los recuerdos-, asociada con problemas del pensamiento, del juicio y otros trastornos de la función cerebral y cambios en la personalidad.

Los síntomas de la demencia incluyen la incapacidad para aprender nueva información y para recordar cosas que se sabían en el pasado; problemas para hablar y expresarse con claridad, o para llevar a cabo actividades motoras o para reconocer objetos. Los pacientes, además, pueden sufrir un cambio en su personalidad y pueden tener dificultades para trabajar o llevar a cabo las actividades habituales. En ocasiones pueden presentar síntomas similares a la depresión (como tristeza o problemas de adaptación) o a la ansiedad.

Entre un 25% y un 50% de las personas con más de 65 años tiene problemas subjetivos de pérdida de memoria, sin embargo ésto no tiene por qué significar que vayan a desarrollar una demencia en el futuro y los expertos suelen considerar esta disminución de las capacidades algo normal que se asocia con la edad.

Existen causas reversibles de demencia como la fiebre alta, la deshidratación, los déficits vitamínicos, la mala nutrición, reacciones adversas a fármacos, problemas con la glándula tiroidea o traumatismos cerebrales leves. El reconocimiento de estas causas y su tratamiento puede mejorar la situación del enfermo, pudiendo retornar a su situación previa tras curar el proceso que ha provocado las alteraciones.

Sin embargo, en la mayoría de los casos la demencia no es reversible. Las causas más frecuentes de demencia irreversible son el mal de Alzheimer y otras enfermedades degenerativas como la enfermedad de Parkinson o la demencia por cuerpos de Lewy. Las demencias de causa vascular son las segundas en importancia en los países occidentales, y las primeras en algunos países orientales como Japón. Este tipo de demencia se produce por lesiones en los vasos que irrigan el cerebro, bien por infartos cerebrales múltiples, o por hemorragias, o por disminución de la sangre que llega al cerebro. Con frecuencia los pacientes tiene una demencia 'mixta', es decir que tienen una enfermedad degenerativa y una afectación cerebrovascular.

La demencia se está convirtiendo en uno de los problemas sanitarios más importantes de nuestra sociedad, cada vez mas anciana. La frecuencia de la demencia se duplica cada cinco años, a partir de los 65 años, y se estima que más del 30% de los pacientes mayores de 85 años tienen demencia. Muchos de estos pacientes tienen una demencia tipo Alzheimer.

Históricamente el término enfermedad de Alzheimer se aplicó a la demencia progresiva que se desarrollaba en la edad media de la vida, antes de la etapa senil. Por el contrario, se denominaba demencia senil a la que aparecía en las etapas avanzadas de la vida. Con el tiempo se fue demostrando que ambos procesos eran el mismo, independientemente de la edad de aparición.


Foto: Alois Alzheimer

De nuevo a clases, con Alzheimer

Delante de Ana se despliega un mundo nuevo. Tiene 80 años y ha visto muchas cosas, pero nunca algo como esto: el desplazamiento de una pequeña flecha sobre la pantalla que sigue los designios del mouse que dirige con mano insegura. Ana tiene mal de Alzheimer y está aprendiendo computación.

En sus estadios iniciales, esa enfermedad neurodegenerativa que afecta a más de 300.000 argentinos y cuyo crecimiento va a la par de la cada vez mayor expectativa de vida, no es un obstáculo para dejar de aprender cosas nuevas. Aun cuando sus síntomas más tempranos sean los problemas de memoria.

"Por falta de estimulación, de iniciativa y de pérdida de interés, los pacientes van dejando actividades que podrían hacer si estuvieran bien estimulados y con el ambiente adaptado a sus necesidades", dice la licenciada Julieta Camino de la Llosa, terapista ocupacional del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), al frente del grupo de pacientes que hace sus primeras armas frente a la PC.

Aprender computación es una idea que nació de los mismos pacientes que participan de los talleres de terapia ocupacional o rehabilitación cognitiva. "Sus nietos o sus hijos tienen computadora y ellos la ven allí, pero no saben usarla -cuenta-, pero dicen que les gustaría aprender."

Y eso están haciendo los que quieren aprender computación. Otros pacientes con Alzheimer prefieren aprender jardinería; otros, decoración de interiores, y otros disfrutan de participar de visitas a museos, especialmente preparadas para pacientes con Alzheimer.

"Lo pasan muy bien -comenta, por su parte, la licenciada María Roca, neuropsicóloga de Ineco que conduce grupos de entrenamiento cognitivo-; además de ser un momento de estimulación cognitiva es un momento de recreación compartido en grupo."

Y es también un momento de relax y descanso para los familiares que han asumido el papel de cuidadores. "El cuidador está sometido a un estrés permanente, en especial cuando se trata de su esposo o esposa, lo que lleva a padecer trastornos de ansiedad y depresión", dice la doctora Alicia Lischinsky, jefa del Area de Apoyo a Familiares y Acompañantes de Ineco.

Prevenir el deterioro

Pero más allá del momento de esparcimiento que ofrecen a los pacientes con Alzheimer, ¿los talleres de rehabilitación cognitiva ayudan a combatir el avance de la enfermedad? "Hay estudios que muestran que hay cambios en el cerebro a medida que uno ejercita ciertas funciones cognitivas", responde la licenciada Teresa Torralva, jefa de Neuropsicología del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

"Hay estudios realizados en personas sanas en las que se realizaron ejercicios de memoria, de planificación y de atención, y se observó un efecto protector sobre el deterioro cognitivo esperable con el paso del tiempo -cuenta Torralva-. Esto evidencia que lo que el trabajo de rehabilitación cognitiva tiene efectos protectores y duraderos."

"En los talleres realizados en el hospital Santojanni con pacientes con deterioro cognitivo, tanto de origen degenerativo [como el Alzheimer] como vascular, observamos una mejora de la memoria, de la capacidad de construir figuras visuales, de la función ejecutiva y de la capacidad de concentración", cuenta el doctor Carlos Mangone, director del Centro de Memoria (011 4644-5498), que funciona en el Servicio de Neurología del citado hospital.

En el Centro de la Memoria que conduce Mangone se lleva adelante un programa de 19 sesiones en las que se les explica cuáles son los distintos tipos de memoria y se realizan distintos tipos de ejercicios para estimularla. "Les enseñamos también técnicas de relajación, ya que muchas veces los pacientes se ponen nerviosos cuando quieren recordar algo, y eso lo hace aún más difícil", agrega.

Según Mangone, los talleres no sólo ayudan al paciente con Alzheimer a luchar contra el deterioro cognitivo de la enfermedad. "Los pacientes se integran realmente a los grupos, donde comparten experiencias. Y eso lo agradecen mucho", concluye.

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

Opinión
Se puede hacer mucho por el paciente
Por Facundo Manes
Para LA NACION

Hoy no hay cura para el Alzheimer, pero se puede hacer mucho para que el paciente y su familia vivan lo mejor posible y para intentar retardar el progreso de los síntomas. Abrazar este concepto es una actitud ante la vida y una de las cosas más útiles que se pueden hacer.

El primer paso para el tratamiento eficiente de la enfermedad es el diagnóstico temprano. Como demuestra un artículo publicado en la revista The Lancet por Bruno Dubois, que lideró un panel de expertos sobre el tema, cuando se diagnostica hoy el Alzheimer éste ya tiene varios años de desarrollo en el paciente. Por eso, el grupo de expertos que condujo Dubois propone nuevos criterios diagnósticos para detectar la enfermedad en sus comienzos y enfatiza la importancia de realizar una consulta médica ante síntomas tempranos como pérdida de memoria.

Por eso, es importante prestar atención a las fallas de la memoria episódica, que se refiere a recuerdos personales en los que uno puede referirse de manera concreta al momento y lugar en el que se adquirieron (por ejemplo la capacidad de retener información del tipo cuál fue la actividad que uno realizó el día anterior).

Cuando el paciente no es consciente o niega sus dificultades de memoria, mientras que la familia las considera significativas, estamos frente a una probable señal de que los trastornos de memoria son más serios.

El diagnóstico temprano de la enfermedad tiene un impacto en el tratamiento médico, pero mucho más importante es que le brinda la posibilidad al paciente de decidir sobre aspectos trascendentales de su vida. Un paciente con diagnóstico inicial de Alzheimer puede, con valentía, decidir su futuro: dedicarle tiempo a su familia, planificar su economía y quizás vivir con mayor intensidad

La segunda clave es obtener el mejor tratamiento farmacológico posible. Existe nueva evidencia acerca de que lo que se creía que era la causa de la enfermedad, el depósito de proteínas entre las neuronas y dentro de estas, no es tan así. Sabemos que hay personas que tienen las características del Alzheimer en su cerebro y no manifiestan los síntomas. Hoy la ciencia trabaja para conocer la causa de la enfermedad para luego pensar una cura. Por el momento, el mejor tratamiento disponible combina drogas de acuerdo con la evolución del paciente.

La tercera clave del tratamiento, y tan importante como la medicación, es la realización de ejercicios que ayuden a estimular las funciones mentales y el trabajo constante en programas que estimulen las habilidades de la vida diaria. Visitar museos y realizar ejercicios de recordación de obras y pintores, aprender computación, tienen un efecto en lo cognitivo y en lo emocional, en la vida del paciente y de sus familiares.

Contener afectivamente al paciente e indudablemente a sus familiares que están sometidos a un estrés permanente es una parte crítica de un tratamiento integral que empieza con una decisión de vida: afrontar con entereza y determinación una de las pruebas más duras que puede afrontar un ser humano: una enfermedad en la se deteriora la propia identidad.

*El autor es director del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco)


Tras el rastro de un gen peligroso

Uno de cada dos argentinos con Alzheimer tiene un gen que lo predispone a sufrir una "versión" del mal que avanza rápidamente. Y neurogenetistas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Instituto Alfredo Lanari realizan una prueba de sangre que permitiría identificarlo no sólo en los pacientes, sino también en familiares jóvenes para retrasar la aparición de la enfermedad.

"Estudiamos un gen, el de la apolipoproteína E (ApoE), que está relacionado con el Alzheimer. El subtipo 4, ApoE 4, aumenta muchísimo más que el subtipo 3 [el otro gen involucrado en la aparición del Alzheimer] el riesgo de desarrollar el mal a partir de los 65 años", explicó el doctor Ignacio Brusco, director del Centro de Alzheimer y Trastornos Cognitivos de la Facultad de Medicina de la UBA y presidente de Alzheimer Argentina.

Según el experto, el ApoE 4 es un gen que indica que la persona tiene un cierto nivel de riesgo de desarrollar la enfermedad. "Es uno de los pocos genes que hoy se pueden medir y que determina la presencia de una predisposición muy fuerte", dijo.

Según los datos obtenidos hasta ahora de los 500 pacientes que integran el banco de estudios genéticos que funciona en el Instituto Lanari, el ApoE 4 aumenta 16 veces el riesgo de desarrollar Alzheimer, y el ApoE 3 lo cuadruplica. "Y una predisposición cuatro veces mayor ya es, para la medicina, un riesgo muy alto", explicó.

La prueba genética, que debe ser solicitada por un médico, se hace en el Lanari. Allí se abre una historia clínica de cada paciente que ingresa en el banco genético, se evalúa si éste tiene la capacidad de recibir el diagnóstico y se le toma una muestra de sangre. Una vez en el laboratorio, se extrae un linfocito de la muestra; se separa el núcleo para poder extraerle el cromosoma 19, que aportará el gen ApoE 3 o 4 para analizar.

"En las personas con el subtipo 4, los síntomas aparecen más temprano [a los 50 años] que en los portadores del ApoE 3, tienen peor evolución y los trastornos cognitivos, conductuales y cronobiológicos son más rápidos y más graves. A los 65 años ya pueden tener demencia", explicó Brusco.

¿Qué pasa con los hijos de estos pacientes? Es un debate bioético. Para Brusco, es mejor identificar el gen por dos motivos: el diagnóstico precoz del Alzheimer permite hacer prevención primaria -sin fármacos- para demorar su aparición. "Se puede aprovechar el tiempo con la prevención primaria, bajando la presión arterial, manteniendo el colesterol por debajo de 200, controlando la homocisteína, estimulando el cerebro y planificando la vida de otra manera", finalizó. 

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