Puede parecer redundante que al encarar un tema psiquiátrico se hable del “rol del psiquiatra” en ese campo; sin embargo, es necesario hacerlo cuando se toma en cuenta la situación actual. En “puestas al día” de cuestiones psiquiátricas algunos médicos entienden que los temas psiquiátricos han sido por fin “des psiquiatrizados y devueltos al médico general”.
Este modo de proceder en la práctica clínica que no sigue las reglas del arte en afecciones psiquiátricas, es entendible y no tiene mayor significación. Es entendible, porque el abordaje de estos temas4 es hecho por médicos inexperientes en el campo psiquiátrico, y no tiene mayor importancia porque en esas situaciones el peso de la realidad de los casos concretos, va llevando a que esos médicos aprendan semiología psiquiátrica, aun cuando ese aprendizaje termine siendo de nivel amateur y no profesional.
Sin embargo, ese modo de actuar se convierte en un problema real cuando es aplicado a los casos de demencia5, porque en este campo es posible realizar parcialmente parte del trabajo clínico, aunque los modelos que se apliquen sean insuficientes y reiteren etapas que la psiquiatría superó en su evolución. El modelo cognitivista de demencia con que la neurociencia actual trabaja se acerca mucho a las características del modelo mecanicista con que la psiquiatría funcionó durante el siglo XIX. Aquel modelo separaba “lo intelectual” de “lo afectivo”, y el actual separa los “trastornos cognitivos” de los demás “trastornos psiquiátricos”, llamándolos “conductuales”.
Aquel modelo entendía el sustrato orgánico de los trastornos mentales al modo de la organicidad focal neurológica, y el actual, favorecido por los desarrollos tecnológicos, tiende a evolucionar hacia un mapeo de la vida mental en el cerebro, como forma moderna de la frenología del siglo XIX6. Este modelo anacrónico continúa siendo utilizado en las
formas de patología mental que antes eran denominadas “trastornos mentales orgánicos”. En estas afecciones donde el déficit intelectual es lo más relevante, y donde la organicidad es evidente, la aplicación de un modelo neuro-cognitivista aparece como natural y hasta intuitiva. En realidad, este modelo sólo puede ser aplicado cuando el investigador se refiere a la demencia en período de estado, donde es evidente para todos, y cuando la finalidad es identificar el proceso orgánico demenciante para intentar su curación. En cambio ese modelo muestra sus limitaciones y determina numerosas contradicciones cuando el objetivo es diferenciar la amnesia del envejecimiento normal, de la amnesia psicopatológica de la demencia.
En este trabajo se tratan cuatro puntos: primero, la existencia de dos modelos de demencia como sustrato de la actividad médica y las causas que han llevado a esta división; segundo, la asistencia de los pacientes considerando a la demencia un trastorno psiquiátrico; tercero, necesidad de distinguir entre proceso orgánico y síndrome de demencia, para resolver diversos objetivos y cuarto, la importancia de la reflexión psicopatológica en demencia.
El análisis de los puntos señalados se realiza teniendo como telón de fondo el proceso demenciante de tipo neurodegenerativo de la enfermedad de Alzheimer, por tres razones:
1) porque sus manifestaciones son propiamente geriátricas, dado que habitualmente se inicia alrededor de los 70 años; 2) porque es el proceso demenciante que presenta diferentes formas de inicio: la mayoría con amnesia anterógrada y progresivamente retrógrada con conservación de la sociabilidad; a veces de forma simple con decadencia típica, especialmente amnésica con gran conformidad y fachada viviendo en un mundo demencial “deshilachado”; otras, con sintomatología psiquiátrica de carácter más o menos agudo: estados de excitación, estados depresivos, experiencias alucinatorias, referencias delirantes, etc.; 3) porque el hecho de ser un trastorno mental que se instala lentamente y persiste en el tiempo, da a este síndrome de empobrecimiento una perspectiva más rica en lo psicopatológico y más significativa del punto de vista sintomático,
sobre todo en el período inicial, muy impregnado por los aspectos personales del paciente.
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