El infarto agudo de miocardio determina una disminución tanto de la capacidad funcional de los miocitos como de la integridad estructural del corazón, al reemplazar el músculo cardíaco injuriado por tejido fibrótico. La hipertrofia celular puede compensar parcialmente la disminución de la contractilidad, pero el cortejo de remodelación lleva al cuadro de la insuficiencia cardíaca progresiva. Recientemente se inició la aplicación de mioblastos indiferenciados autólogos cultivados para reparar tejido cardíaco en humanos. La ventaja clínica de este procedimiento se debe a que la implantación de mioblastos provenientes del músculo esquelético del propio paciente evita dificultades logísticas presentes en otros tratamientos más complejos.
Datos surgidos de diversos estudios recientes llevan a una nueva y revolucionaria conclusión: el corazón se regeneraría completamente en un lapso menor a los 5 años (1) Esto a estimulado la búsqueda de métodos que lograr la recuperación estructural y funcional de la zona afectada. Las células que poseen potencialidad para el desarrollo de la corrección cardíaca pueden ser de variada procedencia. Existen estudios experimentales sobre cardiomiocitos embrionarios-fetales y células embrionarias pluripotenciales a partir del mesodermo, las cuales se alejan del concepto de reparo autogénico, implicando además problemas éticos y necesidad de tratamiento inmunosupresor. También se pueden incluir líneas celulares obtenidas por ingeniería biológica, pero su inconveniente se halla dado por su potencialidad oncogénica. Los cardiomiocitos adultos. son de reproducción difícil y el material se debería obtener por biopsia endomiocárdica. Requieren, además, una suplencia vascular mayor que la que necesitan los mioblastos. (2)
Los Stem Cell, también llamadas células madres, son indiferenciadas, pluripotenciales y se hallan en la médula ósea. (3) Su ubicación histológica determina la diferenciación en un tipo celular determinado por la inducción del medio. (4) Trabajos de Ferrari y colaboradores (5) dieron origen al concepto de regeneración del propio miocardio como alternativa al trasplante cardíaco. En miocardio normal estas células pueden generar cardiomiocitos, pero en un medio de tejido fibrótico podrían desarrollar células con características fibroblásticas (6).
Los Mioblastos provienen del músculo esquelético y son denominadas también células satélites. Son de fácil multiplicación y las más estudiadas, lo cual ha permitido su aplicación en la fase clínica (7). Los mioblastos se hallan en la línea celular que se extiende desde la célula indiferenciada mesodérmica hasta las diferenciadas cardíaca, esquelética y también del músculo liso. Las áreas infartadas donde se implantan estas células, nunca son del todo avasculares y siendo los mioblastos resistentes a la isquemia se permitiría su crecimiento y multiplicación. A diferencia de los cardiomiocitos, tienen conexiones intercelulares ("gap junction") y receptores de dihidroperidinas.
El cultivo de mioblastos esqueléticos, aunque presenta algunas modificaciones, no se aparta demasiado del método utilizado para otro tipo de células. La técnica debe ser depurada y absolutamente estéril bajo una campana de flujo laminar.. El tejido a emplear es un fragmento de músculo esquelético (vasto lateral externo, deltoides) de aproximadamente 2 cm3, equivalentes a 7-8 gramos, del que deben ser separados todos los tejidos aponeuróticos, adiposos y fibrosos. Luego de la digestión enzimática y macerado con enzimas se siembra y observa periódicamente al microscopio para detectar el grado de confluencia alcanzado. Mediante repiques debe lograrse un cultivo de alrededor de 200 a 250 millones de células. El proceso se completa a través de una serie de implantes en el miocardio fibrosado estando regulado este número y la orientación en función del tamaño de la zona infartada.
En 1992 Marelli (8) utilizó mioblastos indiferenciados cultivados para reparar tejido cardíaco no viable en trabajos de investigación. Luego de la fase previa experimental, en el ano 2000 se inició la aplicación de este procedimiento en humanos a través de un grupo francés liderado por Menasché (9). Se ha hallado incremento en la performance contráctil medida con dP/dt, mejoría en la función diastólica por reemplazo de tejido fibrótico con aumento de la elasticidad.(10), incremento del grosor ventricular en la región del infarto, disminución de la progresión de la dilatación ventricular y producción de factores angiogénicos por las células injertadas. De todas formas, es todavía un interrogante si el injerto puede desarrollar acoplamiento electromecánico con el resto del corazón para latir sincrónicamente.