Según un nuevo informe del ONUSIDA/OMS, para ralentizar y hacer retroceder la epidemia hay que ampliar los esfuerzos de prevención y tratamiento del VIH.

Tenemos nuevos datos que indican que las tasas de infección por el VIH en adultos han descendido en algunos países y que los cambios en el comportamiento para prevenir la infección –como una mayor utilización del preservativo, el retraso en la primera experiencia sexual y la reducción del número de parejas sexuales- han desempeñado un papel decisivo en estos descensos. Sin embargo, el nuevo informe de las Naciones Unidas señala que las tendencias generales en la transmisión del VIH no han dejado de aumentar, y que se necesitan esfuerzos de prevención del VIH mucho más intensos para ralentizar la epidemia.
Kenya, Zimbabwe y algunos países de la región del Caribe presentan descensos en la prevalencia del VIH en los últimos años. Así, en Kenya, las tasas globales de infección en adultos han pasado de un máximo del 10% a final de los años 1990 al 7% en 2003, mientras que en Zimbabwe las tasas de VIH entre mujeres embarazadas han descendido del 26% en 2003 al 21% en 2004. En zonas urbanas de Burkina Faso, la prevalencia entre mujeres jóvenes embarazadas bajó de aproximadamente el 4% en 2001 a algo menos del 2% en 2003.
Estos últimos datos aparecen publicados en Situación de la epidemia de SIDA, diciembre de 2005, el informe anual del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este informe conjunto, que este año se centra en la prevención del VIH, se ha dado a conocer con antelación al Día Mundial del SIDA, que se celebra en todo el mundo el día 1 de diciembre.
Algunos avances recientes en la región del Caribe (en Bahamas, Barbados, Bermuda, República Dominicana y Haití) permiten tener un optimismo moderado: concretamente, se dispone de datos de un claro descenso en la prevalencia del VIH entre mujeres embarazadas, de un aumento en la utilización del preservativo entre profesionales del sexo y de la ampliación de los servicios de asesoramiento y pruebas voluntarias del VIH.
A pesar de los descensos registrados en la tasa de infección en algunos países, el número total de personas que viven con el VIH ha continuado aumentando en todas las regiones del mundo salvo en el Caribe. En 2005 se produjeron otros cinco millones de nuevas infecciones. El número de personas que viven con el VIH en todo el mundo ha alcanzado el nivel más elevado, y ha pasado de unas cifras estimadas de 37,5 millones en 2003 a 40,3 millones en 2005. En ese último año, más de tres millones de personas fallecieron por causa de enfermedades relacionadas con el SIDA, y de ellas, más de 500 000 eran niños.
De acuerdo con el informe, los aumentos más acusados en las infecciones por el VIH tuvieron lugar en Europa oriental y Asia central (con un aumento del 25% y 1,6 millones de infecciones) y Asia oriental. No obstante, África subsahariana continúa siendo la región más afectada en el mundo: el 64% de las nuevas infecciones (más de tres millones de personas) ocurren en este subcontinente.
“Nos sentimos esperanzados por los progresos que se han realizado en algunos países y por el hecho de que los programas sostenidos de prevención del VIH han desempeñado un papel decisivo en la reducción del número de infecciones. Pero la realidad es que la epidemia de SIDA continúa superando los esfuerzos mundiales y nacionales para contenerla,” ha manifestado el Dr. Piot, Director Ejecutivo del ONUSIDA. “Es evidente que se necesita ampliar urgentemente el alcance y la escala de los programas de prevención del VIH. Debemos pasar de los pequeños proyectos con horizontes a corto plazo a las estrategias integrales a largo plazo,”, ha añadido.
Impacto del tratamiento del VIH
El informe constata que el acceso al tratamiento del VIH ha aumentado considerablemente en los dos últimos años. En la actualidad, en los países de ingresos bajos y medianos más de un millón de personas están viviendo más tiempo y llevan una vida de más calidad porque siguen el tratamiento antirretrovírico, y se estima que este año se evitaron entre 250 000 y 350 000 defunciones gracias al mayor acceso al tratamiento del VIH.
Al abordar el mayor impacto potencial de integrar la prevención y el tratamiento, el informe de 2005 pone de relieve que una respuesta integral al VIH y al SIDA requiere la aceleración simultánea de los esfuerzos de tratamiento y prevención con el objetivo fundamental del acceso universal a la prevención, tratamiento y atención.
“Ahora podemos ver claramente las ventajas de ampliar progresivamente la prevención y el tratamiento del VIH de forma conjunta y no como intervenciones independientes,” ha declarado el Dr. LEE Jong-wook, Director General de la OMS. “La disponibilidad de tratamiento proporciona un poderoso incentivo tanto a los gobiernos, para que apoyen la información sobre prevención del VIH y los servicios de asesoramiento y pruebas voluntarias, como a las personas, para que soliciten dicha información y dichos servicios. Una prevención eficaz también puede ayudar a reducir el número de personas que a la larga necesitarán atención, con lo que será más factible y sostenible un mayor acceso al tratamiento.”
Futuros desafíos para reforzar la prevención del VIH
Los nuevos datos disponibles ponen de manifiesto que en América Latina, Europa oriental y particularmente Asia, la combinación de consumo de drogas intravenosas y trabajo sexual está espoleando las epidemias, y que los programas de prevención se están quedando cortos para abordar esta superposición de problemas. El informe señala que en diversos lugares los programas intensivos sostenidos han contribuido a reducir la incidencia del VIH: entre los jóvenes en Uganda y Tanzania, entre los profesionales del sexo en Tailandia y la India, y entre los consumidores de drogas intravenosas en España y el Brasil.
El informe también destaca que, sin medidas de prevención del VIH, cerca del 35% de los niños nacidos de madres seropositivas contraerán el virus. Si bien la transmisión maternoinfantil ha sido prácticamente eliminada de los países industrializados y la cobertura de los servicios maternoinfantiles está mejorando en muchos otros lugares, esos servicios siguen siendo muy insuficientes en la mayor parte de África subsahariana. Se necesita urgentemente una ampliación acelerada de tales servicios para reducir esta carga inaceptable.
Siguen siendo bajos los niveles de conocimiento de las relaciones sexuales seguras y el VIH en muchos países, incluso en los que tienen una prevalencia elevada y creciente. En 24 países subsaharianos (entre los que figuran el Camerún, Côte d’Ivoire, Kenya, Nigeria, Senegal y Uganda), las dos terceras partes o más de las mujeres jóvenes (de 15 a 24 años) carecían de un conocimiento cabal de la transmisión del VIH. De acuerdo con una importante encuesta llevada a cabo en Filipinas en 2003, más del 90% de los encuestados seguía creyendo que el VIH se podía transmitir compartiendo una comida con una persona VIH-positiva.
Por último, en algunos países de América Latina, el Caribe, Oriente Medio y África del Norte, la insuficiente vigilancia del VIH está menoscabando los esfuerzos de prevención y por lo general supone que las personas expuestas al mayor riesgo –los varones que tienen relaciones sexuales con varones, los profesionales del sexo y los consumidores de drogas intravenosas- no estén cubiertas o atendidas adecuadamente a través de las estrategias de prevención y tratamiento del VIH.
El informe anual Situación de la epidemia de SIDA da a conocer las últimas novedades de la epidemia mundial de SIDA. La edición de 2005, que incluye mapas y estimaciones regionales, proporciona los cálculos más recientes sobre el alcance y mortalidad de la epidemia, examina las nuevas tendencias en la evolución de la pandemia y presenta una sección especial sobre la prevención del VIH.
El País, Madrid:
En el corazón del sida
Un día con una enfermera que recorre las chabolas de Soweto, la zona con más infectados de Suráfrica
Carol Mabiletsa está en paro. Como más del 40% de los adultos de Soweto. Recuerda cuándo le dijeron que era portadora del VIH (el virus que ataca el sistema de defensas del cuerpo y causa el sida): "El 5 de mayo de 2003". Tenía 29 años, y un hijo de seis. Como la mayoría de las mujeres en Suráfrica, se enteró de que tenía el virus cuando se quedó embarazada. "Afortunadamente, mi segundo hijo nació bien. Los dos están limpios", repite satisfecha la mujer en el centro de día del Hospicio de Soweto, al que va semanalmente.
Una de cada tres personas de esta ciudad surafricana vive con el VIH o tiene sida. Son más de un millón los infectados o enfermos, según cálculos gubernamentales. Ello quiere decir que Soweto tiene el mayor número de afectados dentro del país (Suráfrica) con más casos de sida del mundo: 6,2 millones de 45. "Nadie conoce la cifra exacta. Lo que nosotras sabemos es que cuando empezamos a trabajar aquí a finales de los ochenta, sólo uno de nuestros 40 pacientes tenía sida; ahora son el 98% de los más de 500 que atendemos", dice sister Sibongile, la directora del Hospicio de Soweto.
Hay buen ambiente entre esta veintena de personas, entre infectados, y voluntarios. Se bromea, pero Carol está nerviosa. "Mi último recuento de CD4 fue de 207", afirma. Por debajo de 200 glóbulos blancos de este tipo aparecen las enfermedades oportunistas, que se aprovechan de que las defensas están bajas para atacar a los pacientes. Así que Carol vive en el límite, pendiente de un nuevo análisis para decidir si empieza a tomar medicación.
Sólo en el centro puede hablar de sus temores. "Vivo con mi madre, mi hermano y mis dos hijos en una casita. Pero con ellos no puedo hablar. Mi madre sólo guarda silencio. No me pregunta ni cómo estoy. Ella es la única que trabaja de la familia, y cuando no lo hace me mira y se queda callada. Sí, se puede decir que me discrimina", cuenta Carol, toda energía, durante un descanso que se toma en enhebrar cuentas de colores para fabricar broches. "Vendemos cada uno a 10 rands
. Las muñecas son a 80 [alrededor de 10 euros]", indica, convencida de que la visita va a suponer una pequeña venta.
A 20 minutos por las calles recién asfaltadas de Soweto se encuentra Take Care (Cuidar, en inglés), una mezcla de escuela y hospital. En los tres pabellones de unas antiguas escuelas la Fundación Secure the Future, que organiza esta visita, tiene una pequeña escuela y dos salas de hospitalización. "Ya no hacían falta tantas aulas. Como la gente joven muere, cada vez hay menos niños en Soweto", indica sister Frida. El centro atiende a unos 50 niños de entre dos y seis años, todos ellos hijos -o huérfanos- de infectados. "A un 20% le falta el padre, la madre, o ambos por culpa del sida; el 12% tiene el virus", explica sister Frida. Los niños saben que es un día especial. Intentan contener los nervios antes del concierto de bienvenida para los periodistas. "A todos se les explica lo que es el sida. Tienen derecho a saber por qué sus padres están enfermos, y por qué alguno de ellos tiene que tomar pastillas", dice Frida.
Frida es una de las enfermeras de atención domiciliaria, que es la base del funcionamiento del hospicio. Tras conducir durante más de media hora por carreteras y caminos - "ayer llovió y el agua ha hecho canales en el suelo", se disculpa cuando su pequeño utilitario rojo se atasca en el suelo de tierra roja-, llega a la parcela donde tiene su chabola Ringko Gumede. La mujer, de 52 años, sufre pleuresía, y las piernas hinchadas no le permiten levantarse a saludar a las visitas. Pero se ha encargado de que la única habitación de su vivienda, un rectángulo de tres por cinco metros con techo de uralita, y suelo de tierra esté impoluta. Ringko no quiere hablar de su enfermedad (tiene sida y problemas cardiovasculares, explica luego Frida). Lo que a Ringko le gusta es el fútbol -es seguidora de los Orlando Pirates y le gusta cómo tira las faltas David Beckham- y ver la tele, un aparato brillante y enorme que desentona en la modestia de la habitación. "Me lo ha regalado mi hijo para que no me aburra", dice orgullosa.
Ringko tiene suerte, explica Frida. En una choza igual que la suya, en la misma parcelita, viven su hijo, su nuera y su nieta. Un tercer cubículo sirve de baño comunitario. Además, aparte de la ayuda de la familia, cuenta con la de uno de los voluntarios de Secure the Future, Gumede Simphiwe. "Vengo una vez a la semana, y la ayudo a arreglar la casa, le doy conversación y le hago la comida", dice el muchacho, de 19 años, que se califica como auxiliar socio-sanitario. Gumede es el último nodo de la red. Como él, unas 50 personas se dedican a la atención diaria de las personas enfermas. "Voy caminando, y cuando me entero de que hay alguien enfermo, le hago una visita. Si el caso es grave, aviso al hospicio, que envía a una enfermera o a un médico". La visita a Ringko concluye abruptamente. La mujer sufre un fortísimo ataque de tos.
La red se cierra, de nuevo, en el hospicio. David Sekoati, de 36 años, era taxista, pero se quedó en el paro. "Hablamos y escuchamos, nos enseñan a informar sobre el VIH, a mover a los enfermos encamados, y a ayudarles a que se tomen la medicación" resume David.
La siguiente promoción de asistentes está recibiendo una clase práctica. Por la puerta entreabierta de una habitación se ve cómo cuatro se arremolinan alrededor de la cama de una mujer intubada.
Los enfermos que acuden al hospicio, muchos de ellos a morir, se prestan para que los nuevos cuidadores practiquen. David explica: "Es una mujer y debe de estar muy mal, porque la han dejado sola en una habitación". Todo un lujo en los pabellones del hospicio de Soweto.
Publicado el 30 de noviembre de 2005
Prevención del VIH
1 de Diciembre: Día Mundial del SIDA
Las tasas de infección por el VIH están disminuyendo en algunos países, pero el número de personas que viven con el VIH sigue aumentando en todo el mundo.
Según un nuevo informe del ONUSIDA/OMS, para ralentizar y hacer retroceder la epidemia hay que ampliar los esfuerzos de prevención y tratamiento del VIH.
Tenemos nuevos datos que indican que las tasas de infección por el VIH en adultos han descendido en algunos países y que los cambios en el comportamiento para prevenir la infección –como una mayor utilización del preservativo, el retraso en la primera experiencia sexual y la reducción del número de parejas sexuales- han desempeñado un papel decisivo en estos descensos. Sin embargo, el nuevo informe de las Naciones Unidas señala que las tendencias generales en la transmisión del VIH no han dejado de aumentar, y que se necesitan esfuerzos de prevención del VIH mucho más intensos para ralentizar la epidemia.
Kenya, Zimbabwe y algunos países de la región del Caribe presentan descensos en la prevalencia del VIH en los últimos años. Así, en Kenya, las tasas globales de infección en adultos han pasado de un máximo del 10% a final de los años 1990 al 7% en 2003, mientras que en Zimbabwe las tasas de VIH entre mujeres embarazadas han descendido del 26% en 2003 al 21% en 2004. En zonas urbanas de Burkina Faso, la prevalencia entre mujeres jóvenes embarazadas bajó de aproximadamente el 4% en 2001 a algo menos del 2% en 2003.
Estos últimos datos aparecen publicados en Situación de la epidemia de SIDA, diciembre de 2005, el informe anual del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este informe conjunto, que este año se centra en la prevención del VIH, se ha dado a conocer con antelación al Día Mundial del SIDA, que se celebra en todo el mundo el día 1 de diciembre.
Algunos avances recientes en la región del Caribe (en Bahamas, Barbados, Bermuda, República Dominicana y Haití) permiten tener un optimismo moderado: concretamente, se dispone de datos de un claro descenso en la prevalencia del VIH entre mujeres embarazadas, de un aumento en la utilización del preservativo entre profesionales del sexo y de la ampliación de los servicios de asesoramiento y pruebas voluntarias del VIH.
A pesar de los descensos registrados en la tasa de infección en algunos países, el número total de personas que viven con el VIH ha continuado aumentando en todas las regiones del mundo salvo en el Caribe. En 2005 se produjeron otros cinco millones de nuevas infecciones. El número de personas que viven con el VIH en todo el mundo ha alcanzado el nivel más elevado, y ha pasado de unas cifras estimadas de 37,5 millones en 2003 a 40,3 millones en 2005. En ese último año, más de tres millones de personas fallecieron por causa de enfermedades relacionadas con el SIDA, y de ellas, más de 500 000 eran niños.
De acuerdo con el informe, los aumentos más acusados en las infecciones por el VIH tuvieron lugar en Europa oriental y Asia central (con un aumento del 25% y 1,6 millones de infecciones) y Asia oriental. No obstante, África subsahariana continúa siendo la región más afectada en el mundo: el 64% de las nuevas infecciones (más de tres millones de personas) ocurren en este subcontinente.
Impacto del tratamiento del VIH
El informe constata que el acceso al tratamiento del VIH ha aumentado considerablemente en los dos últimos años. En la actualidad, en los países de ingresos bajos y medianos más de un millón de personas están viviendo más tiempo y llevan una vida de más calidad porque siguen el tratamiento antirretrovírico, y se estima que este año se evitaron entre 250 000 y 350 000 defunciones gracias al mayor acceso al tratamiento del VIH.
Al abordar el mayor impacto potencial de integrar la prevención y el tratamiento, el informe de 2005 pone de relieve que una respuesta integral al VIH y al SIDA requiere la aceleración simultánea de los esfuerzos de tratamiento y prevención con el objetivo fundamental del acceso universal a la prevención, tratamiento y atención.
Futuros desafíos para reforzar la prevención del VIH
Los nuevos datos disponibles ponen de manifiesto que en América Latina, Europa oriental y particularmente Asia, la combinación de consumo de drogas intravenosas y trabajo sexual está espoleando las epidemias, y que los programas de prevención se están quedando cortos para abordar esta superposición de problemas. El informe señala que en diversos lugares los programas intensivos sostenidos han contribuido a reducir la incidencia del VIH: entre los jóvenes en Uganda y Tanzania, entre los profesionales del sexo en Tailandia y la India, y entre los consumidores de drogas intravenosas en España y el Brasil.
El informe también destaca que, sin medidas de prevención del VIH, cerca del 35% de los niños nacidos de madres seropositivas contraerán el virus. Si bien la transmisión maternoinfantil ha sido prácticamente eliminada de los países industrializados y la cobertura de los servicios maternoinfantiles está mejorando en muchos otros lugares, esos servicios siguen siendo muy insuficientes en la mayor parte de África subsahariana. Se necesita urgentemente una ampliación acelerada de tales servicios para reducir esta carga inaceptable.
Siguen siendo bajos los niveles de conocimiento de las relaciones sexuales seguras y el VIH en muchos países, incluso en los que tienen una prevalencia elevada y creciente. En 24 países subsaharianos (entre los que figuran el Camerún, Côte d’Ivoire, Kenya, Nigeria, Senegal y Uganda), las dos terceras partes o más de las mujeres jóvenes (de 15 a 24 años) carecían de un conocimiento cabal de la transmisión del VIH. De acuerdo con una importante encuesta llevada a cabo en Filipinas en 2003, más del 90% de los encuestados seguía creyendo que el VIH se podía transmitir compartiendo una comida con una persona VIH-positiva.
Por último, en algunos países de América Latina, el Caribe, Oriente Medio y África del Norte, la insuficiente vigilancia del VIH está menoscabando los esfuerzos de prevención y por lo general supone que las personas expuestas al mayor riesgo –los varones que tienen relaciones sexuales con varones, los profesionales del sexo y los consumidores de drogas intravenosas- no estén cubiertas o atendidas adecuadamente a través de las estrategias de prevención y tratamiento del VIH.
El informe anual Situación de la epidemia de SIDA da a conocer las últimas novedades de la epidemia mundial de SIDA. La edición de 2005, que incluye mapas y estimaciones regionales, proporciona los cálculos más recientes sobre el alcance y mortalidad de la epidemia, examina las nuevas tendencias en la evolución de la pandemia y presenta una sección especial sobre la prevención del VIH.
El País, Madrid:
En el corazón del sida
Un día con una enfermera que recorre las chabolas de Soweto, la zona con más infectados de Suráfrica
Carol Mabiletsa está en paro. Como más del 40% de los adultos de Soweto. Recuerda cuándo le dijeron que era portadora del VIH (el virus que ataca el sistema de defensas del cuerpo y causa el sida): "El 5 de mayo de 2003". Tenía 29 años, y un hijo de seis. Como la mayoría de las mujeres en Suráfrica, se enteró de que tenía el virus cuando se quedó embarazada. "Afortunadamente, mi segundo hijo nació bien. Los dos están limpios", repite satisfecha la mujer en el centro de día del Hospicio de Soweto, al que va semanalmente.
Una de cada tres personas de esta ciudad surafricana vive con el VIH o tiene sida. Son más de un millón los infectados o enfermos, según cálculos gubernamentales. Ello quiere decir que Soweto tiene el mayor número de afectados dentro del país (Suráfrica) con más casos de sida del mundo: 6,2 millones de 45. "Nadie conoce la cifra exacta. Lo que nosotras sabemos es que cuando empezamos a trabajar aquí a finales de los ochenta, sólo uno de nuestros 40 pacientes tenía sida; ahora son el 98% de los más de 500 que atendemos", dice sister Sibongile, la directora del Hospicio de Soweto.
Hay buen ambiente entre esta veintena de personas, entre infectados, y voluntarios. Se bromea, pero Carol está nerviosa. "Mi último recuento de CD4 fue de 207", afirma. Por debajo de 200 glóbulos blancos de este tipo aparecen las enfermedades oportunistas, que se aprovechan de que las defensas están bajas para atacar a los pacientes. Así que Carol vive en el límite, pendiente de un nuevo análisis para decidir si empieza a tomar medicación.
Sólo en el centro puede hablar de sus temores. "Vivo con mi madre, mi hermano y mis dos hijos en una casita. Pero con ellos no puedo hablar. Mi madre sólo guarda silencio. No me pregunta ni cómo estoy. Ella es la única que trabaja de la familia, y cuando no lo hace me mira y se queda callada. Sí, se puede decir que me discrimina", cuenta Carol, toda energía, durante un descanso que se toma en enhebrar cuentas de colores para fabricar broches. "Vendemos cada uno a 10 rands
. Las muñecas son a 80 [alrededor de 10 euros]", indica, convencida de que la visita va a suponer una pequeña venta.
A 20 minutos por las calles recién asfaltadas de Soweto se encuentra Take Care (Cuidar, en inglés), una mezcla de escuela y hospital. En los tres pabellones de unas antiguas escuelas la Fundación Secure the Future, que organiza esta visita, tiene una pequeña escuela y dos salas de hospitalización. "Ya no hacían falta tantas aulas. Como la gente joven muere, cada vez hay menos niños en Soweto", indica sister Frida. El centro atiende a unos 50 niños de entre dos y seis años, todos ellos hijos -o huérfanos- de infectados. "A un 20% le falta el padre, la madre, o ambos por culpa del sida; el 12% tiene el virus", explica sister Frida. Los niños saben que es un día especial. Intentan contener los nervios antes del concierto de bienvenida para los periodistas. "A todos se les explica lo que es el sida. Tienen derecho a saber por qué sus padres están enfermos, y por qué alguno de ellos tiene que tomar pastillas", dice Frida.
Frida es una de las enfermeras de atención domiciliaria, que es la base del funcionamiento del hospicio. Tras conducir durante más de media hora por carreteras y caminos - "ayer llovió y el agua ha hecho canales en el suelo", se disculpa cuando su pequeño utilitario rojo se atasca en el suelo de tierra roja-, llega a la parcela donde tiene su chabola Ringko Gumede. La mujer, de 52 años, sufre pleuresía, y las piernas hinchadas no le permiten levantarse a saludar a las visitas. Pero se ha encargado de que la única habitación de su vivienda, un rectángulo de tres por cinco metros con techo de uralita, y suelo de tierra esté impoluta. Ringko no quiere hablar de su enfermedad (tiene sida y problemas cardiovasculares, explica luego Frida). Lo que a Ringko le gusta es el fútbol -es seguidora de los Orlando Pirates y le gusta cómo tira las faltas David Beckham- y ver la tele, un aparato brillante y enorme que desentona en la modestia de la habitación. "Me lo ha regalado mi hijo para que no me aburra", dice orgullosa.
Ringko tiene suerte, explica Frida. En una choza igual que la suya, en la misma parcelita, viven su hijo, su nuera y su nieta. Un tercer cubículo sirve de baño comunitario. Además, aparte de la ayuda de la familia, cuenta con la de uno de los voluntarios de Secure the Future, Gumede Simphiwe. "Vengo una vez a la semana, y la ayudo a arreglar la casa, le doy conversación y le hago la comida", dice el muchacho, de 19 años, que se califica como auxiliar socio-sanitario. Gumede es el último nodo de la red. Como él, unas 50 personas se dedican a la atención diaria de las personas enfermas. "Voy caminando, y cuando me entero de que hay alguien enfermo, le hago una visita. Si el caso es grave, aviso al hospicio, que envía a una enfermera o a un médico". La visita a Ringko concluye abruptamente. La mujer sufre un fortísimo ataque de tos.
La red se cierra, de nuevo, en el hospicio. David Sekoati, de 36 años, era taxista, pero se quedó en el paro. "Hablamos y escuchamos, nos enseñan a informar sobre el VIH, a mover a los enfermos encamados, y a ayudarles a que se tomen la medicación" resume David.
La siguiente promoción de asistentes está recibiendo una clase práctica. Por la puerta entreabierta de una habitación se ve cómo cuatro se arremolinan alrededor de la cama de una mujer intubada.
Los enfermos que acuden al hospicio, muchos de ellos a morir, se prestan para que los nuevos cuidadores practiquen. David explica: "Es una mujer y debe de estar muy mal, porque la han dejado sola en una habitación". Todo un lujo en los pabellones del hospicio de Soweto.