“Lado B”, por Celina Abud | 10 ENE 22

Ansiosos: ¿se puede sostener la paz mental en este momento histórico?

Se suele hablar de la “pandemia” de salud mental, en especial los trastornos de ansiedad. ¿Pero hasta qué punto se puede considerar patológica en contextos de amenaza? ¿Síntoma o respuesta adaptativa? Todo depende del contexto.
Autor/a: Celina Abud Fuente: IntraMed 

La incertidumbre, sin duda, genera ansiedad. ¿Y qué más incierto que la irrupción de la pandemia de COVID-19, con sus diferentes etapas? Desconocimiento de un virus nuevo, sobreabundancia de información, irrupciones de preprints, opiniones encontradas de expertos, recomendaciones que se descartan, nuevas recomendaciones que se adoptan, variantes de preocupación, dosis de refuerzo y una pregunta sin respuesta: “¿Hasta cuándo?”

Sin duda, crecieron los cuadros de ansiedad. Pero debido al contexto, ¿se deben tomar como un “rasgo” o “síntoma” o como una respuesta emocional adaptativa que nos lleva a tomar conductas de protección frente al riesgo? A pesar de que suelen remarcarse sus aspectos negativos, ¿se puede hablar de que en ciertos casos existe una ´ansiedad saludable´?

El estudio Adaptive function and correlates of anxiety during a pandemic (Función adaptativa y correlatos de ansiedad durante una pandemia”, publicado en la revista Evolution, Medicine & Public Health se plantea esta pregunta. Incluso, tras realizar distintas encuestas halló que “las personas con más ansiedad pandémica exhibieron comportamientos de evitación de riesgo con mayor frecuencia”, como por ejemplo quedarse en casa o adoptar otras medidas de protección, como el uso de barbijo o la distancia social.

Sabemos que la ansiedad es una respuesta emocional que se desencadena en la anticipación de una posible amenaza y que ayuda a la persona a prepararse para enfrentar una situación peligrosa. Con todo, el hecho de estar demasiado orientado hacia el futuro puede tener un costo. El del estrés, el del aumento del cortisol, el de la necesidad de obtener recompensa inmediata y disponible, por ejemplo, la comida chatarra.

Sin embargo lo que se plantean los autores de este trabajo es que mantener un nivel de ansiedad saludable puede promover los comportamientos protectores. ¿Pero qué es exactamente un nivel saludable? De acuerdo con ellos, el umbral de respuesta óptimo depende de los costos y beneficios de expresar la respuesta de defensa. Por ejemplo, un conejo puede correr ante cualquier ruido asumiendo que procede de un depredador (cuando en realidad es el viento) y eso puede costarle energía. Sin embargo, si no dispara esa alarma y efectivamente se topa con un depredador, puede costarle la vida.

También recuerdan que desde el punto de vista clínico la ansiedad se considera patológica si afecta la calidad de vida de un individuo. Mientras que desde una perspectiva evolutiva, la respuesta es inadecuada o desmedida cuando no produce los efectos para la que fue seleccionada y en su lugar, causa daños y provoca trastornos.  

Dicho esto, no es irracional pensar que nuestros sistemas de alarma se disparen ante las fluctuaciones de la pandemia. Antes de la irrupción de las variantes Delta primero y Ómicron después y con la mayoría de la población vacunada, tomamos precauciones aunque desactivamos ciertas alarmas. Lo necesitábamos, porque la hipervigilancia genera cortisol, con sus efectos negativos a largo plazo. Entonces, hasta los más cautelosos (y ansiosos) ya no esperaban siete días entre visita y visita para evitar la exposición al virus. Con salir al aire libre era más que suficiente. Incluso, muchos se animaron a bajarse el barbijo en una calle no transitada, cuando antes ni se lo planteaban.

Pero la desigualdad pudo más y surgió en el continente menos vacunado la variante más contagiosa. Y encontró su escenario de expansión en otros continentes en donde una tasa considerable de la población eligió no vacunarse, aunque pudiera. Con estos cambios, volvieron las maneras más extremas de responder.

Es que ante ambientes desfavorables, existen distintas maneras de reaccionar desde el punto de vista adaptativo. Una es la rápida; en la que se asume que la vida será breve y no se posterga la satisfacción. Algo así como el famoso “de algo hay que morir” o el “live fast, die young” de las estrellas de rock. La otra es la lenta, en la que se asume que la vida será larga y la gratificación puede postergarse. Algo así como “estudiá inglés hoy, que mañana me lo vas a agradecer” de los padres.

 

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