Solicitó la eutanasia | 24 OCT 21

Françoise Hardy: la rosa que pide morir

En el tema "Mon amie la rose", habla de la belleza de una flor, pero también de la finitud como destino inevitable. Hoy la cantante, aquejada por un cáncer terminal, quiere irse.
Autor/a: Celina Abud Fuente: IntraMed 

“No somos gran cosa, y mi amiga la rosa me lo dijo esta mañana”. Con esos versos arranca Mon amie la rose (1964), una canción compuesta e interpretada por Françoise Hardy en la que la flor le cuenta a la cantante su breve historia, desde la belleza naciente al inexorable deterioro, con la finitud como la única certeza posible y también, como liberación. Hoy, a sus 77 años, Françoise Hardy quiere morir. Aquejada por un cáncer terminal, pide la eutanasia para partir dignamente y dice no tener miedo a la muerte, pero sí a sufrir.

“Me abrí feliz y enamorada a los rayos de sol. Me cerré por la noche, me desperté vieja. Sin embargo era muy bella. Sí, era la más bella de las flores de tu jardín”, sigue la canción. Y comparar es inevitable. Nacida el 17 de enero de 1944, Françoise Hardy no solo posee un talento excelso, sino también uno de los rostros más bellos jamás conocidos. En Francia, ella se creía poco atractiva, tímida y solitaria, pero durante una gira a Inglaterra su autopercepción cambió. Llegó a decir: “Sentía que los periodistas se interesaban mucho más por mi aspecto que por mis canciones”. Y más allá de su voz suave y sus letras profundas, con las que parecía tener el éxito ganado, dijo: “Si hubiera medido 1,20 metros y hubiera pesado 100 kilos, ciertamente no hubiera seguido la misma carrera”.

Es que sus canciones, como sus frases, siempre se mantuvieron al margen de la hipocresía. Basta escuchar temas como  Voilá (Ya está) o Message personnel (Mensaje personal), para notar que hablan del amor contenido, ese que se calla, pero que quiere salir a los gritos como una sentencia inevitable. Que Hardy haya sido catalogada como referente del pop romántico francés es, al menos, insuficiente.  Su calma al cantar era el disfraz que disimulaba, tal vez sin quererlo, las heridas que forman parte de nuestra existencia, sin excepción. “Mira, el Dios que creó, me hace inclinar la cabeza, y siento que me caigo. Mi corazón está casi desnudo, tengo un pie en la tumba, ahora ya no soy. Tu me admirabas ayer y yo seré polvo mañana, para siempre”, había dicho la rosa en 1964. Y tenía razón.  

A principios de 2021, Hardy brindó una entrevista a la revista Femme Actuelle en la que reveló el padecimiento que vive desde que se le diagnosticó un cáncer de faringe en 2018. En sus palabras, sus días son “un infierno” tras los efectos de su tratamiento: carece de saliva, no puede tragar, sufre hemorragias nasales, presenta dificultades para hablar y quedó sorda de un oído. Por eso es que pide ayuda para poner fin a sus días, de la misma forma que ella lo había hecho con su madre, víctima de una afección degenerativa. “Ella padecía la enfermedad de Charcot y tuvo la suerte de encontrar un médico que le aplicó la eutanasia con mi ayuda cuando ya no podía ir más lejos”, recordó.

 

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