¿Cuáles son sus implicancias? | 16 AGO 21

Efectos posvirales de COVID-19 en el sistema olfativo

La inflamación conduce a déficits olfativos persistentes en un subconjunto de personas
Autor/a: Michael S Xydakis, MD, Mark W Albers, MD, Eric H Holbrook, MD Dina M Lyon, MS, et al. Fuente: The Lancet Neurology DOI:https://doi.org/10.1016/S1474-4422(21)00182-4 Post-viral effects of COVID-19 in the olfactory system and their implications

Antecedentes

Se desconocen los mecanismos por los cuales cualquier virus de las vías respiratorias superiores, incluido el SARS-CoV-2, altera la función quimiosensorial. COVID-19 se asocia con frecuencia con disfunción olfativa después de una infección viral, lo que brinda una oportunidad de investigación para evaluar el curso natural de este hallazgo neurológico.

Los ensayos clínicos y los estudios prospectivos e histológicos de la disfunción olfativa posvírica de nueva aparición se han visto limitados por los tamaños de muestra pequeños y la escasez de datos avanzados de neuroimagen y muestras neuropatológicas.

Aunque ahora se dispone de datos de muestras neuropatológicas, la obtención de imágenes neurológicas del sistema olfatorio durante la fase aguda de la infección sigue siendo poco común debido a preocupaciones sobre el control de la infección y enfermedades críticas, y representa una laguna sustancial en el conocimiento.

Desarrollos recientes

No se ha probado la replicación activa de SARS-CoV-2 dentro del parénquima cerebral (es decir, en neuronas y glía). No obstante, la disfunción olfativa posvírica puede verse como un déficit neurológico focal en pacientes con COVID-19.

También es escasa la evidencia de una relación causal directa entre la infección por SARS-CoV-2 y los hallazgos cerebrales anormales en la autopsia, y de la propagación trans-sináptica del virus desde el epitelio olfatorio al bulbo olfatorio.

En conjunto, los datos clínicos, radiológicos, histológicos, ultraestructurales y moleculares implican inflamación, con o sin infección, en el epitelio olfatorio, el bulbo olfatorio o en ambos.

Esta inflamación conduce a déficits olfativos persistentes en un subconjunto de personas que se han recuperado del COVID-19.

La neuroimagen ha revelado inflamación localizada en estructuras olfativas intracraneales. Hasta la fecha, la evidencia histopatológica, ultraestructural y molecular no sugiere que el SARS-CoV-2 sea un neuropatógeno obligado.

¿Cómo sigue?

Se desconoce la prevalencia de patología del SNC y del bulbo olfatorio en pacientes con COVID-19. Postulamos que, en personas que se han recuperado de COVID-19, un déficit olfativo crónico, recrudescente o permanente podría ser un pronóstico de una mayor probabilidad de secuelas neurológicas o trastornos neurodegenerativos a largo plazo.

Un estímulo inflamatorio desde el epitelio olfatorio nasal a los bulbos olfatorios y las regiones cerebrales conectadas podría acelerar los procesos patológicos y la progresión sintomática de la enfermedad neurodegenerativa.

El deterioro olfativo persistente con o sin distorsiones de la percepción (es decir, parosmias o fantosmias) después de la infección por SARS-CoV-2 podría, por lo tanto, servir como marcador para identificar a las personas con un mayor riesgo a largo plazo de enfermedad neurológica.


Introducción

Hasta 2002, cuando el SARS-CoV cruzó la barrera de las especies para infectar a los seres humanos, los coronavirus se consideraban patógenos humanos menores. El SARS-CoV y el SARS-CoV-2 son coronavirus relacionados y tienen una homología de secuencia de ácido nucleico del 72,8 %. Además, ambos virus utilizan la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2) como receptor de entrada, que se acopla a la glucoproteína de pico trimérica ubicada en la superficie del virión. A pesar de estas similitudes, cada infección viral tiene un curso clínico distinto. A diferencia de la infección por SARS-CoV-2, la infección por SARS-CoV no produce deterioro olfatorio y afecta principalmente al tracto respiratorio inferior.

Principio permanente en virología: aunque los receptores de entrada viral y los cofactores en la superficie de las células hospedadoras determinan la infectividad, la patogénesis no puede inferirse del patrón de expresión del receptor de entrada viral solo.

Las características neurotrópicas, neuroinvasivas y neurovirulentas del SARS-CoV-2 no se comprenden completamente. Aunque la anosmia o hiposmia de aparición repentina (es decir, pérdida total o parcial del olfato) son indicadores específicos de infección temprana, no se ha dilucidado por completo la forma precisa en que se deteriora el sistema olfatorio.

Las estimaciones de prevalencia agrupadas revelan disfunción olfativa en aproximadamente la mitad a las tres cuartas partes de las personas diagnosticadas con COVID-19, y las estimaciones tienden a aumentar cuando se utilizan herramientas de diagnóstico cuantitativo semiobjetivo, que gradúan los niveles de deterioro para detectar la pérdida subclínica del olfato.

El SARS-CoV-2 es altamente patógeno y posiblemente infecta varios tipos de células y tejidos. Como resultado, la infección por SARS-CoV-2 causa una variedad de síntomas sistémicos. Sin embargo, no está claro si los síntomas son el resultado de la invasión directa del virus a los tejidos o de una inflamación sistémica y desregulada o una microangiopatía generalizada (a menudo con trombos microcirculatorios resultantes).

Los virus con la capacidad intrínseca de acceder al tejido neural son bastante infrecuentes. La neuroinvasión puede ser facultativa y oportunista (es decir, el virus se propaga con poca frecuencia a células y tejidos fuera del objetivo) o obligada (es decir, el virus se replica dentro de las neuronas). No está claro si las cepas de SARS-CoV-2 son explícitamente trópicas, citopáticas o ambas para el tejido neural (neuronas y glía) o neurovasculatura (endotelio).

El ácido nucleico viral, detectado por RT-PCR en tejido neural, podría no serlo reflejan una infección directa en ese sitio, pero más bien una diseminación hematógena desde tejidos infectados distantes. Estas lagunas de conocimiento sobre el tropismo y la patogenicidad del SARS-CoV-2 son barreras considerables para comprender los efectos clínicos de la infección por el SARS-CoV-2 en el sistema nervioso olfativo y el SNC.

En esta Revisión Rápida, discutimos la asociación entre la disfunción olfativa post-viral y la infección por SARS-CoV-2, resumimos las vías biológicas, contextualizamos la evidencia histológica de los estudios de autopsias y proponemos una hipótesis sobre la utilidad de esta disfunción para predecir la subsecuente disfunción neurológica. trastornos.

Teniendo en cuenta la relación entrelazada entre el olfato y el gusto, y porque se sabe poco acerca de los mecanismos subyacentes que podrían explicar la ageusia completa (es decir, la pérdida del gusto) y la pérdida de la quimiostesis oral observada junto con el olfato posvírico en la disfunción en personas con COVID-19, nos enfocamos solo en la sintomatología olfativa.

Disfunción olfativa después de la infección por SARS-CoV-2

Los mecanismos subyacentes a la disfunción olfativa en personas que han tenido COVID-19 son difíciles de desenredar debido a la heterogeneidad de presentaciones. Tal heterogeneidad implica que la infección por SARS-CoV-2 puede alterar la función olfativa en múltiples niveles anatómicos y a través de varios mecanismos fisiopatológicos que no son mutuamente excluyentes.

Se desconocen los factores que subyacen a las diferencias en la recuperación. En la mayoría de los casos de COVID-19, la recuperación de la función olfativa es rápida, aparentemente completa y por lo general ocurre en paralelo con la resolución de los síntomas físicos, nasosinusales y corizales.

La mediana de tiempo de recuperación de la función después de que se manifiestan los síntomas de disfunción olfativa es de aproximadamente 10 días, aunque la hiposmia residual e inaparente, junto con las distorsiones de la percepción, pueden persistir.

Panel 1
Tipos de disfunción olfativa después de una infección viral

  • Disfunción transitoria o de corta duración

    Pérdidas conductivas (obstructivas) o mecánicas (p. Ej., Congestión) resultantes del bloqueo del aire inspirado debido a la inflamación local y el edema del tejido de la mucosa en la hendidura olfatoria y los conductos nasales superiores.

    La disfunción neurosensorial (epitelio olfatorio y par craneal 1) se puede subdividir en dos tipos:
    1. Cantidad alterada o función de las moléculas receptoras que se unen a los olores.
    2. Neuropraxia o disfunción de las neuronas sensoriales olfativas.
     
  • La disfunción central (bulbos olfatorios y cerebro) podría subdividirse en:

    * Los efectos descendentes sobre la disfunción olfativa central (p. Ej., Traumatismo craneoencefálico agudo o enfermedad de Parkinson) no se conocen bien.

    Patosis aislada a los bulbos olfatorios.
    Patosis aislada de regiones cerebrales de orden superior como la corteza piriforme y la corteza orbitofrontal.
     
  • Disfunción crónica o permanente

Pérdida de epitelio olfatorio (posiblemente debido a la muerte de las células madre neurales).
Interrupción de las redes centrales de procesamiento olfativo.

  • Recuperación funcional incierta

En personas con COVID-19, la evidencia endoscópica y radiográfica muestra que las hendiduras olfativas de la bóveda nasal superior no están obstruidas, lo que sugiere que la hiposmia no se explica por el modelo conductor. Sin embargo, la obstrucción nasal reversible del flujo de aire a través del meato superior (el llamado síndrome de hendidura olfatoria) también se encuentra en un subconjunto de personas con disfunción olfativa después de la infección por SARS-CoV-2.

La tasa de recuperación de la función olfativa en personas con el llamado COVID prolongado (es decir, personas con síntomas persistentes durante más de 3 meses) aún se desconoce. Se requiere un período de observación de 12 a 24 meses antes de que la alteración olfativa crónica pueda clasificarse como permanente.

 

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