Entre la urgencia y el rigor | 18 ENE 21

La problemática del conocimiento científico en tiempos de pandemia

La ciencia es una empresa colectiva y supraindividual, libre de súper héroes.
Autor/a: Prof. Dr. Oscar Bottasso 

"El rasgo más valioso del hombre es un sentido juicioso de qué no creer", Eurípides

Independientemente de profesar una religión, o no; resulta claro que las personas poseemos una cuota de religiosidad, en esto de sentirnos ligados a distintos estamentos del quehacer humano, como puede ser el arte en todas sus facetas, o cuestiones deportivas y partidarias, entre otros. Dichas actitudes entrañan una variedad de creencias con las que nos sentimos, por su parte, muy involucrados.

Ande yo caliente y ríase la gente”, componía Góngora. Empero, desde la óptica de la ciencia, cuando nos proponemos “CONOCER” en realidad apuntamos a incrementar nuestro bagaje de “creencias auténticas”, por así decirlo. Concretamente, ubicar las cosas en su justo lugar, y dotarlas del sustento que brinda un conocimiento genuino y correctamente adquirido a través de la razón.

Desde esta perspectiva y dentro de los diferentes tipos de conocimiento proposicional, contamos con el provisto por las ciencias fácticas donde se incluyen las biomédicas que mucho han contribuido al desarrollo de la Medicina. A partir de tal o cual problema, se formula una hipótesis (conjetura anticipada), de la cual se deducen las consecuencias observacionales a ser contrastadas en un riguroso experimento o estudio clínico, que a la postre posibilitará rebatir el supuesto, o no; en cuyo caso será aceptado. Cuando las hipótesis sobreviven a reiterados intentos refutatorios, cobran más consenso e ingresan al terreno de explicaciones robustas con grandes chances de lograr ciudadanía en la comunidad científica; sin llegar a constituir leyes ecuménicas para todo tiempo, circunstancias y objetos pertinentes. El hecho que la verificación experimental se asiente sobre procedimientos cambiantes exige además mantenernos abiertos a planteos y abordajes alternativos. Es más, de no haber procedido así, muchos de los avances científicos no habrían tenido a lugar.

No obstante que la objetividad resulta inalcanzable, munidos de la menor subjetividad posible los investigadores vienen sometiendo sus ideas a la corroboración experimental. En un momento dado aparece el “hallazgo capaz de abrir una brecha”, que, de proseguir con una serie de ratificaciones sucesivas, irá trepando paulatinamente hasta proposiciones de generalidad creciente con un alto grado de probabilidad explicativa. Se van consolidando zonas de gran luminosidad, y bases sólidas, donde nos sentimos muy seguros con nuestras aseveraciones. También sobreviene la estadística más fina, muy útil en esto de monitorear los riesgos a futuro y si se quiere hasta la utopía de controlarlo.

Todo ello visualizado como una empresa colectiva y supraindividual, libre de súper héroes. Subsumida en un sistema que constituye una unidad ordenada, donde los nuevos conocimientos se van incorporando y relacionando con los ya existentes, siempre bajo el análisis crítico respecto a cuán seguros nos sentimos de estar conociendo bien. Algo así como una estructura impersonal que a la vez es la sumatoria de muchos esfuerzos individuales, gracias a la cual, conocemos mucho más que nuestros predecesores, y nos plantearnos interrogantes que antes no; en un contexto que por supuesto no es ahistórico ni valorativamente neutro.

Es claro que llegado a un punto donde la evidencia se torna consistente la hipótesis deja de someterse a ulteriores contrastaciones y el conocimiento sirve para favorecer el desarrollo de herramientas prácticas. En el caso de la medicina, por ejemplo, pautas de control para las enfermedades...hasta que un nuevo avance nos proporcione un instrumento mejor.

Como una suerte de transposición, estos desarrollos terminan instalando sus propias creencias. Un hecho ligado a la relación entre una proposición y el estado de cosas, también designado como “verdad por correspondencia”. ¿Pero a qué verdad nos estamos refiriendo? A la científica, que no tiene cabida para los acostumbrados dixit. Provisoria puesto que la ciencia nunca se detiene, prosigue sus investigaciones con el fin de comprender mejor la “realidad” en el supuesto que fuera posible. Una “verdad” que acarrea la fortaleza de su carácter aperturista y revisionista con un oído siempre atento a las disonancias que nos preservan de caer en las encerronas de lo aparentemente imperturbable.

 

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