Desde el amor a los ladrones de billeteras | 26 ENE 20

Tocar: vivir a través del tacto

El poder "oculto" del tacto en términos de su capacidad para impulsar nuestro comportamiento y emociones
Autor/a: Alberto Gallace Fuente: The Psychologist Living with touch

A pesar de ser una modalidad sensorial relativamente poco investigada, el tacto está involucrado en la gran mayoría de nuestras actividades diarias, desde comer y caminar hasta besar y abrazar. El poder "oculto" del tacto en términos de su capacidad para impulsar nuestro comportamiento y emociones ahora se ha demostrado en una serie de estudios científicos.

El tacto también contribuye a diferenciarnos del mundo externo, y es probable que tenga el mayor impacto en nuestro placer y bienestar.

Ningún otro sentido puede excitarte como el tacto. (Field, 2001, p.57)

Justo antes de la octava semana de gestación, un embrión puede desarrollar sensibilidad a la estimulación táctil (por ejemplo, Bernhardt, 1987; Gottlieb, 1971): comienza a tocarse. Mientras que el sistema visual requiere un desarrollo prolongado para ser completamente efectivo, el sentido del tacto es quizás la matriz primordial sobre la cual comienza a formarse la conciencia de nosotros mismos como individuos, separados del mundo externo.

La piel y sus receptores también constituyen el más grande de nuestros órganos sensoriales. Para cuando llegue a la edad adulta, el hombre promedio tendrá alrededor de 18.000 centímetros cuadrados de piel, lo que representa alrededor del 16-18 por ciento de su peso corporal total (ver Montagu, 1971). Nuestra piel se diferencia físicamente del ambiente externo, manteniendo la integridad de nuestros órganos y protegiéndolos de amenazas externas (tanto biológicas como físicas). Al mismo tiempo, los receptores táctiles integrados en la superficie de nuestro cuerpo ayudan a diferenciarnos del mundo exterior desde un punto de vista psicológico también. De hecho, cada vez que tocamos un objeto podemos sentir que tanto la percepción entrante del objeto como la presencia de nuestro cuerpo se diferencian de él. Se podría decir que donde comienza nuestro toque, ¡estamos!

 

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