La práctica, la discusión y las emociones | 15 FEB 20

Ateneo

Pensar en cómo actuamos en medicina requiere espacios de reflexión, pero es inevitable que allí también ingresen las emociones y los valores personales
Autor/a: Dr. Guillermo Barillaro 

Un martes de 2009. 9.30 a.m.

Ese martes no era mi día de guardia, pero yo estaba en el hospital por dos motivos: ver la evolución de los pacientes que habíamos operado en el fin de semana anterior y estar presente en el Ateneo del servicio de cirugía. Esto último se relacionaba con un caso de Trauma que había sido asistido en la semana anterior y que iba a ser comentado en ese Ateneo.

Los antecedentes, la presentación y el desenlace de ese caso habían sido perturbadores para mí. Si bien no se trataba de una historia extraña, yo tenía una doble sensación al respecto. Una colisión entre sentimientos opuestos. Por un lado sentía que era la primera vez que veía algo así, y por otro lado percibía que se trataba de uno de los más conocidos deja vu. Lo cierto es que en los días previos no había podido dejar de pensar en lo sucedido y eso se había transformado en una experiencia desestabilizadora.

No podía pasar ese día sin hablar del caso con los demás cirujanos. Me resistía a aceptar que se diluyera y pasara rápidamente al olvido, como muchos otros con un final ominoso. Y confiaba una vez más en el sentido de los Ateneos quirúrgicos, aun en el más débil de ellos, como un medio para tratar de ser mejores en nuestra asistencia cotidiana.

 

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