La verdad y otras mentiras | 12 ABR 19

Elogio de la lumbalgia

Acerca del dolor de espalda, el peso del mundo y el agobio de la existencia
Autor/a: Daniel Flichtentrei Fuente: IntraMed 

 “Los dioses habían condenado a Sísifo a transportar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Pensaron, con algún fundamento, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”. -Albert Camus-.

Si el planeta tuviese la gentileza de inclinarse unos treinta grados a estribor yo volvería a ver las cosas en su lugar. La lumbalgia te cambia la perspectiva del mundo. Te rescata de la dictadura de lo vertical. El dolor te humaniza. Todo se vuelve estúpido, insignificante. Comprendés, a fuerza de latigazos en el lomo, que tenés un cuerpo. Que no gobernás su caprichosa fisiología. Que estás a su merced. Te come la voluntad. Te tirás en la cama evitando el más mínimo desplazamiento. El aleteo de las alas de una mariposa desencadena una tempestad de rayos que te atraviesan la espalda. Advertís la contundencia de lo sutil, la furia desatada por lo minúsculo. El movimiento es tu enemigo. Sos un primate pagando la deuda milenaria de la bipedestación. Deseás que el homínido nunca se hubiera puesto de pie. Aunque eso te privara de la idea de horizonte y del sexo frontal, de los besos mirándose a los ojos. Quisieras caminar en cuatro patas.

El esfuerzo por disimular tu inclinación de Torre de Pisa es agotador. Apoyás una mano sobre el muslo y empujás hacia arriba. Pero tu cuerpo se resiste. Se rinde a la gravedad. Te condena al ridículo. Al dolor incesante y a la curiosidad ajena. La gente hace muecas de dolor cuando te mira. Fruncen la boquita, elevan las comisuras de los labios. Entrecierran los ojos y dicen ¡ayyyy!.  Todos tienen un remedio para ofrecerte: calor, frío, elongación, reposo, kinesiología, tapping, masoterapia, osteopatía, baños termales, colchones ergonómicos, reflexología, acupuntura. Te ofrecen una interpretación al paso: ansiedad, falta de descanso, angustia existencial, conflictos no verbalizados, alexitimia, adicción al trabajo, sentimientos no confesados, amores no correspondidos, acrobacias sexuales o abstinencia forzada, culpas, deudas, remordimientos. A mis vértebras les importa un carajo lo que digan acerca de ellas. Me clavan su puñal. Me ponen un límite. Me recuerdan que el peso del mundo es más de lo que puedo cargar sobre los hombros.

 

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