Una propuesta para el mes de la mujer | 30 MAR 19
¿Cuántas mujeres hay en los murales de Diego Rivera de Historia de la Cardiología?
Un artículo del Dr. Carlos Tajer con los testimonios de las Dras. Beatriz Carballeira, Alejandra Martí y Estefanía Panizoni
16
1
Autor: Dr. Carlos Tajer 

El primer libro de cardiología de mi residencia, "el Hurst", tenía unas hermosas láminas iniciales y finales con la Historia de la Cardiología. En colores muy intensos y contrastados me hizo recordar los murales que me habían deslumbrado en Méjico en un viaje a los 21 años.  La referencia del libro indicaba que en efecto habían sido pintados por Diego Rivera.

Algunos años más tarde, ya como cardiólogo, pude visitar el Instituto de Cardiología en el Distrito Federal y admirar en persona los murales en un amplio hall frente al auditorio. Internet todavía no existía y las autoridades me facilitaron unas copias de un libro que resume su historia. Incluso me copiaron los archivos electrónicos con imágenes de muy buena calidad que todavía conservo.  

Diego Rivera fue un muralista con fuertes ideas de izquierda en una época muy politizada del arte en México.

Dos viñetas:

1) Tuvo un conflicto con Nelson Rockefeller, para quien pintó un inmenso mural en el Rockefeller Center que fue borrado por haberlo considerado una apología del comunismo. Fue recreado y hoy se puede disfrutar en el Palacio de Bellas Artes del Distrito Federal.

2) Albergó en su casa a Leon Trotsky hasta que se enteró de los amoríos del revolucionario con las hermanas Kahlo. Tiene películas dedicadas a su vida y la de su pareja Frida Kahlo.

Me imagino el proyecto entregado a Diego Rivera por el cardiólogo fundador del instituto que hoy lleva su nombre, Ignacio Chavez Rivera: estimado Diego, aquí  tiene un resumen  con una cantidad de próceres que han cimentado la historia de la cardiología desde la antigüedad a nuestros días. En cada biografía se resume sus aportes y algunos aspectos personales. Ud. debe integrar este material en dos murales de grandes dimensiones.

Diego Rivera tuvo el mérito de incluir a todos estos personajes con alusiones a sus aportes sin descuidar una lectura de la historia y el futuro de la ciencia, en una composición extraordinaria.

En el mural que toma la antigüedad hasta antes de los últimos dos siglos, el tercio a la izquierda está dedicado a Miguel Servet. Este filósofo y científico español del siglo XVI hizo aportes a la comprensión de la circulación pulmonar y fue un crítico acérrimo de la iglesia cristiana.

En el mural se lo observa en dos situaciones: abajo a la izquierda defendiendo sus ideas, con una antorcha en la mano en el momento que es apresado por un soldado. Como detalle, el rostro del soldado es tapado por la cabeza de Servet que queda así envuelta por el casco, dibujando una aureola habitual para los santos de la iconografía. 

En el ángulo superior izquierdo se representa a Servet mientras es quemado en la hoguera por decisión de Calvino en Ginebra.  El mensaje es claro:  la cardiología tiene un mártir de la ciencia contra el oscurantismo represivo.

En el centro del segundo mural, se observa a los maestros contemporáneos de Ignacio Chavez Rivera que enseñan clínica a un grupo de alumnos que pertenecen a todas las razas. La última del círculo es una mujer. Es claro el mensaje de Rivera:  la historia de la cardiología tiene sus bases en la medicina occidental, la de los europeos-americanos blancos, pero el futuro de la cardiología es universal, el mensaje científico se expandirá y multiplicará con el aporte de todas las razas y culturas.

¿Cuántas mujeres hay en los murales a la historia de la cardiología?

Con frecuencia variable, antes de iniciar los ateneos interdisciplinarios del Hospital El Cruce dedicamos algunos minutos a la sección "un cacho de cultura". Se propone apreciar y discutir obras de arte vinculadas de alguna manera a la medicina.

Como experimento, intenté  la semana pasada en el contexto del mes de la mujer una lectura diferente de estos murales.

Comenzamos por proyectar las imágenes y resalté algunos detalles como los comentados antes. Luego  propuse mirarlos nuevamente para contar en cada mural cuantas mujeres había representadas. Superadas varias confusiones colectivas, concluimos que en el primero hay una sola mujer, en rol de paciente.

En el segundo aparecen tres mujeres: en el ángulo superior una enfermera y una médica canadiense por sus contribuciones al estudio de las cardiopatías congénitas. En el centro la mujer joven médica que está recibiendo su entrenamiento junto a médicos de todas las razas. Luego de este recuento, habiendo dejado claro que Ignacio Chavez Rivera y Diego Rivera reflejaron la historia oficial de la cardiología sin misoginia, pregunté cómo se sentían las mujeres médicas ante el mural desde una mirada de género. 

Las respuestas fueron rápidas y en el mismo sentido: ¡mal! Se emitieron diferentes opiniones: como el género femenino había sido oprimido-excluido de la ciencia y muchos aspectos del desarrollo personal, de la injusticia de este hecho y del desafío para el futuro. Incluso se escucharon profecías de venganza: si dentro de setenta años se hiciera una foto así, seguro serán todas mujeres. 

*Al final de este artículo se publican tres testimonios de médicas asistentes al Ateneo.

Lo que cada uno ve cuando mira desde su identidad

Tenemos múltiples identidades que condicionan como percibimos cada aspecto de la realidad. Luego de cuarenta años de mi contacto con los murales por primera vez me pregunté cómo vería este mural una mujer profesional. Lo llamativo es que hasta no enunciar la pregunta, aun habiendo sido presentado varias veces en ateneo, jamás surgieron comentarios sobre este aspecto. Pero sin duda el sentimiento de marginación y opresión debió haber afectado a muchas de las mujeres presentes en los ateneos sin ser verbalizado.

Es de esperar que los gays detecten la homofobia, las mujeres el machismo y los judíos el antisemitismo con mayor facilidad que los heteros, varones y gentiles. El ejercicio de ponerse en la mirada del otro es inagotable pero enriquecedor.

Y termino este comentario con un relato que me hizo acercarme a Servet.

Años atrás era jefe de la Unidad Coronaria de un Hospital Público de la Ciudad de Buenos Aires. Al ingresar a la Unidad una mañana me llamó la atención un crucifijo que había sido colocado sobre un panel que podía verse desde todas las camas. Pregunté al jefe de enfermeros, gay para el caso, como había aparecido y me contó que lo había instalado el capellán del Hospital.

Le llamó la atención mi pregunta y le expliqué que como judío me incomodaba que mi Unidad estuviera presidida por un crucifijo. Este detalle era por supuesto invisible-normal para los cristianos argentinos, pero muy visible para las minorías no cristianas. Le comenté que mi abuelo había estado internado en esa Unidad, inmigrante de Polonia y con familiares muertos en la Shoá, y que quizá no se hubiera sentido cómodo enfrentando su enfermedad vigilado por esa imagen.

Al día siguiente creo que el jefe entendió desde su identidad gay mi sentimiento como discriminado y el crucifijo desapareció. Jamás di una orden en tal sentido, creo que no hubiera tenido autoridad ni mucho menos voluntad de generar un conflicto, resignado como minoría.

Como era de esperar, apareció el capellán hecho una tromba para recriminar la decisión. Le expliqué que, si bien no me agradaba que lo hubieran instalado sin preguntar a nadie, no había dado ninguna indicación en tal sentido y que alguien lo había descolgado sin informarme. Aun así comprendía esa decisión en aras del bienestar de los pacientes en Cuidado intensivo.

¿Porqué hacer sentir, en un momento doloroso y riesgoso, que uno no es de aquí, que es un ajeno, que esta es una unidad para cristianos?

Cada quien podría acercar a su cama la iconografía que le produjera bienestar, un rosario, un crucifijo o las fotos de sus nietos. Se puso rojo y me dijo que hoy en día ya no había más antisemitismo pero que años atrás me hubieran quemado vivo. La conversación terminó, no tuve denuncias a dirección y nuestra Unidad siguió siendo ecuménica.

Testimonios de médicas asistentes al ateneo.

> Beatriz Carballeira (Clínica Médica).

Era la semana de la mujer, venia muy movilizada por las historias y la marcha de la mujer. Cuando vi el mural en el ateneo de nuestro hospital seguí la consigna de buscar a las mujeres. No lo hubiera hecho, sabia que no iba encontrar a muchas. Confirmar la sospecha me produjo dolor y angustia.

Estaba reflejada la omisión que sufre la mujer desde siempre, no poder "ser", no poder desear, y lo peor es no darse cuenta siquiera de esa omisión. Somos parte de la otredad , estamos en esa minoría no escuchada que bien representa Rivera

Pero inmediatamente pensé que algo va cambiando, que las mujeres estamos cambiando, como mi mirada del mural que no fue la misma cuando lo conocí años antes. Estamos reconociéndonos, también hermanándonos.

Alejandra Martí (Hematóloga)

Como mujer, de mi generación, naturalizar la ausencia de mujeres en la vida fuera del hogar durante siglos, es frecuente. Sólo cuando alguien nos sacude con el peso de lo evidente nos enfrentamos a lo inevitable, el desagrado-repudio que la ausencia de la mujer en muchos/todos los ámbitos de la sociedad, me/nos provoca.

Al ver los murales, una vez más sentí alivio por nacer en los últimos 25 años del siglo XX, en el contexto social favorable para tener deseo de ser una profesional independiente y poder lograrlo.

Pues mi experiencia individual fue allanada por numerosas mujeres que tuvieron muchísimos más escollos; que vieron su desarrollo profesional afectado por su género, probablemente en muchas ocasiones (no recuerdo si alguna vez en el Hospital El Cruce me sentí discriminada en mi accionar médico por ser mujer).

Cambiamos y si tenemos suerte seguiremos haciéndolo. Nuestras hijas e hijos ya NO escuchan los mandatos tradicionales... y no me extrañaría que si mi hija de doce años viera los murales me demande “Ma, y las mujeres?...”

Estefanía Panizoni (Residente de Clínica Médica)

El cuadro me despertó mucha impotencia; sentí como muchas mujeres que hubieran querido ser medicas se habrían quedado en el deseo. No había lugar para ellas y sí para los hombres. Más doloroso aún fue pensar que es igual que ahora. Ahora todavía no hay lugares en ciertos puestos de decisión y muchos otros ámbitos. Siento que hemos avanzado. Aunque todavía seguimos quedando afuera de muchos cuadros. 

Propuesta final

Como propuesta para los lectores, más aún para las lectoras  profesionales de la salud, la pregunta a contestar es:

¿Qué siente usted como mujer cuando observa estos murales?

Esperamos sus respuestas al pie del artículo para intercambiar opiniones.

 

Comentarios

Usted debe ingresar al sitio con su cuenta de usuario IntraMed para ver los comentarios de sus colegas o para expresar su opinión. Si ya tiene una cuenta IntraMed o desea registrase, ingrese aquí