¿Diagnóstico diferencial o punto de encuentro? | 19 AGO 18

Pseudodemencia depresiva en ancianos

Panorama epidemiológico, diagnóstico y terapéutico de la pseudodemencia depresiva, un subtipo de depresión mayor que se presenta como un desafío en la práctica clínica
Autor/a: Richly P, Abdulhamid P, Bustin J Vertex - Revista Argentina de Psiquiatría 23(106):421-427, 2012
Introducción

Si bien no figura como diagnóstico en las clasificaciones psiquiátricas de uso más frecuentes en el ámbito internacional, como la cuarta edición revisada del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) y la décima edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), la pseudodemencia depresiva (PD) es un término de uso común en la práctica clínica.

Se considera un trastorno depresivo mayor, pero el motivo principal de la consulta es el deterioro cognitivo subjetivo y objetivo, que puede confundirse con demencia. De hecho, en la bibliografía suele aparecer como síndrome demencial asociado con depresión. La primera publicación del cuadro, descrito como demencia melancólica, data de 1883, pero Leslie Kiloh acuña el término pseudodemencia depresiva en 1961.

En el presente artículo, los autores presentaron un panorama epidemiológico, diagnóstico y terapéutico de la PD.

Epidemiología

Se estima que la depresión afecta al 10% de los adultos mayores sanos y al 25% de los que presentan una enfermedad crónica. En la Argentina, más del 5% de los adultos mayores de 65 años presenta demencia, cifra que puede quintuplicarse en 2050 por el aumento de la expectativa de vida en Latinoamérica.

La causa más frecuente de demencia es la enfermedad de Alzheimer (EA), que representa hasta el 80% de los casos. En la práctica clínica, 1 de cada 3 pacientes con PD recibe el diagnóstico de demencia.

Diagnóstico

El diagnóstico de la PD es clínico. Es importante considerar la forma de inicio del cuadro y la progresión evolutiva. Las demencias neurodegenerativas comienzan de forma insidiosa y son lentas y progresivas, mientras que la PD tiene un comienzo subagudo, evolución rápida y gran impacto funcional, desproporcionado con respecto a la alteración cognitiva.

El motivo principal de consulta en la PD es el deterioro cognitivo.

A diferencia de los cuadros neurodegenerativos, donde se verifica la falta de conciencia de la enfermedad, en la PD hay conciencia y preocupación por el cuadro.

Los pacientes con esta enfermedad cumplen con los criterios diagnósticos de episodio depresivo mayor y suelen presentar un polo matinal, mientras que en la demencia suele observarse un agravamiento vespertino de los síntomas. En la PD predominan el enlentecimiento psicomotor y el malestar somático y son frecuentes las ideas de muerte y suicidio, especialmente en las personas mayores.

A diferencia de la EA, en la que son habituales las lesiones cerebrales en los estudios por imágenes, como la resonancia magnética nuclear y la tomografía computarizada (TAC), en la PD no se observan imágenes características.

En algunos casos puede encontrarse atrofia del hipocampo, pero en menor medida que en la EA, en la que son características la atrofia generalizada, la atrofia temporal medial (especialmente del hipocampo) y la atrofia parietal.

La tomografía por emisión de positrones (PET) y la TAC por emisión de fotón simple (SPECT) muestran hipometabolismo o hipoflujo temporoparietal en la EA, pero no se verifica un patrón característico para la PD.

Para el diagnóstico diferencial pueden ser útiles los biomarcadores, como la PET con el marcador de amiloide florbetapir F-18 y la medición de las proteínas beta amiloide 42, tau y tau fosforilada en el líquido cefalorraquídeo, que se asocian con EA.

 

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