La historia del gran Laënnec y la invención del estetoscopio | 30 JUL 18

El hacedor de su propia semiología

"Se valió de una(s) hoja(s), que enrolló en forma de tubo, para emplazar un extremo del cilindro sobre el pecho de la enferma, mientras que acercaba su oreja al otro. Con ello consiguió oír con bastante nitidez los latidos de aquel corazón endeble..."
Autor/a: Oscar Bottasso 

La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.
Pablo Picasso

Un hecho saliente de la medicina del siglo XIX fue la iniciativa de relacionar los datos clínicos del paciente con los estudios anatomopatológicos post-mortem para así avanzar en el logro de pautas diagnósticas. La idea, incluso, de contar con un procedimiento que anticipara lo que estaba ocurriendo in vivo, desvelaba a muchas mentes inquietas ávidas de intentar alguna medida de control y salirse de esa suerte de resignación al dixit de la disección.

Lento, pero inexorablemente aquella práctica del naciente ottocento heredera de la mirada Hipocrática estaba atravesando el umbral de lo que constituiría un cambio radical y sin retorno. En los principales hospitales de Francia, Alemania, Gran Bretaña y lo que posteriormente sería Italia, la asistencia de tantísimos casos sumado a la realización de las correspondientes autopsias posibilitaron el desarrollo de prestigiosos centros de estudios. La tríada material clínico, examen físico y la mesa de disecciones estaba desplazando al clásico acto médico basado en la información aportada por el propio paciente y las observaciones surgidas de la consulta, donde el examen físico era bastante escueto.

En honor a la verdad, cierto es que el siglo precedente también había aportado lo suyo. El año 1761 en el cual Morgagni publicó su monumental obra De Sedibus et Causis Morborum por Anatomen Indagatis Libri Quinque, también fue testigo de la aparición de otro gran clásico en la historia de la medicina el Inventum Novum por parte del médico vienés Leopold Auenbrugger.

En un texto bastante breve, Auenbrugger presenta un método diagnóstico denominado percusión del tórax, por el cual el clínico podría obtener información ad intra mediante la evaluación cuidadosa de los sonidos producidos al percutir el pecho o la espalda del paciente. Claro está que ello demandaba un gran entrenamiento a fin de poder distinguir cuándo los sonidos de un individuo sano comenzaban a ser reemplazados por aquellos propios de otro enfermo.

Aunque la auscultación inmediata y la percusión constituían valiosas ayudas para el diagnóstico de lo que Nicolas Corvisart des Marest denominaría “medicina interna", muchos médicos se mostraron reacios a llevar adelante estas prácticas. Dada la abundante presencia de pulgas y piojos en muchos pacientes, y el descuido general de la higiene personal, los clínicos eran bastante renuentes a poner la oreja sobre el pecho del enfermo.

La ocasión no podía ser más propicia para una innovación como pocas. Y los hados apuntaron a un Bretón, nacido en 1781; quien a raíz de la muerte de su madre por tuberculosis cuando apenas contaba con 5 años fue encomendado al cuidado de un tío abuelo que ejercería una influencia capital en su vida. A la edad de 12 años aquel niño versado en la cultura clásica, griego y latín marchó a la Facultad de Medicina de Nantes où son oncle le docteur Guillaume L. era Decano. Con apenas 14 años René Theophile Hyacinthe Laënnec ayudaba en el cuidado de los enfermos y heridos en el Hôtel Dieu de la ciudad Nantes. Hacia 1800, se traslada a París y allí consigue estudiar con grandes profesores como Guillaume Dupuytren, Gaspard Laurent Bayle, Marie Francois Xavier Bichat, Jean-Jacques Leroux de Tillets y el mismo Corvisart.

Al parecer Laënnec era bastante tímido y sentía vergüenza de acercar su oído al pecho de las pacientes

Un año después de ingresar a la École Pratique, Laënnec obtuvo el primer premio en medicina y cirugía. En 1804, se gradúa de médico y tras unos meses pasa a ser miembro de la Société de l'École de Médecine. Por esa misma época publicó una serie de artículos sobre temas como peritonitis, amenorrea y enfermedad hepática. Pero el logro más apreciado sobrevendría varios años después, concretamente en 1816 cuando a través de la creación de un adminículo de aquellos da a conocer su trabajo publicado en 1819 De l’auscultation médiate ou Traité du Diagnostic des Maladies des Poumon et du Coeur.

Al parecer Laënnec era bastante tímido y sentía vergüenza de acercar su oído al pecho de las pacientes. Se dice que un día del otoño parisino de 1816, es requerido para una visita domiciliaria a una paciente con un problema cardíaco. Durante el examen, en presencia del esposo y su madre, Laënnec, practicó una percusión la cual no reveló demasiada información, probablemente porque la enferma era bastante robusta y tampoco tenía deseos de proseguir con la auscultación directa al advertir un marcado recato en ella.

En un brote de inspiración analógica, el colega apeló a un cuaderno de notas que llevaba en su maletín para registrar datos de sus pacientes. Se valió de una(s) hoja(s), que enrolló en forma de tubo, para emplazar un extremo del cilindro sobre el pecho de la enferma, mientras que acercaba su oreja al otro. Con ello consiguió oír con bastante nitidez los latidos de aquel corazón endeble. Ese mismo día manda a confeccionar un instrumento de madera, en forma de cilindro.

Según su propia referencia la idea surgió a raíz de haber observado a dos niños que jugaban alrededor de un árbol caído en el patio del Palacio del Louvre; uno de ellos rasguñaba un extremo del tronco, mientras que desde la punta opuesta el otro chico recibía un sonido amplificado…” Se me ocurrió que esta propiedad física podría servir un propósito útil en el caso que me estaba ocupando. Entonces armé un rollo de papel, un extremo del cual apliqué sobre el precordio y mi oreja en el otro. Estaba sorprendido y eufórico de poder escuchar los latidos de su corazón con mucha más claridad de la que hubiera tenido con la aplicación directa de mi oreja. Inmediatamente advertí que esto podría convertirse en un método indispensable para estudiar, no sólo los latidos del corazón, sino todos los movimientos capaces de producir sonido en la caja torácica”.

 

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