Revisión sobre seguridad | 02 JUL 18

Inhibidores de la bomba de protones y función cognitiva

El estudio realizado en mujeres que participaron en el Nurses' Health Study II no sugiere una asociación convincente entre el uso de inhibidores de la bomba de protones y la función cognitiva; por lo tanto, el tratamiento con estos fármacos no aumentaría el riesgo de demencia.
Autor/a: Lochhead P, Hagan K, Chan A y colaboradores Gastroenterology 153(4):971-979, Oct 2017
 Introducción

Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) se utilizan para el tratamiento de los trastornos gastrointestinales asociados con la secreción ácida gástrica desde hace más de 25 años. Estos fármacos se toleran bien y se asocian con pocos efectos adversos agudos; de hecho, actualmente muchos de ellos se venden sin receta en diversos países.

No obstante, algunos estudios observacionales informaron que podrían incrementar el riesgo de neumonía adquirida en la comunidad, fractura de cadera, hipomagnesemia, enfermedad renal crónica y diarrea por Clostridium difficile.

Asimismo, un estudio farmacoepidemiológico reciente realizado en Alemania mostró un riesgo 44% más alto de demencia en los pacientes tratados con IBP, respecto de los enfermos que no recibían estos fármacos. Los estudios celulares y en modelos experimentales de enfermedad de Alzheimer (EA) sugirieron que la exposición a IBP afecta el metabolismo del beta-amiloide.

La función cognitiva sería un factor predictivo del riesgo de demencia en años posteriores de la vida. El objetivo del presente trabajo fue analizar la posible asociación entre el uso de IBP y el desempeño cognitivo a partir de un subgrupo de participantes del Nurses’ Health Study II.

También se analizó la vinculación entre las mediciones cognitivas y la exposición a losantagonistas de los receptores H2 de histamina (anti-H2), fármacos que tienen las mismas indicaciones clínicas que los IBP.

Pacientes y métodos

El Nurses’ Health Study II es un estudio prospectivo de cohorte que se inició en 1989, con el reclutamiento de 116 430 enfermeras de 25 a 42 años. Mediante cuestionarios completados por las participantes cada 2 años se obtiene información sobre el estilo de vida y la salud. A partir de 2001 se incluyó información sobre el uso de IBP o anti-H2 en los 2 años previos, pero no se interrogó acerca de la dosis, el tipo o la marca de estos agentes.

Entre 2014 y 2016, un subgrupo de 39 960 participantes del estudio que habían completado con anterioridad cuestionarios complementarios sobre la exposición a eventos violentos y traumáticos y la salud mental fueron invitadas a completar la batería cognitiva Cogstate; 14 151 mujeres completaron este instrumento, el cual comprende 4 componentes: de detección, que determina la función psicomotora y el procesamiento de la información; de identificación, para valorar la atención visual y la vigilancia; la One Card Learning, que determina el aprendizaje visual y la memoria a corto plazo, y el One Back, que valora la atención y la memoria operativa.

La batería se completa en alrededor de 15 a 20 minutos. A partir de las secciones individuales del Cogstate se crearon 3 componentes integrados por medio de puntajes promedio estandarizados (puntajes Z): el puntaje de velocidad psicomotora y atención (a partir de los componentes de detección e identificación), el puntaje de aprendizaje y memoria operativa (a partir de la One Card Learning y del One Back) y un puntaje de función cognitiva global (a partir de los puntajes Z de los 4 dominios).

En un estudio previo, las deficiencias cognitivas observadas en esta batería de pruebas predijeron el riesgo de demencia. Se consideraron valores de referencia para 4 grupos de edad: 0.24 para las mujeres < 55 años; 0.12 para las participantes > 55 a 60 años, -0.03 para las pacientes > 60 a 65 años y -0.18 para las enfermas > 65 años.

Se dispuso de información sobre el uso de IBP y anti-H2 para 7 cuestionarios que cubrieron el período de 1999 a 2013. Los análisis finales se realizaron en 13 864 enfermeras.

El criterio principal de valoración consistió en los puntajes integrados de velocidad psicomotora y atención, aprendizaje y memoria operativa, y función cognitiva global. Mediante modelos lineales de variables múltiples con ajuste se analizaron las asociaciones entre la duración de la exposición a supresores de la secreción ácida gástrica y cada puntaje de función cognitiva, con control según factores conocidos de riesgo de deterioro cognitivo.

La duración de la exposición a IBP o anti-H2 se consideró una variable continua que representó la exposición acumulada en ciclos de 2 años (0 a 14 años). También se creó una variable categórica para cada fármaco (no utilización, o uso entre 1 y 4 años, 5 y 8 años, o 9 y 14 años).

Respecto del grupo de referencia (sin exposición), se computaron las estimaciones y los intervalos de confianza del 95% (IC 95%) para las diferencias promedio en los puntajes cognitivos para cada categoría de duración de exposición. Se realizaron 3 modelos con ajuste según distintos factores de confusión.

En el primer modelo se consideraron la edad en el momento de la valoración cognitiva y los indicadores del estado educativo y socioeconómico; en el segundo modelo se agregaron el índice de masa corporal (IMC); el uso regular de antidepresivos; el tabaquismo; el uso regular de complejos polivitamínicos, y el antecedente de hipertensión arterial, hipercolesterolemia, accidente cerebrovascular, infarto agudo de miocardio, diabetes tipo 2 y utilización regular de aspirina o antiinflamatorios no esteroides.

En el último modelo (modelo 3) se incluyeron las mismas variables que en el modelo 2, pero se consideraron el tiempo desde el primer diagnóstico de cada una de las entidades clínicas, el número de cigarrillos fumados y los ciclos acumulados de utilización de antidepresivos, aspirina y AINE. Los valores de p < 0.05 se consideraron significativos.

Resultados

La edad promedio en el momento de la valoración cognitiva fue de 61 años (50 a 70 años). En comparación con las participantes sin exposición a IBP, las tratadas con estos fármacos tendieron a ser de más edad y tuvieron, con mayor frecuencia, antecedentes de enfermedades crónicas, como enfermedad cardiovascular y diabetes.

En ellas también fue más frecuente el uso de antidepresivos y aspirina; estas pacientes refirieron, menos a menudo, realizar menos actividad física y presentaron un IMC más alto e indicadores de menor nivel educativo y peor calidad nutricional.

En comparación con las que no recibieron IBP, la duración creciente de terapia con estos fármacos tendió a asociarse con puntajes más bajos en los 3 dominios cognitivos. Sin embargo, la asociación solo fue moderadamente significativa para la velocidad psicomotora y la atención en el modelo 3 de variables múltiples, en el cual se incluyó la duración de las enfermedades crónicas.

 

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