Cerebro clínico | 23 ENE 18

Querido Tom (The show must go on)

La sociedad del rendimiento, la explotación de uno mismo y el imperativo de matar la señal
Autor/a: Daniel Flichtentrei 

"La violencia de la positividad no es privativa, sino saturativa; no es exclusiva, sino exhaustiva. Por ello, es inaccesible a una percepción inmediata". Byung-Chul Han

El genial músico Tom Petty falleció hace pocos meses en su casa de Malibú a los 66 años de edad. Los resultados de los exámenes post-mortem realizados por la oficina forense de Los Ángeles atribuyeron su muerte a una "falla orgánica multisistémica" tras ingerir una mezcla tóxica de múltiples medicamentos analgésicos, entre ellos fentanilo y oxicodona. Tom padecía de dolor crónico en muchas localizaciones y de lesiones en su cadera que finalizaron en una fractura. El dolor era insoportable. Sus numerosos compromisos -con más de 50 shows contratados- le hicieron tomar la decisión de ignorar el síntoma silenciándolo con fármacos que le permitieran continuar con su trabajo. Todos los que amamos su música sentimos el dolor de la pérdida. Ahora también sentimos la obligación de reflexionar acerca de otros “dolores” que nos involucran como sociedad.

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