Escepticemia por Gonzalo Casino | 17 DIC 17

La ciencia y sus premios

Sobre el equivocado Nobel de Ochoa y el reconocimiento de los logros científicos
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Autor/a: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve 

Pocos saben que al español Severo Ochoa le dieron en 1959 un Nobel de Medicina que no se merecía. Este premio se otorgó, de forma inusitadamente rápida, a Arthur Kornberg y a Ochoa “por su descubrimiento de los mecanismos de la síntesis biológica de los ácidos ribonucleico [ARN] y desoxirribonucleico [ADN]”. Kornberg había identificado la ADN polimerasa, la enzima responsable de la síntesis de ADN, y Ochoa, la ARN polimerasa, responsable de la síntesis de ARN. Sin embargo, al poco se comprobó que la enzima de Ochoa era la polinucleótido fosforilasa, mientras la auténtica ARN polimerasa fue descubierta en 1960 por otros científicos, que se quedaron sin su Nobel. El fiasco científico fue enorme y marcó la posterior carrera del científico asturiano. La fosforilasa resultó luego crucial para el siguiente gran hito de la biología molecular, el desciframiento del código genético. La contribución de Ochoa a este logro sí fue decisiva y hubiera merecido el Nobel de 1968, con el que se premió este avance. Pero no se lo dieron. El caso de Ochoa no es aislado, pero ilustra muy bien cómo funciona la ciencia, su carácter autocorrectivo, el desfase entre mérito y reconocimiento público, e incluso la marginación de las científicas (Marianne Grunberg-Manago, alumna de Ochoa, también participó en el aislamiento de la fosforilasa y no recibió el Nobel).

 

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