Un relato del Dr. Carlos Tajer | 02 ENE 17

Los cuatro regalos

Trató de recordar y con tantos años de profesión eran muchos y variados los regalos recibidos. ¿Cómo elegir? ¿Cuáles tendrían el valor suficiente?
Fuente: IntraMed 

Una tarde murió un médico cardiólogo, conocido por todos como Salo. No tenía nada de raro, ya había alcanzado suficiente edad, y la ceremonia fue cálida y adecuada. Terminado el sepelio de acuerdo al ritual, el alma ascendió al cielo buscando su destino. Sorprendido en esa evanescente circunstancia, quizás una parte de ese sueño final como imaginaba la muerte, llegó al tribunal supremo en donde debían elegir para él alguno de los dos caminos que se abrían a la distancia, uno luminoso y otro sombrío. Tenía asignados un abogado y un fiscal, y luego de un breve debate el peso de los sacos de pruebas quedó balanceado. Se escuchó un raro murmullo, no era tan común, y luego de deliberar propusieron que vagara por un tiempo en la indefinición. El alma, a la que le había costado mucho comprender las reglas de la vida y no quería sufrir con esta forma de estar y no, reclamó por alguna solución mejor. Con menos solemnidad de lo que el momento parecía implicar, le propusieron una salomónica alternativa: debía volver atemporalmente a su vida,  traer regalos que hubiera recibido de sus pacientes, y de acuerdo a eso tomarían una decisión.

Trató de recordar y con tantos años de profesión eran muchos y variados los regalos recibidos. ¿Cómo elegir? ¿Cuáles tendrían el valor suficiente?

 

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