Virtudes y miserias de la relación entre pares | 01 JUL 16

La relación médico – médico

Una vinculación compleja y policromática donde se superponen la idealización, el temor reverencial, la confraternidad, la competencia y la soberbia.
Autor/a: Profesor Alcides Greca Fuente: Clínica-UNR Medicina Ambulatoria (segunda edición)

Introducción

Mucho se ha dicho y escrito acerca de la relación entre médico y paciente, en particular de su importancia para comprender no sólo qué padece sino quién es el ser humano que acude a nuestra consulta con un pedido de ayuda. Diferente es la situación cuando se trata de la relación médico – médico: una vinculación compleja y policromática donde se superponen la idealización, el temor reverencial, la confraternidad, la competencia y la soberbia. Analizar este amplio contexto no es tarea sencilla porque nos enfrenta con nuestras emociones más primarias e intensas que rozan lo excelso y lo miserable, pero no por difícil es empresa que deba abandonarse; por el contrario, enfrentarla sin reservas y de manera descarnada nos hará entender mejor nuestra esencia emocional y nos permitirá crecer como seres humanos y en base a ello, ser mejores para nuestros enfermos.

A Hipócrates (siglo V aC), a quien muchos consideran el padre de la medicina se atribuyen una serie de enseñanzas acerca de la medicina clínica, reunidas en el denominado Corpus Hippocraticum. De entre ellas, se destaca el juramento que con algunas adaptaciones impuestas por el paso del tiempo, pronunciamos todos los médicos cuando comenzamos el ejercicio de la profesión. En relación con los otros médicos, dice Hipócrates: Tributaré a mi maestro de Medicina igual respeto que a los autores de mis días, partiendo con ellos mi fortuna y socorriéndoles en caso necesario; trataré a sus hijos como a mis hermanos, y si quisieran aprender el arte, se los enseñaré desinteresadamente y sin otro género de recompensa. Instruiré con preceptos, lecciones habladas y demás métodos de enseñanza a mis hijos, a los de mis maestros y a los discípulos que me sigan bajo el convenio y juramento que determina la ley médica y a nadie más.

Y en la versión moderna del juramento, se afirma: Mis colegas serán mis hermanos. Surgen así, desde el comienzo, tres niveles distintos de relación entre médicos:

a) la figura paterna (el maestro)

b) la filial (el discípulo)

c) la fraterna (el colega).

Va de suyo que a la primera nos subordinamos más emocional que intelectualmente, con la segunda sentimos una dependencia de nosotros y con la tercera nos conducimos en pie de igualdad. Todos sabemos que con el padre, los hermanos y los hijos se establecen complejas relaciones, que no tendrían por qué ser diferentes cuando se dan en el contexto médico. Sobre distintas variantes de estos grandes vínculos, versará este relato.

Omnipotencia y soberbia: El mito de Asclepio

La capacidad ilusoria de derrotar a la muerte ha habitado desde la más remota antigüedad la mente de los médicos. El mito, que siempre refleja a través de materiales de ficción las convicciones profundas de una sociedad, ya dio cuenta de este fenómeno en la Grecia antigua. Asclepio, dios de la medicina, hijo de Apolo y Corónide, aprendió el arte de la curación tanto de su padre como del centauro Quirón y llegó a ser igualmente hábil en el ejercicio de la cirugía como en el empleo de medicamentos. Atenea, diosa de la guerra, le entregó dos redomas con sangre extraída de las venas de la gorgona Medusa. Con una de ellas podía Asclepio resucitar a los muertos, con la otra, mataba instantáneamente.

Se cree que Atenea y Asclepio se repartieron las vasijas. Él utilizó la de la vida y ella usó la suya para matar e instigar guerras. La diosa había entregado antes dos gotas de la misma sangre a Erictonio, dios semimítico de Atenas, simbolizado con una serpiente y ató las vasijas a su cuerpo con cintas doradas. Asclepio por su parte resucitó a Licurgo, Glauco y Orion, entre otros. Fue así que Hades, dios del inframundo de los muertos, se quejó a Zeus porque Asclepio le estaba arrebatando a sus súbditos. Zeus entonces envió un rayo devastador que fulminó a Asclepio por haber cometido la más grave falta, la hibris (soberbia desmesurada). Más tarde, sin embargo, lo resucitó. Se cumplió así la profecía de Evipe, hija de Quirón, que predijo que Asclepio llegaría a ser dios, moriría y reasumiría la divinidad.

La imagen de Asclepio, sosteniendo una serpiente fue puesta por Zeus entre las estrellas. Tal vez para neutralizar nuestra soberbia esencial, tenemos los médicos a la vista todos los días en nuestros recetarios una barra inclinada de derecha a izquierda luego de la fórmula Rp (Rp/). Esa barra simboliza el rayo que mató a Asclepio y pretende que no perdamos de vista los médicos, que no somos dioses.

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Profesor Alicdes Greca
Primera Cátedra de Clínica Médica Universidad Nacional de Rosario
Profesor Titular de Clínica Médica y Terapéutica.
Facultad de Ciencias Médicas. Universidad Nacional de Rosario.
Miembro Correspondiente Nacional de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires. Director de la Carrera de Postgrado de Especialización en Clínica Médica.
Facultad de Ciencias Médicas. Universidad Nacional de Rosario. Jefe del Servicio de Clínica Médica. Hospital Provincial del Centenario. Rosario.


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