Reducción del riesgo cardiovascular | 17 MAY 16

Hay más respaldo de un tratamiento agresivo para la presión arterial en los adultos mayores

Los últimos hallazgos de un ensayo nacional muestran que reduce las probabilidades de insuficiencia cardiaca, incluso entre las personas de edad avanzada

Las personas que logran bajar la presión arterial alta a niveles normales podrían reducir de forma sustancial el riesgo de enfermedad cardiaca, aunque sean mayores o ya tengan problemas del corazón, sugiere una investigación reciente.

Los resultados del estudio, de un importante ensayo clínico llamado SPRINT (por las siglas en inglés de ensayo de intervención en la presión arterial sistólica) amplían la evidencia de que tratar la hipertensión agresivamente en los adultos mayores podría valer la pena.

En específico, apuntaron los expertos, los beneficios parecen extenderse a las personas mayores y a los pacientes con un peor estado de salud.

Eso podría parecer obvio. Pero durante años ha habido una "importante controversia" sobre si ese tipo de tratamiento intensivo es incluso seguro para las personas mayores, explicó el Dr. Dalane Kitzman, cardiólogo del Centro Médico Bautista Wake Forest, en Winston-Salem, Carolina del Norte.

Kitzman es uno de los investigadores que presentará los más recientes hallazgos del SPRINT el sábado en la reunión anual de la Sociedad Americana de la Hipertensión (American Society of Hypertension, ASH), en la ciudad de Nueva York.

Los resultados iniciales del hallazgo, que salieron el año pasado, cuestionaron las recomendaciones actuales sobre el tratamiento de la hipertensión de los adultos mayores.

Las directrices nacionales de EE. UU. sugieren que los pacientes menores de 60 años bajen su presión arterial sistólica (la cifra superior) a 140 mm/Hg o menos. Se aconseja a los adultos mayores que intenten llegar a 150 o menos.

El ensayo SPRINT comparó ese método con otro más agresivo que buscaba llevar a los pacientes de tosas las edades a 120 o menos, que se considera lo "normal".

El ensayo, que comenzó en 2009, se detuvo pronto cuando se vio claramente que un control más estricto era mejor. Los pacientes que buscaron alcanzar las cifras más bajas tenían entre un cuarto y un tercio menos de probabilidades de morir o de sufrir un ataque cardiaco, una insuficiencia cardiaca o un accidente cerebrovascular.

Los resultados que se reportarán en la reunión de la ASH profundizan más, según el Dr. Robert Phillips, del Hospital Metodista de Houston, en Texas.

Una importante pregunta sin respuesta ha sido si a distintos subgrupos de pacientes le va bien, explicó.

Phillips es secretario y tesorero de la ASH, y presidió la sesión sobre los hallazgos del SPRINT.

Algunos de los resultados más importantes se enfocan en la insuficiencia cardiaca, que es una afección crónica en que el músculo del corazón no puede bombear con suficiente eficiencia como para satisfacer las necesidades del cuerpo. Eso conduce a problemas como fatiga crónica, falta de aliento y acumulación de fluidos.

El equipo de Kitzman encontró que los pacientes con un control estricto de la presión arterial tenían un 38 por ciento menos de probabilidades de ser hospitalizados por un agravamiento de la insuficiencia cardiaca. E incluso los que tenían un riesgo más alto de insuficiencia cardiaca se beneficiaron.

Eso incluyó a los pacientes a partir de 75 años, los negros, y a las personas con enfermedad renal o antecedentes de problemas cardiacos o accidente cerebrovascular.

Phillips aseguró que la reducción en las hospitalizaciones por insuficiencia cardiaca fue "dramática".

Hace mucho que los médicos saben que cuando los adultos mayores bajan su presión arterial a menos de 150, su riesgo de insuficiencia cardiaca se reduce, dijo Kitzman.

 

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