Andreas Vesalius, un revolucionario del conocimiento médico | 16 MAY 16

Los infortunios de un gran anatomista

Así como Copérnico y Galileo ocasionaron un gran alboroto en torno a los movimientos de la tierra y los cielos, Andreas Vesalius (1514-1564) introdujo cambios equiparables en la concepción de la anatomía humana.
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Autor: Oscar Bottasso  Fuente: IntraMed 

Por Dr. Oscar Bottasso
Instituto de Inmunología Clínica y Experimental de Rosario
CONICET-UNR, Rosario, Argentina

Entre tantos sabiondos, nuestro protagonista hizo del “cortar a través” una ciencia, y la disección logró su mayoría de edad en términos metodológicos.

El nacimiento de Andreas, en Bruselas, fue fijado el 31 de diciembre de 1514 (Andries van Wesel). En su familia se contaban médicos, farmacéuticos y cortesanos. Precisamente su padre era el boticario imperial de Carlos V, a quien solía acompañar en sus viajes. Ya desde niño mostró un gran interés en los seres vivos y el anecdotario refiere haber practicado disecciones de animales pequeños en la mesa de la cocina.

Si bien su educación médica comenzó en la Universidad de Lovaina, en 1533 decidió continuar su formación en la de París, donde estudió con Jacques Dubois, nom de guerre, Jacobus Sylvius (1478-1555) un ferviente galenista de quien llegó a ser asistente. No obstante que este profesor recurría al examen cadavérico para estudiar a Galeno, el trámite en realidad apuntaba a corroborar lo que Claudius Clarissimus había revelado. Para Sylvius, y muchos contemporáneos, el fondo de la cuestión era ratificar las aseveraciones del Galeno.

Pero la curiosidad innata de Andreas habría de ponerle el pecho a las estricteces de aquel conservadurismo imperante en los claustros universitarios.

La guerra entre Francisco I y Carlos V, hizo que Vesalius debiera regresar a Lovaina. Permaneció allí durante dos años (1536-1537) y obtuvo el grado de bachiller en medicina en 1537. Poco después se dirigió a Italia, primero Venecia y luego Padua, que era la ciudad universitaria de la República Véneta. Se inscribió en esa escuela de medicina, una institución respetable, pero carente del brillo parisino. Obtuvo el galardón de MD el 5 de diciembre de 1537 y fue inmediatamente nombrado Explicator chirurgiae o profesor-demostrador de anatomía y cirugía.

En aquella época, las clases estaban a cargo de tres instructores. El profesor, vale decir un médico que enseñaba desde una tribuna, un "disector", y un "ostensor" (del latín, ostendere: mostrar) a quien le correspondía señalar las partes del cuerpo. Andreas decidió cumplir con las tres funciones. En sus clases disecaba, mostraba y refería. La asignatura arrancaba con el estudio del esqueleto, luego los músculos, vasos sanguíneos, nervios, órganos del abdomen, el tórax y el cerebro.

Por cuestiones operativas, el invierno era el mejor momento para las enseñanzas anatómicas dado que las bajas temperaturas prolongaban el tiempo de descomposición. Quizás atraído por sus innovaciones, un juez en lo criminal de Padua Marcantonio Contarini se las arregló para cederle a la Universidad los cadáveres de criminales ejecutados. Vero o ben trovato se dice que el magistrado ordenaba las ejecuciones preferentemente durante los meses más fríos.

Como un observador crítico, Vesalius comenzó a reconocer las diferencias entre sus hallazgos y el discurso establecido, lo cual llegó a oídos de Sylvius quien le hizo saber su descontento. Andreas por su parte señalaba a sus estudiantes que podrían aprender más en una carnicería que en las conferencias de ciertos profesores de mentes obtusas.

Para marcar su emancipación con la “tradición”, organizó una disección pública donde llevó a cabo una comparación cabeza a cabeza entre un esqueleto humano y otro de mono. Ante una audiencia de Paduanos ávida por esta suerte de exhibición demostró más de doscientas diferencias entre ambas osamentas, al tiempo de recordar a los asistentes que la obra de Galeno se basaba en la disección de los simios. Ergo, lo hallado en los antropoides no era extrapolable al hombre. Mucho mejor que los anatomistas se centraran en el libro de absoluta confianza, el cuerpo humano. 

Cinco años de profesor en Padua, hicieron posible que los alumnos aprendieran los secretos de la disección y esa actividad lo llevaría a escribir su obra maestra De Humani Corporis Fabrica (1543); un texto que sienta un hito como pocos y deja en claro que el verdadero aprendizaje se daba en la mesa de disección prescindiendo de las concepciones del estatus imperante desde hacía tantos siglos. Para facilitar su entendimiento se prepararon con esmero cerca de 250 ilustraciones en bloques de madera que servían para aclarar los asuntos descriptos en el tratado.

Durante mucho tiempo, fue el libro más cabal sobre anatomía humana, y todavía sigue siendo muy respetado tanto por su belleza como por su alto nivel de precisión. Por esas afortunadas coincidencias de la historia, el texto apareció el mismo año en que Nicolás Copérnico (1473-1543) publicó su obra “De revolutionibus orbium coelestium”.

A pesar de estar escrito en latín, la Fabrica es ciertamente vernácula y recorre toda la estructura del cuerpo humano siendo considerada como el primer tratado anatómico basado en la observación directa; un salto cualitativo en la historia de la disciplina.

Dicho sea de paso, Andreas era muy firme al cargar contra los supuestos Claudinos y cuestiones tenidas por sagradas, hasta si se quiere con un lenguaje subido de tono. Por ejemplo, al referirse a la aseveración de Galeno que la sangre pasa a través de ciertos poros del tabique ventricular, lo define claramente como “pasajes que escapan a la visión humana". Aun así, la elucidación del modo en que circulaba la sangre tendría que esperar más tiempo. De momento Galeno estaba siendo rebatido en sus ideas anatómicas; el embate hacia sus postulados fisiológicos vino bastante después. Empero, Vesalius dejó indicios que serían la simiente de ideas superadoras en este sentido.

Aun cuando la buscó afanosamente, Andreas tampoco logró encontrar la rete mirabile, ante lo cual sus oponentes sostenían que la estructura desaparecía muy pronto de ocurrida la muerte de la persona. Si bien en un trabajo previo de 1538 (Tabulae anatomicae sex), había admitido su existencia; tras numerosas disecciones reconoce haber quedado atrapado en el error Galénico, y en la Fábrica expresa claramente que tal formación no estaba presente en el hombre. Esta rete era precisamente el sostén de un postulado por el cual el espíritu vital, desarrollado en el corazón para el refinamiento del espíritu natural proveniente del hígado, era llevado a la base del cerebro vía de las arterias carótidas, que acababan en una intrincada malla, la bendita rete.

Exactamente allí, el espíritu natural se convertía en espíritu animal para así distribuirse a través de los nervios periféricos, y dotar al organismo de sensibilidad y movimiento.

Si bien la Fabrica estaba destinada a anatomistas consagrados, Vesalius también preparó un texto acortado, conocido como el epítome, y de ese modo los estudiantes que empezaban a hacer sus huestes podían apreciar la armonía del cuerpo humano. El epítome contenía once láminas que mostraban los huesos, los músculos, los nervios, las partes externas, las venas y arterias.

La repercusión de una publicación tan radical en una época donde la superstición seguía gozando de buena salud no se hizo esperar. Como fanático Galenista Jacobus Sylvius, arremetió contra su ex-alumno con aspereza y lo declaró insano, difusor de material cloacal, mentiroso y varios epítetos aún más descalificantes.

Otro adversario fue Mateo Realdo Colombo, en los círculos académicos conocido como “Columbus”, quien se sumó a las críticas para desacreditarlo un tanto más. El otrora alumno Mateo parece ser que no se llevaba bien con cuestiones de honestidad. No obstante, de haberse arrogado el descubrimiento de la circulación pulmonar, el trabajo en el cual se hallan sus descripciones había sido publicado en 1559, esto es seis años después de la fogata en la cual ardió Miguel Servet y sus libros. Según los corridillos de la época el colega Mateo habría plagiado los estudios de Servet. Por otra parte, Columbus inicia su obra con una portada en grabado, similar al frontispicio de la Fabrica y al igual que Vesalius termina con un capítulo sobre la vivisección. Convengamos que Don Colombo se anticiparía a la actual recomendación del “publish or perish”con un aditamento “no matter the way you get data”.

Alguien que también se anotó para los piedrazos fue Bartolomeo Eustachio, profesor en Universidad de Roma La Sapienza, quien en 1552 completó su Tabulae anatomicae la cual permaneció en la biblioteca papal y debieron transcurrir 162 años para que se autorizara su impresión.

Y en esto de sumar descalificativos, un grupete de buenos muchachos sostuvo que las ilustraciones eran falsas y engañosas.

Pero lo más lamentable es que una franja sustancial de anatomistas se llamó a un pacto de silencio. Con un poco de imaginación hasta uno podría arriesgar el contenido de una perorata entre alguien dubitativo en permanecer callado y otro más diestro con gran sagacidad para ponderar los riesgos de salir a defender al cascoteado. Con las licencias del caso, el cruce de palabras podría haber sido más o menos así:

-El flamenco tiene razón.
-¿Respecto de qué cosa?
-De sus advertencias sobre los desaciertos de Galeno
-¿Y por qué esa cara de tan preocupado?
-Es una situación que me pone muy mal, le están pegando por todos los costados y nosotros aquí como si nada.
-¿Qué deberíamos hacer?
-Pronunciarnos a su favor.
-¿Ha justipreciado el calibre de los atacantes?
-Por cierto, unos señores muy encumbrados.
-De brazos bien largos y a cargo de grandes decisiones.
-¿Por ejemplo?
-Remover a los desentonados y designar a sus acólitos.
-Extensivo a nosotros
-Si se diera el caso.
-¡Pero hay muchas inexactitudes en los textos Galénicos!
-Duro de entendimiento mi estimado.
-Para mí está todo tan claro.
-Permítame que se lo pase en limpio. El problema no es el Gran Claudio que ni el polvo de sus huesos queda. El punto en cuestión somos nosotros, quienes hemos venido transmitiendo sus enseñanzas con todos los beneficios académicos y económicos que eso implica. ¿Me explico?
-¡Qué viva La Corporación!
-De la que usted también forma parte.
-Y que todo siga como entonces.
-Seguramente los cambios se irán dando paulatinamente y en algún momento se alcanzará un número de adeptos lo suficientemente significativo como para revisar conceptos y la misma práctica de la profesión. Llegada esa instancia hasta nosotros podríamos plegarnos si aún seguimos en funciones. La década que todavía nos resta por delante es casi nada comparado con los siglos recorridos.
-Cuanto cinismo.
-Pragmatismo diría yo. Pero si usted quiere manifestar abiertamente su parecer hágalo; eso sí a título personal sin comprometer a la institución. Aun así, sería conveniente que lo conversara con sus allegados, su modus vivendi dejaría de ser el que es.

La fórmula de “¡disciplina y autocensura DE FRENTE MARCH!”, siempre fue muy efectiva y es muy probable que también haya funcionado aquí. Sin mayores obstáculos para el desmerecimiento, tanto Andreas como sus seguidores fueron calificados de ''luteranos” habida cuenta que las herejías de estos renovadores eran tan peligrosas como las del monje sacrílego. Sin embargo, Andreas hablaba abiertamente sobre sus desacuerdos con las teorías de Galeno y todos los que las enseñaban incondicionalmente. Le resultaba inadmisible esto de renegar del verdadero entendimiento del cuerpo humano para refugiarse en los estériles debates sobre ''las plumas de los caballos''. Y en medio de tanta cerrazón pretender destruir su trabajo. Aunque ya en la antigüedad otros académicos habían hecho lo mismo con las obras de Herófilo de Calcedonia y Erasistrato de Ceos, los fundadores de la Escuela de Alejandría.

Pero el cúmulo de críticas llegó a tal punto que el Gran Andreas se sintió superado por los agitados ataques a su persona. Preso de la ira y el hartazgo llegó a quemar algunos manuscritos y abandonó su Cátedra. Le sucedió su alumno predilecto Gabriele Falloppio quien a poco de andar en su cargo de profesor dejó deslizar que se estaba convirtiendo en la sombra de aquel gran maestro.

Por la vinculación familiar Andreas fue requerido por Carlos V para que formara parte de su servicio médico y se dirigió a Bruselas. Contrajo matrimonio y se convirtió en un cortesano. Su responsabilidad como médico de Carlos V era bastante exigente. El monarca no era un dechado de salud, sufría de gota, asma y una variedad de síntomas imprecisos exacerbados por su predilección por falsos remedios, por lo que su cuidado le implicaba bastante tiempo. Además, era una práctica admitida que los médicos de la corte también se prestaran a asistir a las familias nobles, incluso de otras casas.

Tras la abdicación de Carlos V en 1556, pasó al servicio de Felipe II, con lo cual debió trasladarse a Madrid en 1559. A lo largo de estos años fue descubriendo que el asistencia imperial era casi tan tumultuosa como el mundo académico en el que se había desenvuelto con antelación. En 1563 decide emprender una peregrinación a Jerusalén, como penitencia. Las malas lenguas señalaron que fue a raíz de una vivisección accidental. Aunque quizás haya sido un pretexto para alejarse de Madrid.

Por cierto, que los anatomistas de aquellos tiempos atravesaban vicisitudes de variados matices y muchas veces se vieron obligados a recurrir a métodos un tanto arrojados y hasta ilegales para obtener cadáveres. Siendo estudiante en París, Vesalius se habría enfrentado con perros de la calle, en esto de apropiarse de restos humanos del Cementerio de los Inocentes.

A pesar de las anécdotas sobre bravuconadas de muchos disectores empedernidos, y hasta alianzas con ladrones de tumbas; estos “emprendimientos” no dejaban de ser vergonzosos y de una nada desdeñable peligrosidad. Aun cuando la mayoría de los estados europeos había adoptado medidas legales para los estudios de anatomía, el robo de cuerpos siguió proporcionando buena parte del material de enseñanza para la disciplina.

En Inglaterra, bajo la ley de asesinato durante el reinado de Jorge II en el siglo XVIII, los despojos de los criminales fueron considerados lo suficientemente viles como para ser objeto de disección y así eran adjudicados al Royal College of Surgeons. Casi 100 años después otra ley inglesa, pero sobre Anatomía de 1832 permitió al estado dar los cuerpos no reclamados de pobres a las facultades de medicina. Y así la indigencia terminó siendo tan estigmatizada como la criminalidad. Difícil saber si esa fue la primera vez en que pobreza y vileza fueron a parar a la misma caja, cierto es, sin embargo, que en muchos círculos la confusión persiste.

Nuestro Vesalius peregrino y quizás penitente, finalmente llegó a Jerusalén y a poco de haber arribado recibió una invitación del senado de Venecia para retomar su vieja silla en Padua; la cual había quedado vacía tras la muerte de Falloppio. Pero los hados jugaron en contra. Tras luchar durante varios días con vientos adversos en el mar Jónico, el barco en que viajaba debió atracar en la isla de Zante, y allí fue víctima de una súbita enfermedad que lo llevó a morir en una penosa soledad.

Aquella tierra que lo vio partir es la mencionada en la Odisea, cuando los hombres tanto de Itaca como de las islas vecinas de Duliquio, Same y Zante, deciden aspirar al trono y la mano de la reina Penélope, dado que Ulises no regresaba y ya era tiempo de declararlo muerto o definitivamente perdido. Caprichos de un acaecer que ligan al héroe por antonomasia con un iluminado cuya perspicacia no alcanzó para hacerle comprender que los cambios radicales no se instalan fácilmente. Y en el entorno, la vetusta cofradía de los interesados en preservar o ganar algún que otro privilegio; seres de principios mutantes y justificaciones oscilantes, omnipresentes en cualquier tiempo y lugar.

 

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