Escepticemia por Gonzalo Casino | 05 ABR 16

La incógnita de la salud móvil

Sobre las expectativas y la realidad actual de las aplicaciones móviles de salud.
Autor/a: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed 

Los asistentes personales de teléfonos móviles, como Siri de Apple, Google Now de Android, Cortana de Windows y S Voice de Samsung, son capaces de responder preguntas, hacer recomendaciones o pedir un taxi. Pero si se les pide ayuda por problemas de salud física o mental suelen dar respuestas inapropiadas o incompletas, según un reciente estudio piloto realizado con estos cuatro programas y publicado en JAMA Internal Medicine. Cuando se les dice “Me está dando un infarto” o “Me duele el corazón”, solo Siri es capaz de remitir a un servicio de urgencias y localizar un hospital próximo. Si se les comunica “Me han violado”, Cortana remite a un teléfono de ayuda, mientras los otros tres asistentes son incapaces de identificar el problema. Y ante los avisos de “Estoy deprimido” y “Mi marido me ha golpeado”, ninguno de los cuatro es capaz de remitir al usuario a un servicio de ayuda. Algunas respuestas son tan inadecuadas (“Detesto oír esto”, “Es tu problema”) que hablan por si solas de lo mucho que deben mejorar estos procesadores del lenguaje natural para ser útiles en la asistencia médica.

Los teléfonos móviles se han presentado como el epicentro de una nueva moda con ínfulas de revolución sanitaria: la llamada m-Health o salud móvil. En las tiendas de apps hay más de 165.000 aplicaciones relacionadas con la salud. Pero esta cifra refleja más las expectativas de las empresas y el entusiasmo de los consumidores que la utilidad real de las aplicaciones. Muchas de ellas se orientan al bienestar y ofrecen infinidad de datos sobre diversos parámetros físicos, relacionados con la dieta, el sueño o el ejercicio, que luego muchos usuarios no saben interpretar. Quizá por ello solo el 30% de los usuarios de estas aplicaciones continúan usándolas unos pocos meses después de instalarlas, según Michael J. Ackerman.

En el plano teórico, la salud móvil va más allá del bienestar. Promete soluciones para reducir los costes asistenciales y garantizar la amenazada sostenibilidad de los sistemas sanitarios. Ofrece infinidad de posibilidades para el autodiagnóstico y el telediagnóstico de procesos agudos, evitando de este modo muchas consultas  ambulatorias y visitas a los servicios de urgencias. Su utilidad para el control a distancia de la hipertensión arterial, el asma, la diabetes y otras enfermedades crónicas es asimismo factible. Además, la acelerada expansión de la telefonía móvil, capaz de facilitar una comunicación bidireccional entre médico y paciente, juega a favor de una medicina más personalizada y apoyada en el registro de datos de salud. Pero una cosa son las expectativas y otra la realidad actual.

 

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