Escepticemia por Gonzalo Casino | 01 DIC 15

Ciencia y praxis de la soledad

Sobre los efectos perjudiciales del aislamiento humano y su estudio científico

La soledad perjudica gravemente la salud. Esta idea la suscriben sin duda buena parte de los ciudadanos y profesionales sanitarios de las sociedades desarrolladas, en las que la cantidad y la calidad de las relaciones sociales se han ido reduciendo progresivamente. Ciertamente, vivir solo y sentirse solo se asocia con un riesgo elevado de sufrir enfermedades crónicas y muerte prematura. Numerosos estudios observacionales han respaldado esta asociación en las últimas décadas, desde que en 1988 una revisión de cinco estudios prospectivos concluyera que la falta de relaciones sociales predice una mayor mortalidad y planteara la hipótesis de que existía una relación causal. Hoy, el mensaje de que la salud se resiente por la soledad ha calado hondo en las sociedades desarrolladas, aunque estamos lejos de entender su base científica y acometer eficazmente la prevención y el tratamiento del problema.

Hasta ahora, poco o casi nada se sabía sobre los mecanismos biológicos que explicarían por qué la gente sola enferma más y muere antes. Una investigación publicada en Procedings of the National Academy of Sciences (PNAS) aporta ahora una plausible explicación. Este trabajo viene a sugerir que la gente aislada podría tener un sobreestimulación del sistema nervioso simpático (responsable de la respuesta instintiva de “lucha o huida” codificada en nuestros genes) junto con una mayor producción de células inflamatorias en la médula ósea y un descenso de producción de proteínas antivirales.

Pero esto es solo una hipótesis. El artículo de PNAS da cuenta de una sofisticada investigación experimental realizada con parámetros biológicos de humanos que se sienten solos y de macacos Rhesus sometidos a aislamiento. Aunque el estudio sugiere que los macacos aislados pueden ser más susceptibles a las infecciones virales, no demuestra que las personas aisladas socialmente vayan a enfermar más o morir antes. Tampoco demuestra que el mecanismo biológico propuesto sea el único implicado, ni mucho menos.

La soledad es un sentimiento complejo y difícil de estudiar científicamente, pues puede estar influenciado por muchas circunstancias sociales, económicas, biográficas, psicológicas y de salud. Realmente es poco plausible que responda a un solo factor desencadenante. Es posible que las personas con enfermedades crónicas estén menos motivadas a relacionarse con otras personas, lo cual aumenta su sentimiento de soledad, entrando de esta manera en un círculo vicioso. Pero esto no deja de ser también una especulación.

 

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