Escepticemia por Gonzalo Casino | 01 SEP 15

Aprendizajes y aprendices

Sobre la revolución educativa que se avecina en las ciencias y la medicina
Autor/a: Gonzalo Casino 

Las diferencias entre un coche de hace 100 años y uno actual son ostensibles, como lo son también los cambios registrados en el último siglo en quirófanos, aviones, teléfonos y en tantas otras cosas. Por el contrario, las aulas apenas han cambiado en lo esencial: pupitres ordenados en filas, pizarra y mesa del profesor sobre una tarima. La imagen del aula es casi una foto fija desde hace siglos, y esto parece indicar que los fundamentos de la enseñanza siguen siendo los mismos, por más que los alumnos lleven ordenadores portátiles y teléfonos móviles: autoridad, jerarquía, uniformidad, clases magistrales, etc. Sin embargo, esta foto empieza a moverse como si un tsunami azotara los pilares de la educación.  

La educativa es quizá la más importante de las revoluciones pendientes desde la Academia de Platón. Aunque en términos globales casi todo sigue igual, algo ha empezado a cambiar con las nuevas tecnologías y el desatado impulso de compartir, tan característico de los tiempos actuales. Los MOOC (Massive Online Open Course) universitarios, entre los que no faltan los temas médicos, son solo la vertiente más académica de una inconmensurable aula virtual con todo tipo de cursos, talleres y saberes varios. Esta poderosa corriente educativa ha desbordado la enseñanza reglada y ha puesto en evidencia sus carencias. Personajes como Salman Khan, que da cursos gratuitos para 26 millones de alumnos en su Academia Khan, financiada por Google y Bill Gates, entre otros, ejemplifican esta nueva época educativa. “Lo único que necesitas saber es que tú puedes aprender cualquier cosa”, se lee en el portal de esta academia. 

No es sorprendente que la más popular de todas las Conferencias TED, con 34 millones de visitas en internet, tenga que ver con la educación. La charla de Ken Robinson ¿Las escuelas matan la creatividad? es una performance de 20 minutos contra la esclerosis de sistema educativo y la homogeneidad que anula el talento individual. Su éxito revela un cierto fervor por el mantra de la autorrealización personal, pero indica también que es posible otro tipo de pedagogía menos uniforme y teórica y más personalizada y centrada en la resolución imaginativa de problemas, con la diversión y la pasión como motores del aprendizaje. El aula virtual tiene por delante un largo camino de maduración, pero de entrada está forzando a replantear toda la enseñanza. 

Los buenos maestros son más necesarios que nunca, pero también deben adaptarse. Decía Nietzsche en su Crepúsculo de los ídolos que las tres tareas fundamentales para las que se necesitan educadores son aprender a ver, aprender a pensar y aprender a leer y escribir. En sus tiempos, muchos profesores no daban la talla para enseñar estos tres saberes fundamentales, y no está claro que las cosas hayan mejorado. Sin embargo, hay mucho conocimiento compartido y muchas experiencias educativas que invitan a pensar que las cosas pueden cambiar para mejor. 

 

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