La obra plástica de Sofía Sabsay | 02 MAY 15

Mundo Interior

Arte- Mente es un programa educativo para adultos, surge en respuesta al elevado porcentaje de personas afectadas por la pérdida de atención y memoria.

La muestra de Sofía Sabsay fue expuesta en el salón de arte del Congreso Argentino de Psiquiatría APSA 2015.

En mi mente. Carbon , lápiz, sepia, 1983

Arte- Mente es un programa educativo para adultos, surge en respuesta al elevado porcentaje de personas afectadas por la pérdida de atención y memoria. Su fin es sumar a la apreciación del arte ejercicios para favorecer la estimulación cognitiva, ayudando a mantener la mente activa, facilitando el desarrollo de una experiencia positiva compartida con pares, con familiares, amigos y cuidadores en el marco de un dialogo directo, con contacto visual, énfasis en ciertas palabras y aliento a la autoexpresión.

Comprende mirar los dibujos de cerca concentrándose en sus detalles y diferencias para poder contestar las preguntas, realizar una descripción de lo que se ve en cada dibujo y poder dialogar acerca del significado de reflexionando acerca de las posibles intenciones del artista; entendiendo que en el campo de la interpretación subjetiva de las obras las conclusiones pueden ser diversas al conectarlas con la propia experiencia de vida para poder expresar lo que se siente.


En mi corazon. Carbón , lápiz, sepia. 1983

Mundo Interior

El proceso creativo de estos dibujos responde a los conceptos enunciados por el neurólogo Semir Zeki quien afirma que adquirir conocimiento del mundo captando lo esencial es función del arte y que los artistas, al investigar el mundo con sus propias herramientas, realizan un proceso cerebral que exige esfuerzo y cuya recompensa es la comprensión de un fragmento del mundo, en este caso, de su cuerpo y su entorno.

Se acercan al surrealismo al establecer insólitas relaciones. Representan un viaje por el interior del cuerpo y por espacios significativos de Buenos Aires. De lejos nos recuerdan el trabajo de un anatomista, de cerca nos remiten a la libertad de expresión que el surrealismo inserta en la producción artística, aquella a la que se refiere André Breton en 1924 en Los pasos perdidos como “la voluntad de profundización de lo real, toma de conciencia cada vez más neta y al mismo tiempo más apasionada del mundo sensible". En esa ruptura de frontera entre lo interior y lo exterior, el cuerpo se torna en sede de una curiosa selección de objetos, animales y espacios urbanos. Sus extrañas asociaciones rompen con las relaciones conocidas, una cabeza contiene un piano, un carretel, letras, números y una corneta; una cara incluye una jau la, un carro de venta de muebles y un barrendero; el corazón presenta una tortuga, un péndulo, un cisne, una serpiente y un águila, el torso contiene un espiral y una tuerca.

Forman parte un acto de reparación, concepto que Melanie Klein añade a la sublimación de Sigmund Freud. En el diario La Folla de San Pablo, Ivo Zanini escribió sobre obras: “Sus dibujos concentran su trabajo sobre la figura humana en una interpretación intrínseca en homenaje a sus indescifrables conflictos, la artista compone expresiones del cuerpo con temas vinculados a su morada.” El autor se refiere a esa conflictividad y a la  presencia de un gran monto de angustia al iniciar estas obras, generada por las vivencias personales de la artista en ese momento de su vida.

 

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