La verdad y otras mentiras | 09 FEB 15

La sombra de mi viejo (relato)

Acerca de las palabras negadas y el tiempo que no da revancha.
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Fuente: IntraMed 

A veces, como al príncipe Hamlet, me ronda la sombra de mi viejo. Yo sabía que lo iba a entender cuando fuese demasiado tarde, y no hice nada para impedirlo.

Sembraba mi camino de libros sin decirme nunca: “¡Leelos!”. El Juan Cristóbal en el descanso de la escalera, Redoble por Rancas sobre la tapa del inodoro, Rayuela en el cajón de las medias. Yo los leía, pero no le decía nada. Él lo sabía, y también callaba.

Una mañana bajé a la cocina, tenía quince años, él tomaba mate mientras leía el diario. Se preparaba para ir al hospital. Era médico, ese era su lugar propio, íntimo, su espacio natural. Allí era feliz como en ninguna otra parte. Usaba un maletín de cuero viejo y gastado que jamás cambió, aunque le regalaban uno nuevo cada año. Le hablé mirando al piso, como si no pasara nada importante: “Creo que tengo una supuración”, le dije. Me llevó al hospital bajo una lluvia de otoño. Me aplicó inyecciones durante tres días. Al cuarto, me entregó una caja de forros. “Ya está —me dijo—, nunca más sin estos”. Fue suficiente, nunca más.

Todos los años me echaban del colegio. Él escuchaba al señor rector como si lloviera. De vuelta a casa me daba un papel con una dirección. “Mañana vas a inscribirte”, me decía entregándome el papelito. Yo empezaba el nuevo año en otro lugar. La historia volvía a repetirse. Siempre igual. Nos mirábamos uno al otro, pero jamás al mismo tiempo.

 

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