Reportes | 06 OCT 14

Sobrepeso y bullying entre escolares

Relación del sobrepeso con la victimización y la perpetración del bullying entre escolares.
Autor/a: Pauline W. Jansen, Marina Verlinden, Anke Dommisse-van Berkel, Cathelijne L. Mieloo, Hein Raat, Albert Hofman, Vincent W.V. Jaddoe, Frank C. Verhulst, Wilma Jansen and Henning Tiemeier Pediatrics 2014; 134; 47

Alrededor del 25% de los niños y adolescentes en los países occidentales tienen sobrepeso. El sobrepeso infantil tiene varias consecuencias a corto plazo para el bienestar de los niños, ya que predice la aparición de síntomas depresivos, baja autoestima, estigmatización, e intimidación por los pares.

La intimidación o bullying se caracteriza por una agresión repetida en la que una persona tiene la intención de dañar o perturbar a otra persona y puede adoptar diversas formas, tales como golpes, insultos, chismes, y exclusión social. El bullying en la escuela es un fenómeno  generalizado con un impacto negativo en la salud mental de los niños y en el funcionamiento escolar.

Además, el ser víctima también puede afectar el estilo de vida de los niños y conducir a conductas obesogénicas, como evitar las actividades sociales y los deportes y darse atracones en respuesta al estrés. Esto sugiere que los niños pueden quedar atrapados en un espiral descendente de sobrepeso, lo que lleva a victimización, y a su vez empeora los problemas de peso a través de hábitos de vida poco saludables.

Varios estudios han demostrado que niños y adolescentes en edad escolar con sobrepeso a menudo son víctimas de bullying relacionado con el peso, y también de otras formas de intimidación. Utilizando datos de una cohorte de base poblacional del Reino Unido, Griffiths y colaboradores informaron que las niñas y niños obesos eran ~ 1,5 veces más tendientes a ser intimidados que sus contrapartes de peso normal.

Del mismo modo, un gran estudio canadiense mostró que los adolescentes con sobrepeso, particularmente aquellos con obesidad, se encontraban en alto riesgo de victimización relacional y verbal.

Las investigaciones previas se centraron principalmente en la victimización, pero Griffiths y col. y Janssen y col. también evaluaron la perpetración del bullying y hallaron que los niños con un peso corporal elevado eran tendientes a ser agresores. Esto podría reflejar la fuerza física y el dominio de los muchachos corpulentos, pero la intimidación también pueden ser una expresión de agresión reactiva en respuesta a ser victimizado.

Los científicos normalmente se refieren a los niños que son a la vez víctima y agresor como víctimas provocadoras. Estas personas llamadas víctimas provocadoras tienen un riesgo muy alto de problemas psicosociales tardíos. Debido a que no está claro si el índice de masa corporal (IMC) se asocia con victimización provocadora, es necesaria más investigación sobre victimización y bullying para examinar los diferentes roles de la participación del bullying entre los niños con sobrepeso.

Investigaciones anteriores sobre el estado del peso y el comportamiento de intimidación también se limitaron en algunos otros aspectos. Excepto para un estudio, la investigación se basó principalmente en la percepción subjetiva de la victimización y en el peso y la talla medidos objetivamente más que por auto-reporte.

En consecuencia, las asociaciones reportadas pueden estar sobreestimadas debido al sesgo negativo de la auto-evaluación: los niños con una pobre autoestima pueden ser más propensos a percibir las burlas leves como  victimización y plausiblemente también tienen una auto-imagen distorsionada.

Otro vacío importante en la literatura es la falta de estudios en el grupo de edad previo a la infancia media (8-9 años), por lo que aún se desconoce si el sobrepeso predispone a los niños a la victimización ya en la escuela entrada. La alta prevalencia del sobrepeso y el carácter común de la conducta de bullying a principios de la escuela primaria llaman a la investigación para hacer frente a esta brecha de conocimiento.

Además, la noción de que el bullying puede exacerbar el nivel de sobrepeso en niños o perjudicar aún más su autoestima refuerza la importancia de intervenir tan pronto como sea posible, antes de que se inicie el espiral descendente.

El objetivo de este estudio fue examinar si el sobrepeso o la obesidad se asocian con  victimización y perpetración del bullying entre niños de 5 a 6 años de edad en los primeros grados de la escuela primaria. Se aplicó un enfoque multi-informante utilizando reportes de maestros y niños sobre conducta de intimidación para determinar la consistencia de las asociaciones a través de los informantes.

Los autores plantearon la hipótesis de que un IMC alto predispone a la victimización y a la perpetración del bullying. Específicamente, postularon que los niños con sobrepeso y obesidad son más propensos a estar involucrados en bullying, particularmente con intimidación física, que sus compañeros de peso normal.


Métodos

Diseño

Este estudio transversal fue incorporado en la Generación R, una cohorte basada en población desde la vida fetal en adelante.

Las mujeres embarazadas que vivían en Rotterdam, Países Bajos, con una fecha prevista de parto entre abril de 2002 y enero 2006 fueron invitadas a participar durante el embarazo y después del nacimiento de su hijo (tasa de participación: 61%).

Se obtuvo el consentimiento informado por escrito de todos los niños participantes y sus padres, y el Comité de Ética Médica del Centro Médico de la Universidad Erasmus aprobó el estudio. La información utilizada en el presente estudio se obtuvo cerca del ingreso escolar mediante mediciones a mano, cuestionarios postales, y un procedimiento de nominación de pares. Los informes de los maestros sobre bullying fueron recogidos por el Servicio de Salud Pública Municipal como parte de los exámenes de salud de rutina. El Comité de Ética Médica de la Universidad Erasmus aprobó el uso científico de estos datos, y los participantes de Generación R dieron su consentimiento para la vinculación de los mismos.

Población de estudio

La información sobre el estado del peso al ingreso escolar estuvo disponible para 6690 niños (edad media: 6,2 años). Los maestros de escuela de estos niños completaron un cuestionario que incluía preguntas sobre la participación del niño en el bullying en la escuela. Sólo los profesores de niños que todavía residían en Rotterdam fueron abordados (n = 5743).

El nivel de respuesta de los profesores fue del 76%, resultando en una población de estudio de 4364 niños con datos sobre el estado del peso y de la conducta de intimidación reportada por los maestros. Estos niños asistían a 1661 diferentes clases; el número medio de participantes de la Generación R por clase escolar fue de 2,6 (rango intercuartílico: 3-8).

En una sub-muestra de participantes de la Generación R y sus compañeros de clase, los informes sobre bullying de los niños se obtuvieron con una medida de nominación de pares. Los informes de intimidación de los niños estuvieron disponibles para 1327 niños (que asistían a 186 clases escolares diferentes) para quienes los datos de peso también estaban disponibles.

En un análisis de no respuesta, se compararon niños elegibles con (n = 4364) y sin (n = 1379) un informe del maestro. No se hallaron diferencias en el origen nacional (P = 0,46), el nivel educativo de la madre (P = 0,17), o el IMC del niño (P = 0,92) entre los 2 grupos.

Medidas

Bullying y victimización
Los maestros calificaron la ocurrencia de 4 formas comunes de bullying y victimización para cada participante de la Generación R de su clase. Los ítems de victimización evaluaron si "el niño fue victimizado físicamente por sus compañeros, por ejemplo, al ser golpeado, pateado o pellizcado" (victimización física); si "el niño fue victimizado verbalmente, por ejemplo mediante burlas, risas o sobrenombres" (victimización verbal); si "el niño fue excluido por sus compañeros" (victimización relacional); y si "las pertenencias del niño fueron ocultadas o rotas" (victimización material). Se utilizaron cuatro ítems análogos para evaluar la mismas formas de perpetración del bullying (por ejemplo, "si el niño acosaba físicamente a sus pares").

Cada ítem se calificó en base a una escala de 4 puntos donde 0 = menos de una vez al mes, 1 = 1 a 3 veces por mes, 2 = 1 a 2 veces por semana, y 3 = más de dos veces a la semana. Se calcularon los puntajes de la escala de victimización y bullying sumando los 4 ítems de cada clasificación.

En base a los precedentes existentes, los niños con una puntuación de "menos de una vez al mes" (0) en los 4 ítems de bullying y los 4 ítems de victimización fueron clasificados como niños no afectados.

Los niños fueron clasificados como víctimas si tenían una calificación ≥ 1 en cualquiera de los 4 ítems de victimización. Del mismo modo, los niños fueron clasificados como victimarios o agresores si tenían una puntuación ≥ 1 en cualquiera de los 4 ítems de perpetración del bullying. Los niños que cumplían con ambos criterios de agresores y víctimas fueron clasificados como víctimas provocadoras.

Los informes infantiles sobre participación en bullying se obtuvieron utilizando la medida PEERS, una evaluación computarizada de nominación entre pares. Al igual que en la evaluación de los docentes, se analizaron 4 formas de victimización (física, verbal, relacional, material) a través de preguntas análogas a las descriptas anteriormente, con el apoyo de imágenes visuales.

Los niños podían nombrar a aquellos que los intimidaban haciendo clic en las fotos de los compañeros de clase visualizadas en la pantalla. El número de nominaciones que un niño daba a los demás se utilizó para calcular los puntajes de victimización individuales.

Las nominaciones que cada niño recibió de sus compañeros de clase fueron utilizadas para calcular los puntajes de bullying individuales. Las puntuaciones de nominación fueron ponderadas por el número de niños que realizaron el PEERS.

Para identificar agresores, víctimas y víctimas provocadoras, las puntuaciones de victimización y bullying se dicotomizaron utilizando el límite superior del percentilo 25 como punto de corte, como se realizó en estudios previos.

A continuación, los niños fueron clasificados en grupos no sobrepuestos: no involucrados, agresores, víctimas y víctimas provocadoras. Aunque la evaluación de nominación entre pares se llevó a cabo en clases escolares completas, el estudio actual utilizó sólo las puntuaciones de niños que participaron en la Generación R. Anteriormente, los autores demostraron una buena consistencia interna (α = 0,79 y 0,73, respectivamente) y confiabilidad prueba-reprueba (coeficientes de correlación intra-clase = 0,78 y 0,67, respectivamente) para las escalas de bullying y victimización.

A pesar de la superposición sustancial entre maestros y niños (el 75% coincidió en ser una víctima, el 74% en ser agresor), la concordancia entre observadores fue baja (k = 0,12, n = 1102 con ambos informes disponibles). Aunque la concordancia cruzada entre informantes en la investigación del bullying es típicamente baja debido a las diferentes perspectivas de los locutores, algunas diferencias metodológicas adicionales (diferentes instrumentos y puntos de evaluación) pueden explicar ciertamente el bajo acuerdo también.

IMC
El peso y la altura de los niños fueron medidos por personal capacitado en el centro de investigación de los autores. El IMC se usó para clasificar a los niños como con "peso normal" (incluyendo bajo peso), "sobrepeso", u "obesidad", según el criterio internacional acorde a edad y sexo.

Covariables
Diversas variables socio-demográficas (sexo, origen nacional, y edad del niño; nivel educativo materno; familia monoparental; presencia de hermanos) fueron consideradas como posibles factores de confusión, porque estaban vinculadas previamente con conductas de intimidación de los niños.

Análisis estadísticos

Las puntuaciones de victimización y bullying reportadas por maestros y niños fueron transformadas a raíz cuadrada para acercarlas a una distribución normal, y luego estandarizadas para permitir la comparación. Para optimizar el poder estadístico, la relación del IMC con las puntuaciones de victimización y bullying reportadas por maestros y niños fue primero examinada con análisis de regresión lineal.

Se evaluaron las interacciones bidireccionales IMC-sexo en estos análisis. A continuación, se realizaron análisis de regresión logística para examinar la asociación entre el estado del peso y los diferentes roles de participación en el bullying. Se calcularon los odds ratios (OR) para cada rol en el bullying (víctima, agresor, víctima provocadora) en comparación con los niños no afectados.

Se analizaron los datos en una estructura de 2 niveles para dar cuenta de los niños agrupados en clases escolares. Se presentan los resultados sin ajustar y ajustados para las posibles variables de confusión. Múltiples técnicas de imputación (regresión encadenada) se utilizaron para reemplazar los valores ausentes de los factores de confusión en base a la información disponible de todas las variables incluidas en este estudio. Las estimaciones de efecto reportadas son los resultados combinados de 40 conjuntos de datos imputados. Todos los análisis se realizaron en Stata 11.0 (Stata Corp, College Station, TX).

 

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