Nuevo libro del Dr. Daniel López Rosetti | 22 SEP 14

Historia Clínica II

Un recorrido apasionante por las historias de vida y clínicas de personajes destacados de la historia universal.
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Fuente: IntraMed 

Todos aquellos que nos quedamos con ganas de que el primer libro, "Historia Clínica", del Dr. Daniel López Rosetti no terminara, ahora tenemos la oportunidad de prolongar el placer de esa lectura. Una nueva serie de narraciones acerca de la vida y de las enfermedades de personajes destacados de la historia vuelve a abrirnos las puertas del hipnótico embrujo que estos relatos producen. Conocer los datos médicos de Sarmiento, Belgrano, Freud, Beethoven, Da Vinci, Tutankamón, Darwin, El Quijote, Tita Merello o Discépolo nos aporta una nueva dimensión acerca de quienes suponíamos conocer. Las historias clínicas contextualizadas en el momento histórico y en el desarrollo de sus obras cobran una dimensión que desconocíamos. Leer los libros de López Rosetti se torna una actividad adictiva. Es casi imposible soltarlos una vez que nos sumergimos en ellos. Hay un interés que despierta nuestra curiosidad pero también el intenso placer de ser conducidos por una mano experta que nos hace felices en cada página. Tal vez una conclusión no buscada de esta obra -cuando es leída por un médico- sea que no es suficiente conocer qué enfermedad tiene una persona, sino que es necesario saber quién es ese individuo y cuál ha sido el escenario histórico donde le ha tocado vivir. ¡No se lo pierda!

Daniel Flichtentrei


Prólogo
Por Felipe Pigna

Cuando tuve el honor de escribir el prólogo del tomo uno de Historia Clínica, estaba convencido de que se trataba de un gran libro y que  tendría una gran aceptación entre los lectores. Afortunadamente así fue: el texto de Daniel fue un gran suceso editorial y además se convirtió en un ciclo televisivo también exitoso que ya ha obtenido importantes distinciones, entre ellas un Martín Fierro,  el premio Argentores, y lo más importante, el favor de la gente que pudo verlo a través de las pantallas de Telefe, America TV y Canal 9 de Mendoza.

Todos estos estímulos, más la insistencia de muchos amigos entre los que me cuento, impulsaron al querido “Doc” López Rosetti a continuar deleitándonos con su particular estilo ampliando el espectro de personajes en este segundo tomo que no dudo correrá la misma suerte que el primero.

Se observa en este trabajo una profundización de la indagación en los aspectos psicológicos de los personajes y su natural incidencia médica. Seres que cambiaron el mundo como el impresionante Beethoven, el genial Leonardo o el imprescindible Sigmund Freud son vistos desde esta triple perspectiva biográfica, médica y psicológica acercándonos a estos protagonistas de la historia desde un lugar no muy transitado por la historiografía clásica y la medicina tradicional, esa que olvida las emociones, las pulsiones y las pasiones y arma historias clínicas puramente fisiológicas.
¿Cómo ha influido en estos seres esta condición tan humana de padecer enfermedades? ¿Qué aspectos de su vida fueron absolutamente condicionados, sino determinados, por sus historias clínicas? ¿Qué rol cumplieron en el desarrollo de sus enfermedades sus pasiones, sus emociones y sus dolores, esos que algunos llaman espirituales? Son algunas de las preguntas que son respondidas con absoluta solvencia a lo largo de estas páginas.

La galería de personajes, muy bien elegida, permite un recorrido por diversas patologías y analizar la incidencia de los factores mencionados. Además nos propone un interesantísimo viaje por la historia a partir de uno de los aspectos menos conocidos de sus humanidades.

Cronológicamente el libro comienzo con el célebre faraón Tutankamón, mucho más importante por el hallazgo de su tumba –una de las pocas que se encontró intacta y que no había sufrido el saqueo de los ladrones a lo largo de milenios-  que por su breve y poco trascendente reinado. Hijo Akenatón, el único faraón que quiso implantar el monoteísmo en Egipto a través del culto de Atón, Tutankamón padeció múltiples enfermedades en su corta vida y se han tejido leyendas sobre su posible (y poco probable) asesinato.

Continúa el viaje en el tiempo con el genial Leonardo Da Vinci por quien nuestro querido autor no hace el menor esfuerzo en ocultar su profunda y compartida admiración. Una perlita de este capítulo es la consulta imaginaria entre el médico y el paciente Da Vinci, recurso que se repite en otros capítulos como el de Darwin y Discépolo.

Un caso muy interesante es el de un tal Alonso Quijano, más conocido como Don Quijote de la Mancha, hijo dilecto del talento del genial Miguel de Cervantes. Se trata, claro está, de un personaje de ficción, pero Daniel, basándose en los datos médicos que brinda el autor va armando esta interesantísima historia clínica que comienza con el debate de la supuesta locura de don Quijano según los parámetros de la época y los actuales.

Nuestro querido Manuel Belgrano ocupa un lugar preponderante en este recorrido. Además de recordarnos de que “hijo de la patria”, como le gustaba que lo llamaran, padecía diversas enfermedades, entre ellas  la sífilis y la enfermedad cardíaca, Daniel pone en el acento en el dolor y la amargura que derivaron en una depresión importante, cuando se entera de quienes serán sus compañeros en el Consulado “aquellos partidarios de sí mismos” “que sólo saben comprar por cuatro para vender por ocho”, esa tremenda sensación de frustración que debió ser tremenda para aquel hombre adelantado a su tiempo que soñaba en plena colonia con un futuro país industrial, con la riqueza equitativamente distribuida y la educación pública y gratuita para todos, incluyendo y sobre todo para las mujeres.

Hubo un contemporáneo de Belgrano al que la humanidad le debe parte de la mejor música que podemos escuchar. Por esas injusticias de la vida padeció la sordera entre decenas de enfermedades. Se llamaba Ludwig Van Beethoven. Daniel rastrea en aquella terrible infancia marcada por la sombra del pequeño prodigio Mozart, el hilo conductor de una vida tremendamente complicada, con pocos destellos de felicidad y muchos padecimientos. Leyendo este intenso capítulo uno no puede dejar de conmoverse empáticamente por aquella injusta alquimia entre la sordera y una mente plena de musicalidad de sonidos que luchaban por encontrar expresión pero también por ser escuchados por su genial creador.

El caso de Sarmiento es muy interesante. Uno intuye que aquel “cuyano alborotador” como lo llamaban sus enemigos, aquel “padre del aula” como lo nombraban sus amigos, que se llevaba el mundo por delante, no la tendría tan fácil a nivel salud. Como bien explica Daniel, la malasangre es médicamente tóxica y tiene sus efectos. En este caso problemas coronarios y una creciente sordera que le impidió, por ejemplo, enterarse de que intentaron matarlo a trabucazos en una esquina de Buenos Aires porque no escuchó absolutamente nada. Sordera que también uso para mofarse de sus adversarios cuando le preguntaron cómo iba a hacer para cumplir sus funciones de legislador en el Congreso y respondió fiel a su estilo “Yo no vengo a escuchar, vengo a que me escuchen”.

Mucho se sabe sobre uno de los hombres clave de la historia de la ciencia contemporánea, Charles Darwin, el creador de la teoría de la evolución de las especies que empezó a pergeñar en nuestro suelo y la terminó de vivenciar en las Islas Galápagos en aquel increíble viaje alrededor del mundo a borde del Beagle. Lo que muchos no saben es que Darwin se llevó algo más que una importante colección de fósiles y animales de nuestro país, también llevó consigo inoculado sin saberlo el trypanosoma Cruzi, es decir la infección del mal de Chagas que terminaría siendo fatal muchos años después.

Es muy interesante el capítulo dedicado a Sigmund Freud en el que Daniel nos va guiando por los caminos que llevaron a este genial médico austríaco a convertirse en el padre del Psicoanálisis. Su paso por distintas técnicas como la hipnosis, la formación en París, la seguridad sobre su capacidad profesional y, claro está, su historia clínica, su relación con la cocaína, su hábito de fumar cigarros casi compulsivamente, y esos terribles últimos años exiliado del nazismo padeciendo operaciones dolorosas y aparatos ortopédicos invasivos.

Finalmente nos encontramos con dos entrañables artistas que tenían en común, además de sus simpatías por el peronismo, un diploma de graduados con las máximas calificaciones en la Universidad de la Calle y a la vez una exquisita sensibilidad, un saber dolerse con el padecimiento ajeno, condolerse. Estoy hablando de Enrique Santos Discépolo y Tita Merello. Dos de los máximos representantes del tango argentino. Enrique, un hombre múltiple, fue compositor, poeta, autor y director de teatro y de cine. Vivió, como alguien dijo, a carne viva, tratando de reparar injusticias con sus tangos y sus palabras, denunciando al poder y a la corrupción de los años 30, de aquella década infame a al que retrató como nadie en “Yira, yira” y en “Cambalache”. Se comprometió con sus ideas con su célebre mordisquito y su corazón pagó los platos rotos por otros. Murió de tristeza, de no poder creer que podía engendrarse tanto odio e incomprensión.

En cuanto a Tita, con una infancia tremenda, porque como ella decía, la infancia de los pobre es cortita y porque perdió a su padre a los pocos meses de vida y a su madre a los pocos años. Se ganó la vida como pudo. No pudo como las señoras que la criticaban “cuidar su moral”. Peleó como pudo contra la adversidad y dedicó gran parte de su vida a alertar a sus congéneres sobre los peligros del cáncer de útero, un recuerdo trágico de su amada Evita tal vez.

Ahora sí, a disfrutar de estas nuevas Historias Clínicas.


Daniel López Rosetti es médico especialista en clínica médica y cardiólogo universitario egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Se especializó en el diagnóstico y tratamiento del síndrome del estrés. Es profesor titular de la cátedra de Psicofisiología de la carrera de Psicología de la Universidad Maimónides; director del curso universitario de Medicina del estrés y Psiconeuroinmunoendocrinología clínica de la Asociación Médica Argentina y coordinador del gabinete de Medicina del Estrés y Psicobiología del Hospital Central Municipal de San Isidro. Es presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (SAMES); miembro titular de la Asociación Médica Argentina; miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología y de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Es fellow del American Institute of Stress (Nueva York). Participa como disertante en congresos médicos locales e internacionales y publicó numerosos trabajos sobre su especialidad. Fue médico residente de clínica médica y docente de la I Cátedra de Fisiología Humana de la Facultad de Medicina de la UBA. Presidió el I y el II Congreso Argentino de Medicina del Estrés, celebrados en la ciudad de Buenos Aires en 2001 y 2005. De su autoría son los libros Estrés, epidemia del siglo XXI, El cerebro de Leonardo y El estrés de Jesús. Es columnista sobre temas médicos de Telefe Noticias y de Radio Mitre.

 

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