Una medicina integral, centrada en la persona y no en sus partes | 01 SEP 14

Clínica Médica: un dinosaurio en el siglo XXI

Ya no queda tiempo para ir, como enseñaba el Profesor Dr. Bernardo Manzino, de la cama del paciente al libro y de éste nuevamente a la cabecera del enfermo; ya no hay tiempo para el “escuchatorio” que nos enseña el Dr. Francisco Maglio.
Autor/a: Dr. Alejandro A. Bevaqua 

La ciencia médica avanzó a pasos agigantados desde mediados del siglo pasado hasta la fecha, y esa velocidad en la adquisición de nuevos conocimientos parece muy lejos de desacelerar; antes bien, ha adquirido, y continúa sosteniendo, un ritmo vertiginoso, casi imposible de seguir, al menos en lo que hace a la actualización continua y permanente sobre aspectos generales, básicos, de nuestra profesión en lo que debemos reconocer como su  tronco principal, la Clínica Médica, de donde desprenden luego las diversas ramas o especialidades.

Algunas novedades son francamente útiles tanto en lo que hace a nuevos métodos de enfoque diagnóstico y terapéutico de las patologías prevalentes, cuanto al establecimiento de nuevas relaciones entre datos ya conocidos, y ahora revalorizados, a la luz de flamantes saberes; otros descubrimientos, producto de investigaciones en el campo de la tecnología, sólo vienen a sumar más confusión, mayores gastos en salud y, muy especialmente, nuevas formas de alejarnos del paciente, mediatizando la tarea médica a través de innúmeras máquinas y procedimientos en busca de ese tan ansiado diagnóstico que muchas veces, para el médico que realmente sabe y quiere escuchar, se esconde a plena luz -como "La carta robada", el genial cuento de E. Allan Poe- en el diálogo con el paciente y en muy pocos, si apenas algunos, estudios complementarios.

A pesar de las respuestas mayoritarias volcadas en la encuesta que realizara Intramed sobre el valor del examen físico , con altísimo porcentaje de expresiones favorables  a este método clínico, ya prácticamente no queda tiempo para realizarlo adecuadamente, a punto tal que casi no se lo enseña o se lo hace muy superficialmente en muchos claustros; y cuando ello ocurre, el estudiante puede encontrarse con la paradoja de que aquello en lo que se le ilustró no es practicado casi ni por parte de los mismos docentes. Diríase que, para las nuevas generaciones de profesionales de la salud, suele verse hoy el valor del examen físico y del interrogatorio, desde una perspectiva histórica, como una etapa superada del accionar médico.

Ya no queda tiempo para ir, como enseñaba el Profesor Dr. Bernardo Manzino, de la cama del paciente al libro y de éste nuevamente a la cabecera del enfermo; ya no hay tiempo para el “escuchatorio” que nos enseña el Dr. Francisco Maglio, con lo que puede sostenerse que la asistencia médica, la verdadera asistencia profesional (concepto derivado de ad-sistere: sentarse al lado de, detenerse junto a) se encuentra en una crisis terminal.

A este dramático cuadro súmese, por un lado, la presión de los mismos pacientes -sumergidos ellos mismos, quizás sin saberlo, o sabiéndolo sin poder evitarlo- para acceder a esas novedades tecnológicas tan promocionadas por los mass media y, por otro, la necesidad de la propia tecnología de auto-financiarse, solventándose y renovándose continuamente a sí misma, lo que lleva a un círculo nefasto de replicación de innecesarios estudios solicitados muchas veces por los mismos propietarios de la aparatología, con prescindencia de lo que efectivamente requiriera el médico de cabecera de la persona.

 

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