Los sutiles mundos de Ricardo Chávez Castañeda | 18 AGO 14

Un escritor que usted merece descubrir

Un narrador mexicano que profesa el milenario rito de contar historias que usted podrá disfrutar y compartir con sus hijos.
Fuente: IntraMed 

Experiencia Castañeda
La literatura, la sinestesia (y el hastío de los expertos)

A veces temo que en el futuro ya nadie podrá leer ni contar historias. Simplemente habremos olvidado como hacerlo. Cierta literatura se ha expandido como una mancha de aceite contaminando a muchos narradores con una obsesión egomaníaca que los lleva a  escribir acerca de ellos mismos (literatura del "Yo"). Están en todo su derecho. Pero yo quiero historias, reales o fantásticas, que me permitan salirme de mí mismo para explorar otros mundos. Quiero cuentos que pueda compartir con mis hijos en la penumbra del cuarto mientras convocamos a los duendes del sueño. Sin historias todo es disperso, incomprensible. Un naufragio de hechos aislados y sin sentido. El escritor tiene derechos, desde ya, pero la literatura tiene obligaciones. Hay un rol que el contador de historias tiene dentro de la tribu. Son indispensables.

No conocía a Ricardo Chávez Castañeda hasta que Mateo Niro -otro notable escritor- puso en mis manos "Fernanda y sus mundos secretos". Entonces ya no pude parar. Devoré sus libros. Llegué a ellos hambirento de historias, desnutrido de fantasías. Intoxicado de leer acerca de tortuosos laberintos interiores repletos de vacío, orgullosos de su minúscula insustancialidad. Castañeda escribe sobre seres diferentes -sanos o enfermos-, acerca de sus dificultades para comprender y adaptarse a un mundo cuadriculado e indiferente que no los incluye.

Pero hay algo más. Tal vez le ocurra a usted lo mismo que a mí cuando lo lea. Se trata de una rara cualidad sinestésica. Leer a Castañeda es una experiencia sonora. Una percepción auditiva que entra por los ojos. Hay una cadencia de rapsoda en su manejo del lenguaje. Un ritmo sincopado y feliz que gobierna la lectura, maneja la respiración del lector, sus pausas y sus vértigos. No sé de qué se trata, pero no se lo pierda.

Afortunadamente soy un lector ingenuo. Huyo como de la peste de las lecturas eruditas, del análisis académico y de la opinión del experto. Leo como si saboreara un pastel manzanas y nueces espolvoreado con canela. Con la inteligencia en la punta de la lengua y la razón girando enloquecida en la oscuridad de mi boca. No necesito de gourmets ni de someliers. Me aburren. Me entristecen su arrogancia sin fundamento y el olor a comisario que les suda por la piel.

Hágame caso, permítase vivr la "experiencia Castañeda". Se lo digo yo, que no sé nada de nada.

Daniel Flichtentrei


P (personajes) + S (situaciones) - H (historias)

Entrevista: Ricardo Chávez Castañeda nos visitó en IntraMed. Es un hombre que escucha con un silencio cargado de interés.Tiene ojos de niño y manos de bailarín. Habla con la deliciosa musicalidad de la lengua mexicana. Es profundo y sencillo. Quiere que se lo entienda y se esfuerza por lograrlo. Ha leído con admiración a Alexander Luria y a Oliver Sacks. Planea escribir decenas de novelas. Sabe que la desmesura de su proyecto es mayor que el tiempo de la vida. Pero no le importa. Y esa insolencia con el futuro le concede la impunidad con la que la pasión vence a la muerte. ¡Escúchelo! Pero después, léalo, no deje de leerlo.

Sobre el autor: Sobre el autor Ricardo Chávez Castañeda nació en México en 1961. Es autor de novelas y cuentos. Obtuvo el Premio Latinoamericano de Cuento en 1994; el Premio Borges de Cuento en 1987; el Premio Nacional de Novela en 1994; el Premio Nacional de Novela Juvenil en 1993 y 1994; y el Premio Nacional de Cuento en 1991.


Sus libros

Fernanda y los mundos secretos
Ricardo Chávez Castañeda
Colección: A través del espejo

Síntesis
Las diez historias que componen este libro abordan otras maneras de ver, oler, sentir y moverse en el mundo. Penetrar en ellas es saber lo cerca que estamos de la diferencia.

Las historias
Lo más importante que debe saberse en este libro es que el secreto que cada niño encierra los puso a vivir a en un mundo distinto, y por eso contar sus historias es como abrir una puerta hacia esos lugares donde ellos habitan. Como es un libro de secretos, un catálogo de subjetividades que escapan a la norma, a lo “normal”, también su escritura está llena de búsquedas. Las palabras a veces ocupan el espacio del modo conocido, como párrafos y oraciones. En otras ocasiones, las frases juegan en el papel creando otros modos de leer.

En cada cuento se conoce la historia de un niño especial, un niño que afronta el mundo desde otra perspectiva y con otra sensibilidad, la que le da su enfermedad: así se presenta “la niña que no sabía olvidar”; “el niño que caminaba con un fantasma”; “la niña que sólo veía la mitad de las cosas”, “el niño a quien se le perdió una pierna”, “el niño que no siente el dolor”. Relatos poéticos inspirados en increíbles historias de salud documentadas por el neurólogo Oliver Sacks que con la pluma de Ricardo Chávez Castañeda se vuelven poesía y metáfora de la vida.

A quiénes está dirigido este libro: a jóvenes y adultos que están convencidos de que la vida está habitada por seres raros y siempre un poco inadaptados. Para lectores que valoran lo heterogéneo como motor de la vida.


Severiana
Ricardo Chávez Castañeda
Colección: A través del espejo

Síntesis
Una parábola de cómo una sociedad alienta el miedo y la intolerancia hasta llegar a la persecución de sus miembros; y del lugar que tiene la esperanza, la amistad y la imaginación, sobre todo en manos de los chicos, que encuentran en los libros un refugio, aunque no del todo seguro.

La historia
Cuando los niños comenzaron a desaparecer misteriosamente la ciudad se paralizó; escuelas y parques fueron cerrados y las reuniones quedaron prohibidas Los padres, los maestros y la policía fueron incapaces de actuar. Pero es ahí, en el punto más hondo de la tragedia de ese mundo oscurecido, donde un grupo de niños se une para enfrentar al mal que los aqueja y descubren cómo a través de la lectura y la escritura se abren puertas hacia otros territorios en los cuales es posible modificar la realidad del mundo del que supuestamente habían huido, o al menos intentar quedar a salvo de un peligro que no tiene cara ni nombre, pero que es tremendo.    Una obra para pensar y debatir cómo una sociedad genera sus grandes monstruos: el miedo, la intolerancia, la desconfianza.

A quiénes está dirigido este libro: novela para jóvenes y adultos interesados en leer un libro muy inspirador para analizar la historia reciente de muchas comunidades.


El cuaderno de las pesadillas

Ricardo Chávez Castañeda (texto); Israel Barrón (ilustraciones)
Colección: Los Especiales de A la Orilla del Viento.

Síntesis
Inquietantes, siniestros, espeluznantes: estos cuentos vuelven realidad las fantasías más aterradoras de los niños, en las que los verdugos voluntarios o no serán casi siempre los adultos o las cosas que rodean a los pequeños.

La propuesta
Quince relatos conforman este inquietante cuaderno: quince historias en las que los sueños, o mejor dicho los miedos que los habitan, cobran vida gracias a la escritura de Chávez Castañeda, miembro de la llamada Generación del Crack y quien tiene ya una importante trayectoria dentro de la literatura infantil, en paralelo con su nutrida producción para adultos. En esta obra se encuentran las pesadillas más profundas, aquéllas que nacen del temor a la muerte, al abandono de los padres o la enfermedad. Pesadillas que muchas veces se callan y que seguramente son compartidas por muchos pequeños. Así desde el primer relato el lector se sumerge en un universo onírico que cautivará a los jóvenes lectores, ofreciéndoles un reflejo de sus temores y un conjunto de narraciones extraordinarias. El volumen posee además excelentes imágenes con las que Barrón potencia la riqueza narrativa de los cuentos, presentando un mundo sobrecogedor que bien alimentará nuevas pesadillas. En afortunada simbiosis, palabras y trazos se hermanan para darle una vuelta de tuerca al espanto: estas pesadillas terminan dando gusto.

Sobre el ilustrador
Israel Barrón es mexicano (1974). Estudió Artes Plásticas (Universidad Veracruzana). Fue Mención de Honor en la Bienal de Artes Plásticas de Chiapas en 2007. Ha participado de decenas de exposiciones individuales y colectivas en distintas ciudades de México y del extranjero. Actualmente es catedrático en la Universidad Cristóbal Colón.

A quiénes está dirigido este libro: ¿Tienen pesadillas? ¿Las tuvieron? Para todos los que han tenido alguna vez algún pensamiento inquietante y han llegado a desconfiar de los objetos y los seres que los rodean este libro será genial. Ideal a partir de los 11 (y estupendo a los 40 y tantos…).


Georgia

Se dice que existen diez, doce, quince, diecisiete temas en la literatura, tantos como dedos tenemos entre pies y manos; o dicho de otro modo, no más de aquéllos que cabrían en nuestras manos humanas (lo que podemos asir, acariciar, desgarrar) y en nuestros pies humanos (aquello hacia lo que solemos tender o de lo que debemos huir). Creo que en realidad la literatura toda escribe un único tema: el amor, en su infinidad de variantes: La llegada del amor, la pérdida del amor, la búsqueda del amor, la maldición del amor, la celebración del amor, etc. Y creo también que la totalidad de los escritores, tarde o temprano, somos deslumbrados por tal revelación y entonces damos la palabra – la nuestra, esa mínima aportación- a una colosal obra que bien podríamos llamar “El libro del difícil amor humano”.

Ha llegado mi turno. Y he escrito mi palabra: Georgia, para hundirme en las preguntas trágicas: ¿Por qué se acaba el amor? ¿Por qué cuando desaparece, parte de nosotros desaparece también? ¿Cómo pudimos haberlo salvado? ¿Podría suceder que el lenguaje amoroso estuviese enfermo y las mismas palabras amorosas que nos ofrecen la dicha también nos afrentaran con la desdicha? ¿Son culpables las mismas historias de amor por transmitirnos con su código narrativo una expectativa funesta, un fatalismo “natural”, un silencioso cementerio sobre el que caminamos con paso resignado: nuestro mundo plagado de tantos amores muertos como una noche invertida que no pende sobre nuestras cabezas sino que se halla enterrada a milímetros de nuestros pies? ¿No tuvimos en realidad todos y cada uno de nosotros la capacidad de aprender a amar de otra manera – subir al cielo estrellado - y la perdimos por falta de imaginación, osadía, humildad – caer al cielo muerto del amor humano-, porque no supimos o no quisimos darle la espalda a las palabras amorosas y a todas las historias de amor que nos precedieron? ¿No es nuestro propio final del amor un legado maldito para quienes vendrán después de nosotros: una herencia como condena, como maldición? ¿No pude yo hacer algo más por mi amor, por tu amor, por nuestro difícil amor humano? ¿No podría todavía hoy hacer algo?

“Todas las historias de amor empiezan cuando se acaban” Pero ¿cuánto tiempo tarda en morir una historia de amor? Joaquín Ruy, un creador de diccionarios efímeros, ha estado enamorado cuatro años de una mujer desaparecida. La manera en que la busca es a través de los recuerdos y de una demencial certeza: la gran tragedia del amor humano está en el lenguaje amoroso. Por eso ha decidido crear un vocabulario nuevo donde ningún amor se extinga y donde él pueda recuperar a Jana, su amor, la mujer lingüista a quien él siguió hasta un territorio gélido de Canadá de donde brotaba fuego del hielo, en donde doscientos Innuits hablaban un idioma que no se asemejaba a ningún lenguaje humano y de donde los niños se habían marchado. Joaquín, sabedor de que Todas las historias de amor empiezan cuando se acaban, ha descubierto que la suya está por morir y él tiene poco tiempo para salvarla: a Jana y a la nueva manera en que los seres humanos  tendríamos que amarnos y que él ha inventado: “amora”. 

Proyecto
Desde el año 2000, pues, estoy enfocado en un ambicioso proyecto- y aclaro que la ambición no es un dato del cual enorgullecerse sino que dicho neutralmente suele referir a las hambres, locuras, y despropósitos que puede tener una persona-. ¿Mi ambicioso proyecto entonces como decir mi hambriento, loco y utópico proyecto?: la escritura de una pentalogía, es decir, la creación de una obra conformada por cinco novelas. “El libro del silencio, “El libro del secreto”, “El libro del olvido”, “El libro del vacío” y “Georgia”.

El primer libro – El libro del silencio- fue escrito en el 2002 y publicado en el 2007. El último libro – Georgia- escrito en entre 2003 y 2004, y recién publicado es lo que nos tiene hoy aquí, o al menos es lo que me tiene hoy aquí.

Como bien se imaginarán, estoy de plácemes. Feliz. Pero al mismo tiempo estoy endeudado. La mala noticia: desde el 2004 no he avanzado, no he podido avanzar.

La buena noticia: a pesar de ello, el proyecto no ha muerto. La mala noticia: muchas veces las vidas dedicadas al arte se van a pique por causa de la auto- imposición de un proyecto desproporcionado. Lo que queríamos alas para subir al cielo se nos convierte en un ancla en torno al cuello que tira de nosotros hacia el fondo.
La buena noticia: quiero hacer de esta noche de plácemes, un segundo :refrendar el pacto de vender mi alma por este proyecto llamado Riaggoé.

¿Cómo?

Compartiendo mi locura, mi hambre, mi utopía hoy con ustedes.

Geográficamente, las historias que dan forma a la pentalogía suceden casi en su totalidad en una extraña y reducida comunidad de innuits en un territorio de fríos extremos localizado en la isla de Banff (Canadá). La zona donde se erige la comunidad es una aberración de la naturaleza. Se halla asentada sobre un colosal yacimiento de carbón que se consume en un proceso de combustión lento. En un diámetro de diez kilómetros a la redonda, la nieve ha desaparecido y del suelo tibio emergen esporádicamente lenguas de fuego que están reduciendo el pueblo a cenizas y abrasando a los pobladores.

Allí coinciden los cinco personajes principales de la obra (las cinco subjetividades que dominan cada uno de los libros), todos obsesionados de una u otra manera por el lenguaje: Jana, Joaquín, Urzagali, El Enciclopedista y Rumia. Existencias que se ahogan en afanes demenciales por decodificar lenguajes herméticos, por curar idiomas que han enfermado, por restituir una identidad y un pasado colectivo y/o personal a través de la búsqueda de palabras perdidas, por identificar los nuevos vocablos y las razones que los han hecho necesarios dentro de los repertorios lingüísticos de una colectividad, por salvar el abismo que significa sacudirse los contornos de un marco conceptual vigente por crearse un nuevo modo de intelegir “la realidad” y con ello constituirse un nuevo mundo. Así, si el espacio geográfico de la novela es un territorio de condiciones atmosféricas extremas, el espacio simbólico es una “geografía” igual de extrema: el lenguaje en todas sus variantes de anormalidad.

Los libros orbitan un mismo núcleo histriónico pero narran dentro de dimensiones temporales diferentes y con distintas jerarquías anecdóticas. Por ejemplo, el libro del silencio abarca propiamente un año y el núcleo de la novela gira en torno a un silencio: lo que ha sucedido en esa comunidad esquimal para que no haya niños, los adultos sobrevivientes estén siendo consumidos por un fuego inverosímil y para que toda una comunidad humana se deje morir así, sin resistencia. Georgia por el contrario abarca ese mismo año pero también los cuatro años posteriores a la estancia de Jana y Joaquín en Riaggoé; el núcleo temático en este caso es la muerte del amor. Así, con base en una arquitectura de abanico - donde el grado de expansión cronológica y el punto específico de mira de cada libro definen una distinta coordenada anecdótica-, la obra pretende crear un espacio narrativo de múltiples planos y múltiples perspectivas donde las versiones puedan correr paralelamente sin tocarse o bien encontrar puntos de convergencia donde se complementen, se contradigan, se dupliquen y se neutralicen. En una palabra, se complejicen.

Fundamentando los puntos de convergencia anecdótica, existen esferas semánticas que unifican la novela en su dimensión conceptual: el lenguaje, la memoria, la enfermedad, el silencio y el secreto*.

De allí los títulos de los libros: “El libro del silencio”, “El libro del secreto”, “El libro del olvido” y “El libro del vacío”: libros en esencia imposibles de llevar a la escritura  y que sin embargo muestran tanto el delirio de los personajes como las esferas fronterizas que caracterizan a la pentalogía. Mi obra deja fuera la pareja obvia de los vocablos solares de cada título, sinónimos todos de una inclinación a la cordura, a la racionalidad, al refreno: el libro del silencio estaría dejando fuera a El libro del lenguaje, el libro del secreto a El libro del saber, El libro del olvido al libro de El recuerdo, y El libro del contenido a El libro del vacío.

 

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