Desrregulación metabólica e inflamatoria. ¿El eslabón perdido o ignorado? | 08 SEP 14

Depresión y enfermedades somáticas

La depresión es una alteración prevalente, por lo general crónica, que afecta la calidad de vida y el desempeño de los pacientes y puede favorecer la aparición de enfermedades somáticas como los trastornos cardiovasculares, el accidente cerebrovascular, la obesidad, la enfermedad de Alzheimer y el cáncer.
Autor/a: Dres. Penninx B, Milaneschi Y, Vogelzangs N y colaboradores Fuente: SIIC BMC Medicine 11(129) 2013

Introducción y objetivos

El trastorno depresivo mayor (TDM) es una entidad prevalente y generalmente crónica que afecta la calidad de vida y el funcionamiento de los pacientes y tiene un costo económico significativo.

Más allá de la calidad de vida y el funcionamiento, la depresión influye sobre la aparición de enfermedades somáticas como los trastornos cardiovasculares, el accidente cerebrovascular, la obesidad, la enfermedad de Alzheimer y el cáncer.

De hecho, se informó que la depresión representa una desventaja en términos del estado de salud. Por ejemplo, la depresión se asoció con un aumento de la frecuencia de tabaquismo, alcoholismo, dieta no saludable y sedentarismo.

No obstante, la morbilidad observada en presencia de depresión no se vincula únicamente con el estilo de vida, también tiene que ver con el nivel de cuidado personal y cumplimiento del tratamiento. Otro factor que contribuye a la morbilidad somática provocada por la depresión es la desregulación biológica asociada con esta entidad.

El presente estudio se llevó a cabo con el objetivo de evaluar la información disponible sobre la desregulación biológica provocada por la depresión, que puede favorecer la aparición de enfermedades somáticas.


Desregulación biológica implicada en la asociación entre la depresión y las enfermedades somáticas

De acuerdo con la información disponible, existe una asociación entre la depresión y la desregulación metabólica. A su vez, este último cuadro es un factor de riesgo para la aparición de enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer y otras enfermedades somáticas.

Algunos autores confirmaron una asociación bidireccional entre la depresión y el síndrome metabólico. No obstante, el concepto de síndrome metabólico es heterogéneo e incluye mecanismos diversos vinculados con la hipertensión, la dislipidemia y la hiperglucemia. Por este motivo existen estudios sobre la relación entre la depresión y los componentes individuales del síndrome metabólico. La asociación más sistemática tuvo lugar entre la depresión y los componentes vinculados con la obesidad.

En coincidencia, en un estudio se informó que los individuos con obesidad tienen un riesgo 1.38 veces mayor de padecer depresión en comparación con los individuos sin obesidad. Los trastornos del perfil lipídico también intervendrían junto con la obesidad en la asociación entre la depresión y el síndrome metabólico. No obstante, la obesidad abdominal generaría trastornos metabólicos múltiples responsables de perpetuar la depresión.

El tejido adiposo es activo desde el punto de vista endocrino y sintetiza citoquinas inflamatorias y hormonas que contribuyen a las respuestas vinculadas con la depresión y las enfermedades metabólicas. Por ejemplo, la inflamación estimula la liberación de lípidos en el torrente sanguíneo con el fin de aumentar la capacidad energética del huésped. Esto disminuye el nivel de colesterol asociado a lipoproteínas de alta densidad. Asimismo, la inflamación crónica asociada con la obesidad genera resistencia a la insulina.

La acción de la leptina, una hormona que contrarresta la obesidad y modula el consumo y el gasto energético, puede ser obstaculizada por los mecanismos centrales de inflamación asociados con la obesidad. Esto resulta en una resistencia central a la leptina, que también se vinculó con la depresión. Igualmente, se halló que los receptores de leptina expresados en estructuras límbicas intervienen en la modulación del estado anímico y que la leptina participa en los procesos de neurogénesis y sinaptogénesis, entre otros. Por último, el síndrome metabólico puede provocar daño cerebrovascular. A su vez, este último predispone a la aparición de depresión, en especial en las personas ancianas.

"La depresión aumenta la respuesta inflamatoria"

La depresión se asocia con una desregulación inflamatoria debida a la activación del sistema inmunitario innato. Las citoquinas proinflamatorias actúan sobre blancos periféricos y generan un incremento del nivel de proteínas de fase aguda responsables de la respuesta inflamatoria sistémica. De acuerdo con la información disponible, la depresión aumenta la respuesta inflamatoria. A su vez, el incremento del nivel de moléculas proinflamatorias favorece la aparición de enfermedades somáticas como la diabetes.

Según los resultados de diferentes estudios, existe una asociación entre la depresión y el aumento del nivel de marcadores inflamatorios como el factor de necrosis tumoral (TNF) alfa y la interleuquina (IL) 6. Ambos agentes estrían incrementados en los pacientes con trastorno depresivo mayor que no recibieron tratamiento farmacológico. El aumento del nivel de inflamación en individuos depresivos podría indicar la complementariedad entre la desregulación inmunitaria y metabólica. También se sugirió que la depresión y la inflamación tienen una relación bidireccional.

Las citoquinas periféricas pueden cruzar la barrera hematoencefálica e ingresar en el sistema nervioso central. Además, existen mecanismos de acción indirectos como la activación de la microglía y la difusión a nivel de los plexos coroideos. La microglía activada emplea la IL 6 y el TNF alfa como señales antineurogénicas que también actúan sobre estructuras implicadas en la regulación de las emociones y la depresión.

Las citoquinas proinflamatorias inducen la indolamina-2,3-dioxigenasa, enzima que cataliza la síntesis de kinurenina a partir del triptófano proveniente de la dieta. La depleción de triptófano resultante de dicha síntesis contribuye a la sintomatología depresiva al disminuir el nivel de serotonina y melatonina.

Además, la acción de la indolamina-2,3-dioxigenasa aumenta la producción de catabolitos del triptófano, como el ácido quinolínico, un agonista de los receptores N-metil-D-aspartato que puede afectar la neurotransmisión glutamatérgica y generar daño y apoptosis neuronal. Dichos mecanismos contribuyen a la aparición de síntomas depresivos.

En cuanto a la asociación entre el tejido adiposo, la regulación metabólica y la inflamación, la sobrecarga nutricional genera hipertrofia de los adipocitos. Estas células secretan proteínas quimioatractantes que reclutan células inflamatorias como los macrófagos, con la consiguiente perpetuación de la inflamación. La depresión también favorece el aumento ponderal debido al sedentarismo y a la dieta no saludable. Ambos factores incrementan la inflamación y refuerzan la depresión.

"La depresión se asocia con la activación predominante del sistema nervioso simpático"

El estrés agudo activa el sistema nervioso simpático e incrementa el nivel de catecolaminas. Esto puede observarse en pacientes con depresión. La evaluación de la variabilidad de la frecuencia cardíaca permite valorar la desregulación autonómica. Según los datos disponibles, la depresión se asocia con la activación predominante del sistema nervioso simpático.

 

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