"La verdad y otras mentiras" | 07 ENE 13

Noticias de papá

Acerca de lo que la jerga médica no puede nombrar
Fuente: IntraMed 

Hola Doctor:
 
No se enoje, no quería molestarlo. Pero no sé con quién hablar de estas cosas. Usted siempre me ha escuchado y lo que pueda decirme me va a ayudar a comprender. Le escribo para contarle que hemos pasado un mes terrible. Mi papá tuvo una neumonía y hubo que internarlo. Terminamos en un  sanatorio de su obra social. A pesar de nuestros temores, allí lo atendieron muy bien. Aunque su estado empeoró mucho durante esos días. Se agravó su demencia y estuvo muy excitado. Como trató de escaparse en varias oportunidades lo ataron a la cama. Así estuvo las dos semanas que duró la internación. También se arrancó la sonda urinaria, se lastimó y orinaba sangre por lo que le practicaron un sondaje permanente. No podía tragar y el alimento se le iba a los pulmones. Le pusieron otra sonda en el estómago. Su estado decayó como nunca antes. Los médicos insistían en hacerle cada día una cosa nueva pero papá estava cada vez peor. A veces alguno de ellos me daba un informe del que yo apenas entendía algo. No les gustaba que les hiciera preguntas. Estaban apurados. Me di cuenta de que si yo lloraba ellos se apuraban todavía más. Así que aprendí a aguantarme para que se quedaran un ratito más hablándome de él. Perdone, para usted será una tontería, pero verlo así, atado a la cama, agitado y delirando. ¡Ay doctor!, a veces me parecía que era un animal y me sentía tan culpable. Era indigno. No era él, no podía ser el mismo hombre  que me enseñó a andar en bicicleta en la plaza o el que me contaba cuentos antes de irme a dormir. No doctor, no podía ser él.
 
Tuvimos que llevarlo en un instituto para enfermos crónicos. Ya no podíamos manejarlo en casa. Le juro doctor que era imposible. Fueron semanas muy tristes, llenas de angustia. Usted sabe lo que significa un padre para sus hijos. La vejez es cruel y despiadada. Es terrible. No puedo creer que mi papá diga cosas absurdas y sin sentido. O que permanezca toda la noche conectado a un respirador. El ruido es horrible. Cuando lo despiertan no nos reconoce. Ya no podemos mantener esas charlas que teníamos antes de la neumonía. Yo lo sentaba frente a la ventana y nos pasábamos horas contándonos las mismas historias que ya sabíamos de memoria. A veces él se perdía un poco. Se quedaba callado durante unos minutos. Yo lo esperaba. Lo peinaba y le ponía perfume detrás de las orejas. Después la conversación seguía como si nada hubiese sucedido. Nunca me animé a preguntarle hacia dónde se iba durante ese tiempo. Pero ahora doctor, ni siquiera eso nos queda.
 
Por favor doctor, dígame, ¿dónde está ahora mi papá en el cuerpo de este hombre? Me mira, busca alguna señal que le diga quién soy. Se queda con los ojos clavados en mi cara. Estira la mano y me toca la nariz y la frente. Me busca doctor. Pero no me encuentra. Toca las lágrimas que me caen hasta la boca. Entonces saca la mano como si le quemaran. Se encierra en un silencio impenetrable. Se esconde de mí como de una extraña. Se asusta si lo acaricio. Se tapa la cabeza con los brazos como si creyera que le voy a hacer daño. ¿En qué mundo está mi papá doctor? Necesito verlo, hablarle, despedirme. ¿Será posible? Tengo cosas para decirle. Tengo preguntas que hacerle. Cuentas entre él y yo que no han sido saldadas. Perdones que todavía no le he pedido. Por favor, haga algo doctor. Devuélvamelo. Aunque sea por un momento. Tiene que sacarlo del pozo donde se ha hundido para que podamos hablarnos por última vez. No sé qué hacer. ¿Qué es esto que no es la muerte pero que me lo quita como si lo fuera? ¿Quién es ese hombre que parece mi viejo pero para quien yo no soy nada? Usted sabe lo que yo ignoro. Tiene que explicármelo. Tiene que encontrar una forma de hacerlo razonable. Perdón por contarle estas cosas doctor. No conozco a nadie más que pueda escucharme.
 
Un beso,
Diana


 
Hola Diana:

 

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