Paleoantropologia de la gestualidad | 15 MAY 12

El rostro humano

El rostro humano es algo único en el reino animal. No porque seamos hermosos, ya que la belleza es algo subjetivo, sino porque tiene tantas características no vistas en otros animales que lo vuelven único.

La forma actual de nuestro rostro es el resultado del camino evolutivo general que guió al género humano desde hace dos millones de años para convertirlo en el animal social por excelencia.

Por Martin Cagliani

La cara es lo primero que vemos en otra persona, ese conjunto de facciones nos otorga individualidad e identidad. Tan importante es el rostro en el ser humano que existe una región especial del cerebro destinada a reconocerlos, que si resulta dañada incluso puede impedir que podamos reconocer a nuestros propios padres. Pero lo más interesante, para nuestro universo social, es la cara en movimiento, los gestos, las expresiones que nos ayudan a comunicarnos con los demás.

MIRAME QUE SI NO ME ENOJO

Si chocamos a una persona caminando, alcanza con una rápida mirada a su rostro y ver que nos sonríe en respuesta a nuestra sonrisa de disculpa. Fue cuestión de un segundo, no hizo falta decir nada. En cambio, dentro de un coche, no vemos esa señal de disculpa, por lo que terminamos acordándonos de algún pariente del otro. Así notamos cómo las expresiones son un mecanismo social como tantos otros que regulan las relaciones dentro de un grupo.

No somos el único animal que tiene y distingue expresiones, pero sí somos el que más las utiliza. Tenemos la capacidad para crear hasta siete mil diferentes. Esto se lo debemos a la gran cantidad de músculos faciales, que son entre 38 y 44, dependiendo de si contamos o no algunos que nacen más allá del rostro. Pero los que toman parte de las expresiones son los subcutáneos, que a diferencia de la mayoría de los músculos del resto del cuerpo, no están unidos a hueso alguno. Así es que pueden flotar sobre la parte ósea del rostro y así ganan esa movilidad y velocidad que los caracteriza.

En la mayoría de los mamíferos, incluidos algunos primates como los lémures, casi no existen expresiones en el rostro, a pesar de ser animales sociales. Sin embargo, sí pueden aprender a leer las nuestras. Pasa con los perros, que logran interpretarnos, y también con otros primates e incluso se ha llegado a documentar en las abejas. Pero los más cercanos a nosotros respecto de la expresividad del rostro son nuestros parientes evolutivos más cercanos, los chimpancés. Que seamos tan parecidos también en este aspecto permite a los expertos ubicar los inicios de este tipo de comunicación social al menos en tiempos del antepasado común entre los humanos actuales y los chimpancés, que vivió hace unos seis o siete millones de años.

MENTIME QUE ME GUSTA

Una vez más, fue Charles Darwin quien innovó en este tema. En 1872 publicó su libro Las expresiones de las emociones en el hombre y los animales, en el cual dice que nuestras expresiones son el resultado de la selección natural, es decir que evolucionaron a partir de expresiones similares en nuestros antepasados. Las expresiones, entonces, son innatas, no son algo que aprendemos dentro de nuestra cultura, sino que ya vienen impresas en nuestro código genético.

 

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