Dr. Rubén Mayer | 02 MAR 12

Cantidad, calidad, ingreso y desigualdad entre los Médicos

Reflexiones acerca de una profesión en crisis.
Autor/a: Dr. Rubén Mayer Fuente: IntraMed 

La cantidad de Médicos

Suele decirse y repetirse con bastante frecuencia que “en Argentina somos demasiados médicos”; que deberíamos ser menos y que además esta reducción ayudaría a resolver algunos de nuestros padecimientos laborales y fundamentalmente económicos. Como con otras afirmaciones consagradas  esta también merece abrir un paréntesis de duda e intentar una reflexión actualizada.

Pensé e imaginé en este sentido qué pasaría en los lugares donde trabajo si fuésemos, la mitad de los que somos actualmente. ¿Cuánta demora a la ya existente habría que agregar para que un paciente obtenga un turno con un médico o para volver con los resultados de los estudios solicitados?; ¿Cuánto para un turno de un estudio o una intervención?; ¿Cuánto tiempo deberían esperar para ser atendidos en una sala de guardia?, etc. 

Entre los tantos cambios que experimentó la medicina -en especial la medicina ambulatoria- en las últimas décadas no se puede ignorar el hecho comprobado cotidianamente de que hoy la gente consulta por muchos más  motivos y muy diferentes a los de décadas atrás en los que había que estar o sentirse bastante mal para ir al médico. Pensemos sólo en la demanda que arrastra el “fenómeno de la prevención”. Lo que se observa  a diario es que las salas de guardia quedan chicas, faltan camas de internación y se necesita ampliar la oferta horaria de consultorios. La ansiedad, los miedos y las “urgencias” hoy instaladas y estimuladas en la sociedad parecen casi imposibles de ser controladas  para atenuar la cantidad de consultas que generan o para persuadir a los pacientes de que no existe la premura que ellos perciben detrás de sus síntomas.

Tal vez seamos muchos, puede ser, pero seguramente los cálculos que se hacían décadas atrás para determinar la cantidad de médicos por habitantes sin duda deberían actualizarse a los tiempos que corren.

Es cuestionable también la visión generalmente compartida de que esta supuesta abundancia de médicos es la causa, o al menos la causa fundamental, de la baja remuneración de los médicos (de algunos médicos). Lo que se lleva la parte más importante de los gastos en salud puede explicarse principalmente por la exorbitante cantidad de estudios diagnósticos solicitados (muchos innecesarios), el crecimiento del número de intervenciones realizadas (muchas innecesarias) y el uso descontrolado de fármacos (muchos innecesarios).

En la parte que nos toca son funcionales a esa pérdida de la racionalidad en el manejo de los pacientes tres rasgos predominantes de la práctica médica actual:

  1. La declinación de las habilidades clínicas
  2. La pérdida gradual del convencimiento acerca del sentido del acto médico.
  3. La brevedad de la consulta.

Los médicos que quedan atrapados en este esquema tarde o temprano responden a esta situación con un comportamiento compensatorio maladaptativo abusando de estudios diagnósticos, fármacos e intervenciones todo lo cual  perpetúa este statu quo de pauperización de la consulta del que son víctimas y también en parte sus propios victimarios.

Frente a este panorama el valor de la consulta termina siendo la principal variable de ajuste para los sistemas de salud simplemente porque es  casi la única y las más fácil que estas organizaciones pueden controlar ya que las otras (estudios, fármacos, intervenciones) no hay manera de detenerlas, por distintos factores y presiones. Aumentar la cuota de los socios o el aporte de los afiliados es el otro resorte al que suelen echar mano para responder a los aumentos incesantes de los gastos en salud provocados por aquellos tres elementos.

Un tema no menor sobre el que quisiera fijar posición porque siempre se filtra en este tipo de discusiones, cualquiera sea el ámbito laboral de que se trate, es la complicación que agregaría a estas cuestiones la incorporación al mercado laboral de los médicos inmigrantes de países vecinos. Culparlos, tomarlos como chivos expiatorios de nuestros males estructurales figura en los manuales de los pensamientos más reaccionarios y xenófobos. Los trabajos que realizan y la paga miserable que muchas veces reciben por ellos con seguridad serían descartados por los médicos locales. Dejémoslos pues afuera de estos problemas. 

 Más complejo todavía y fuera del alcance de este análisis es el problema de la distribución de médicos que esencialmente debiera resultar de un programa nacional que dé respuesta a necesidades regionales específicas y no  que dependa de los proyectos personales de cada médico individualmente sin ningún tipo de criterio ni respaldo, y a cuenta y riesgo de cada uno. Un programa de estas características requiere de una planificación y una organización muy necesarias pero del que nos encontramos lamentablemente muy lejos.

La desigualdad entre los médicos

En esta estructura económica de capitalismo médico en la cual una “Medicina Basada en lo Justo y Necesario” al parecer no es redituable o no alcanza a satisfacer las expectativas de lucro de muchos profesionales, definitivamente no todos los médicos se encuentran en la misma situación. Dentro esta estructura es fácil distinguir diferentes clases sociales de médicos con marcadas diferencias según sus ingresos. La combinación descripta previamente es muy redituable para algunos y perjudicial para otros y, a fin de mes, cada uno sabe muy bien de qué lado del colador está: del lado del arroz o del agua.

Generalizando  con fines prácticos es evidente que el ingreso promedio de los médicos clínicos-asistenciales es muchísimo más bajo que el de aquellos que realizan intervenciones o estudios diagnósticos. Diferencias que en muchos casos son irritantes y que en buena parte explica porque al término de la residencia la mayoría esquiva la elección de una orientación clínica a favor del diagnóstico por imágenes o el intervencionismo. Una de las respuestas que algunos médicos utilizan para compensar la baja remuneración derivada de su trabajo asistencial es encontrar alguna forma de vínculo con la industria farmacéutica para redondear un ingreso mensual más elevado. Sin embargo, en más de una ocasión, esta práctica llega a poner en riesgo la naturaleza misma del acto médico.

Aún dentro de los médicos clínico-asistenciales el ingreso varía bastante según  realicen o no prácticas relacionadas, y también según las especialidades, ya que la cantidad de pacientes que por ahora razonablemente puede ver un médico de familia, un clínico o un cardiólogo es sustancialmente menor a los de un endocrinólogo o un dermatólogo y por lo tanto sus ingresos.

 

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